La realidad es más unitarios y menos federales

Por Juan Carlos Tomasetti. En torno a la evolución de los fondos por Coparticipación Federal que recibieron la Ciudad de Buenos Aires parece valiosa y aplicable a la realidad las enseñanzas de papa Francisco.

Respecto de la afirmación del título, ya en anteriores comentarios expusimos sobre las distribuciones geográficas relativas, de los gastos del Sector Público Nacional y de los aportes de Tesoro en los últimos 25 años; sobre la evolución de los fondos por Coparticipación Federal que recibieron la Ciudad de Buenos Aires y cada una de las provincias; también respecto de la integración de la Cámara de Diputados de la Nación y su correlación no actualizada a los habitantes de la CABA y de cada una de las provincias. Por último un tema puntual respecto del financiamiento por el Tesoro nacional de la restauración de la exconfitería el Molino.

Intentando continuar con nuestras reflexiones respecto a que somos cada vez más unitarios y menos federales, nos parece muy valiosa y aplicable a la realidad de la Ciudad de Buenos Aires, nuestra Capital Federal, las enseñanzas que en el Capítulo Cuarto de la Carta Encíclica “Laudato Sí”, “Alabado seas mi Señor”, que sobre el cuidado de la Casa Común nos hace el sumo pontífice Francisco, muy conocedor de la ciudad de Buenos Aires.

A continuación transcribimos textualmente sus enseñanzas: “Debido a la cantidad y variedad de elementos a tener en cuenta a la hora de determinar el impacto ambiental de un emprendimiento concreto, se vuelve indispensable dar a los investigadores un lugar preponderante y facilitar su interacción, con amplia libertad académica”.

En el Capítulo I (punto44) nos enseña: “Hoy advertimos por ejemplo, el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones toxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica” .

Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso. Hay barrios que aunque hayan sido construidos recientemente, están congestionados y desordenados, sin espacios verdes suficientes. No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrios y metales, privados de contactos físicos con la naturaleza. Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente.

Para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas.

A la vez, en nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo y en nuestro barrio usamos el ambiente para expresar nuestra identidad.

Nos esforzamos para adaptarnos al medio y, cuando un ambiente es desordenado, caótico o cargado de contaminación visual y acústica, el exceso de estímulo nos desafía a intentar configurar una identidad integrada y feliz.

La sensación de asfixia producida por las aglomeraciones en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta… si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas (muy difícil de encontrar en el individualismo -agravado por el celularismo- de la Ciudad de Buenos Aires, y por las actuales relaciones, padres, hijos, a partir de la absoluta totalidad de horarios corridos en las actividades).

Continua el papa Francisco: “Es importante que las diferentes partes de una ciudad estén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión conjunta, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás.

La calidad de vida en las ciudades tiene mucho que ver con el transporte que suele ser causa de muchos sufrimiento con los habitantes.

Así nosotros construimos una gran ciudad central, a costa del resto geográfico del país.-Cuando recordamos que durante la década del ochenta, la legislación en materia de urbanización y construcción de nuevos edificios, contemplaba un ordenamiento en espacios verdes, ubicaciones, dimensiones y alturas máxima de los edificios, etc. todo lo cual fue modificado de manera abierta y hasta descontrolada, a partir de la década del 90 y hasta la actualidad, donde el factor económico primó absolutamente sobre aspectos sociales, y de calidad de vida. El unitarismo primó sobre el federalismo, y con ausencia de una urbanización adecuada.

Recordemos que el entonces presidente Alfonsín luchó con fuerza y fundamentos por una acción que muchos calificaron de “quijotesca” para trasladar la Capital Federal al interior del país, Otra sería la dimensión urbana y la calidad de vida de la Ciudad de Buenos Aires, si se hubiera cumplido lo propuesto por Alfonsín.

Justo también, es recordar que el expresidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez volvió a plantear el tema, en saco roto.

Como ciudadano del interior, de manera pausada, observo los antiguos edificios históricos, tapados por gigantescas construcciones, en muchos barrios alterando reglas urbanas básicas, y suprimiendo la eficiencia en la prestación de los servicios públicos. Se eliminaron plantas de todas las especies y antigüedad y podríamos seguir dando ejemplos respecto de las pérdidas de calidad de vida de sus habitantes y visitantes.

Las acciones del Gobierno de la Ciudad fueron y son muchas, pero no alcanzan, para resolver los problemas de calidad de vida y sociales, de los argentinos que viven o de la decena de millones que transitan por la Capital Federal.

Recordemos que la Ciudad de Buenos Aires es el tercer distrito electoral, de acuerdo a la cantidad de habitantes domiciliados en la misma.

Más “vale tarde que nunca”, la frase del filósofo griego Diógenes de Sinope, hoy tiene plena vigencia para reflexionar sobre el “ futuro “ de nuestra Capital Federal, pero fundamentalmente sobre el verdadero federalismo como lo establece la Constitución Nacional, y también por la calidad de vida de quienes habitamos la Ciudad de Buenos Aires.

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