La sobreexposición kirchnerista jugó a favor del Gobierno

Por José Angel Di Mauro. Más allá de algunos brotes verdes que esta semana el gobierno trató de exhibir, el insistente canto “vamos a volver” de las últimas movilizaciones jugó a favor de la polarización buscada por el gobierno.

Curados en salud, hace rato que en el gobierno decidieron dejar de hacer estimaciones temporarias respecto de la recuperación económica. Ya bastante tuvieron con el retrasado segundo semestre, sobre todo desde que cobraron conciencia de que no habrá un repunte pronunciado, sino un “despegue suave” y sectorial.

Así y todo, en despachos oficiales se percibía esta última semana un aire más respirable que en los tiempos recientes, cuando el pesimismo comenzó a hacerse fuerte en el seno del oficialismo. La sensación de haber tocado fondo e iniciado el rebote -por moderado que sea- se advertía ahora en esos ámbitos, alentados por encuestas de opinión que sirvieron para insuflar expectativas positivas después de semanas de pendiente.

No es que la situación se haya revertido; pero en el gobierno se conforman con haber dejado de caer, y eso es lo que revelan las encuestas. El asedio vivido por el gobierno las últimas semanas, con una sucesión de marchas a partir del persistente accionar de piqueteros en la Ciudad, más grandes movilizaciones que tuvieron un marcado tinte kirchnerista, generaron una sensación de rechazo en una parte de la sociedad que lo vivió como un revulsivo. La sobreexposición que tuvo el kirchnerismo en esas manifestaciones generó un efecto de contención en el votante desencantado de Cambiemos. “Se frenó la caída”, sintetizó ante este medio un funcionario a partir de lo observado en las encuestas.

La serie de manifestaciones tuvo su punto culminante en Plaza de Mayo el 24 de marzo, con la grotesca exhibición de helicópteros vendidos como souvenirs; más las insólitas arengas de Hebe de Bonafini, el puchimbol con la cara de Macri, y la reivindicación pública de las organizaciones armadas, fueron un combo demasiado potente, que sucedió a la marcha docente de esa misma semana, en la que también abundaron las referencias a helicópteros. Un recorrido iniciado el 7 de marzo con el acto de la CGT que terminó en escándalo, con el kirchnerismo y la izquierda repudiando al triunvirato de conducción. Todas estas escenas y el canto de guerra “vamos a volver”, le dieron al oficialismo una vida más para ilusionarse de cara a las elecciones de medio término.

La búsqueda de una polarización marcada que invisibilice al resto fue siempre el deseo central del ala preponderante en el gobierno, que sumó también para esa causa las novedades en Venezuela, el espejo hacia el que avanzaba la Argentina de los Kirchner, tal la referencia que agita Cambiemos cada vez que puede. El virtual “autogolpe” dado por el régimen chavista puso a ese país en el peor de los mundos, al punto tal que debieron volver sobre sus pasos. La moderada reacción inicial del gobierno generó rispideces con los socios radicales y de la Coalición Cívica, aunque con el avance de las horas el Presidente y Susana Malcorra adoptaron una actitud más firme, convocando de urgencia a Buenos Aires a los cancilleres de los miembros del Mercosur.

El jefe del interbloque de Cambiemos en Diputados, Mario Negri, reclamó a su gobierno “liderar la lucha internacional para que se restituyan las libertades y el orden democrático” en ese país. No es un buen momento para el liderazgo de los presidentes de la región, donde a la inestabilidad institucional se sumó ahora Paraguay, con manifestantes tomando el Congreso y quemando el edificio. No está bien Michelle Bachelet en Chile, ni qué decir de Michel Temer en Brasil, de ahí que desde el interior del macrismo vuelvan a enarbolar la hipótesis duranbarbista de que Mauricio Macri es el líder más ponderado de la región. Un razonamiento ya no tan fácil de sostener.

