¿Qué hacemos con las PASO?

Por María Page. En momentos en que se debate la eventualidad de introducir modificaciones en las elecciones primarias, la coordinadora del Programa Instituciones Políticas de CIPPEC analiza el tema.

Las PASO son, como la birome, un invento argentino: ningún otro país obliga a partidos y electores a concurrir a la selección de candidatos. En efecto, nuestras PASO son primarias porque definen las candidaturas a cargos electivos nacionales. Son abiertas porque todos los electores del padrón nacional tienen un voto por categoría y pueden participar en la primaria de cualquier agrupación (sin importar si están afiliados ni a qué partido). Son simultáneas porque las primarias de todos los competidores ocurren el mismo día. Son obligatorias porque todos los partidos que quieran competir en la elección general deben participar, aún si presentan una lista única, y porque también son compulsivas para los electores.

Este mecanismo tan particular fue adoptado en 2009 con el doble objetivo de ordenar una oferta electoral demasiado voluminosa, y fomentar la democratización de los partidos a través de la competencia interna. ¿Qué tan efectivas fueron hasta ahora?

En términos del comportamiento de los partidos, apenas estamos empezando a ver los efectos. En 2011 prácticamente no hubo competencia pero sí se redujo el volumen de la oferta por el umbral electoral. En 2013 vimos algo más de competencia y todavía menos competidores. En 2015 hubo competencia en cargos y distritos más relevantes, y las PASO facilitaron la conformación de una coalición opositora que terminó ganando la elección presidencial.

En cuanto a la aceptación por parte de los ciudadanos, la participación promedio en las PASO (75,5%) ha sido similar a la de las elecciones generales (78,2%). Además, encuestas realizadas en el conurbano muestran que el 75% de los votantes está de acuerdo con el sistema. Aún más interesante, algunos resultados electorales sugieren un uso muy sofisticado de las PASO por parte de los votantes. Un ejemplo: en las últimas elecciones nacionales los votantes que participaron en primarias de fuerzas opositoras reorientaron su voto en las generales para llevar al candidato opositor con más posibilidades al balotaje.

¿Qué puede pasar si se quita la obligación a los electores? Miremos el caso de Uruguay, donde las internas simultáneas son obligatorias para los partidos pero no para los electores. Allí la participación en primarias (38% en 2014) es muy inferior a la de las generales (que ronda el 90%). Además, después de 15 años de usar ese mecanismo – Argentina lleva apenas cuatro años -, estudios muestran que los electores más propensos a participar son los más educados, los que simpatizan con los partidos, y los que tienen posiciones ideológicas más extremas. Esto sugiere que cuando las primarias son abiertas y optativas la definición de las candidaturas queda en manos de un grupo de votantes que no son los afiliados de los partidos ni tampoco se parecen al votante promedio.

A la luz de estos datos y del desempeño que las PASO han tenido en su breve historia, la pregunta más relevante en términos de política pública no refiere a la obligatoriedad sino a los ajustes que podrían hacerse para que las PASO generen más competencia interna, faciliten la agregación de intereses y permitan la presentación de opciones más claras para el elector.

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