Malvinas, símbolo y causa democrática, soberana y popular

Por Carlos Castagneto. El diputado nacional del FpV reivindica el “giro de 180° que a su juicio dieron en la materia los Kirchner y desliza una crítica al Gobierno actual.

Malvinas, es una causa y una herida sellada a fuego en la conciencia nacional que se ha convertido también en una causa Americana. Su reivindicación debe ser parte medular de un proyecto de país democrático, soberano y popular.

A la salida de la dictadura, la guerra de Malvinas fue ocultada bajo la alfombra por la sociedad. Ella era un espejo en que nadie quería mirarse. Pocos pasaron con dignidad esta dura prueba de la historia. Y a todos ellos podemos sintetizarlos en el cartel que las madres llevaron ese abril de 1982 a la Plaza de Mayo: las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también. Desde 1982 se fueron dando diferentes políticas que tuvieron dispares resultados: primeramente la política de “desmalvinización” durante la primera etapa de la democracia, luego la “seducción” que se desarrolló hasta el 2003 que concluyó en la instalación de una base operativa de la OTAN en el archipiélago usurpado y a partir de allí la depredación de nuestros recursos ictícolas e hidrocarburíferos.

A partir de 2003, con la llegada de Néstor y Cristina, hubo un giro de 180° respecto a nuestro reclamo soberano que trascendió las declaraciones en los foros internacionales. Porque solamente son exitosas las políticas exteriores soberanas de un país cuando son persistentes en el tiempo y están ancladas en los intereses nacionales. Así, se constituyen en políticas públicas que trascienden las concepciones partidarias y se convierten realmente en interés del Estado y de la Nación.

Ese giro se dio en todos los niveles posibles: A nivel estatal, se elevóde categoría la Dirección General de la Cancillería que se ocupaba de todos los asuntos atinentes a las Malvinas, la Antártida y las islas del Atlántico Sur al rango de Secretaria de Estado. Se los reconoció a los ex – combatientes, sobre todo en el festejo del Bicentenario, donde se les dio el título de héroes de la Patria por defender el suelo soberano. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner solicitó a la Cruz Roja Internacional y al Equipo Argentino de Antropología Forense su colaboración para identificar los restos de los 123 soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin en Malvinas. Se posibilitó, desde el Estado, el viaje de los familiares a las Islas Malvinas. Se creó y revitalizó la Comisión Nacional de ex combatientes que atiende todos los reclamos del sector. Finalmente, se le reconocieron a los combatientes los derechos de atención médica gratuita a través del PAMI; otorgamiento y mejora de pensiones honoríficas. El reclamo por la soberanía nacional en el archipiélago no fue sólo un discurso en algunos foros internacionales. En este sentido los presidentes Néstor Kirchner como Cristina Fernández de Kirchner reclamaron el cumplimiento de la Resolución de la ONU 2065 que convoca al diálogo entre el Reino Unido de Gran Bretaña y la Argentina por la Cuestión Malvinas. Cristina fue, en 2012, la primera mandataria en participar activamente en el Comité de Descolonización de la ONU, donde denunció la creciente militarización nuclear en el Atlántico Sur por parte del Reino Unido. El reclamo de la Causa Malvinas logró el acompañamiento de todos los países de Suramérica en la UNASUR, de todos los países de Latinoamérica nucleados en la CELAC (donde incluso todavía hay dependencias del Reino Unido donde la Reina sigue siendo la Jefa de Estado), también contó con el apoyo de la Unión Africana, del club de las potencias emergentes BRICS y del grupo G-77 + China (que agrupa 134 países del mundo). Existen hoy en el mundo más de 90 grupos de apoyo solidario en más de 80 países. La Causa Malvinas también tiene un componente en nuestra búsqueda por la Memoria, la Verdad y la Justicia. En este sentido, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió la desclasificación del Informe Rattenbach que desnuda el uso de la Causa Malvinas para perpetuarse en el poder por parte de la Dictadura Cívico- Militar, los tormentos de los que fueron víctimas los combatientes por parte de sus propios jefes y la grave ineptitud profesional demostrada por los altos mandos.

El resultado de toda esta política activa y persistente fue la aprobación por parte de las ONU (particularmente de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental, organismo dependiente de la Convención del Mar de la ONU) de la propuesta realizada por el país en abril de 2009 y que agrega 1.700.000 kilómetros cuadrados a la plataforma marina aumentando un 35% nuestro jurisdicción marítima y un 48% la superficie terrestre del país.

Obviamente, si queremos seguir en esta senda y lograr el objetivo de entablar la mesa de diálogo entre la Argentina y el Reino Unido, no es un buen camino sostener como lo hizo alguna vez el actual presidente que “Las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina”, tomar livianamente el reclamo durante una reunión con el gobierno británico o ser el primer presidente desde la vuelta de la democracia que no participa en un acto del 2 de abril. Estos son signos preocupantes que rechazamos llamando al gobierno a retomar la Declaración de Ushuaia del 25 de febrero de 2012, en la que ambas Cámaras de este Honorable Congreso de la Nación ratificaron conjuntamente la Causa Malvinas como una política de Estado.

Este 2 de abril los argentinos debemos recordar Malvinas, a los jóvenes soldados que dieron su vida, y por los combatientes que todos los días nos demuestran su entrega por nuestra soberanía, no por un pedazo de tierra brumosa, sino por esa posibilidad latente de un país que valga la pena ser vivido y defendido en tanto síntesis colectiva de la identidad y los intereses de las mayorías populares.

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