El kirchnerismo reaccionó ante la crisis en Venezuela fiel a su estilo para casos en los que la expresidenta no se pronuncia ni siquiera por Twitter: con el silencio. Se vio en el Congreso, donde todos los bloques se expresaron de manera crítica… menos el de diputados del FpV -y sus “primos” del Peronismo para la Victoria-, que optaron por callar. Aunque la idea que impera allí ya fue esbozada por el diputado Edgardo Depetri, quien sostuvo que “el golpe en Venezuela no lo dio Maduro”, sino que “fue la propia Asamblea Nacional la que hace dos meses declaró el abandono del cargo para el presidente”. Ergo, la responsabilidad de lo que allí pasa es de los legisladores de la oposición.

La izquierda en cambio tiene un razonamiento equidistante: ve a los militares detrás de los sucesos en Venezuela y advierte que luego irán directamente por Maduro.

En este contexto el consultor Jorge Giacobbe esboza números que alimentan la ilusión oficial: “El 48 por ciento de los electores quiere que Cambiemos gane y el 33 por ciento quiere que pierda”, señaló esta semana. Agregó que, si bien sufrió una baja marcada, “Mauricio Macri tiene un 45% de imagen positiva y Cristina Kirchner un 65% de imagen negativa y un 35% de imagen positiva”. Con todo, hay quienes alertan que la expresidenta ha comenzado a perforar su techo, pero por ahora eso no perturba a los operadores de Cambiemos. Más lo hace la posibilidad de que, como sugirió Axel Kicillof los últimos días, ella no compita.

Como escala previa al paro nacional del jueves, una semana antes se desarrolló la marcha de las dos CTA, última protesta en Plaza de Mayo de las cinco contra el gobierno en los últimos tiempos. El tono allí fue el mismo ya consignado en las otras: muy kirchnerista. Pese a la participación de Pablo Micheli, que se permitió criticar también en ese espacio al gobierno anterior. Con todo, fue el que anticipó que estarán en la calle “todos los días, hasta que se caiga este modelo económico”. En este caso, el kirchnerista Hugo Yasky se cuidó de aclarar que exigirán “que el mandato presidencial de este gobierno se cumpla hasta el último día”, pero el título ya lo había dado su ahora socio, otrora rival.

Para completar el marco, en el palco estuvo Roberto Baradel, el líder de Suteba que irá por la conducción de la CTA unificada si le va bien en las elecciones de su gremio. Mientras tanto mantiene su pulseada con María Eugenia Vidal, que ha tomado este contrapunto como bisagra para su gobierno. Corre a los gremios con temas como el fuerte ausentismo docente y gana por puntos al resistirse los sindicalistas a discutir el tema. Ahora sumó datos tales como que 5.591 alumnos dejaron en el mes de marzo la escuela pública bonaerense para pasarse a la privada. Fuentes bonaerenses aseguran que los paros siguen perdiendo fuerza y esperan que eso se note más a partir de que los maestros perciban esta semana sus haberes con el descuento correspondiente.

Con todo, la decisión oficial es -contra lo que esperaban los gremios- no cerrar la negociación unilateralmente y dar el aumento por decreto. Es lo que esperaban los sindicatos, pero el gobierno sabe que esa decisión no hace más que garantizar la perdurabilidad del conflicto. Dos veces Daniel Scioli cerró la paritaria de esa forma, sin poner fin al problema y teniendo que, meses después, dar más plata. En estas condiciones, mientras no hay arreglo los docentes siguen sin cobrar ningún aumento y esa es una presión extra para los gremios. Habrá que ver si el gobierno también puede soportar la presión de un conflicto permanente.

Tan central como la resolución de ese conflicto es para el gobierno que los brotes verdes comiencen a percibirse. Por eso salió el ministro Francisco Cabrera esta semana a difundir una decena de indicadores que estarían mostrando signos de recuperación. Entre ellos, la confirmación de que en enero el empleo registrado creció por sexto mes consecutivo; un crecimiento de un 0,6% de la economía en el segundo semestre de 2016, y un aumento del 9,3% de las exportaciones.

Contra estos datos, se conocieron luego otros negativos, como que la industria cayó en febrero 6% y la construcción un 3,4 en el mismo mes. Fue también cuando el incipiente repunte del consumo fue frenado por Precios Transparentes, que derrumbó las ventas con tarjetas. Esta semana ese programa fue puesto en el freezer. “En marzo los datos vuelven a ser positivos, el trimestre va a ser bueno”, garantizó un funcionario tratando de no perder el recuperado optimismo.

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