Terragno distinguido en París

El político argentino fue reconocido con el Doctorado Honoris Causa por su labor en apoyo a la educación de calidad y presentó un plan de medidas para llevar adelante en la UNESCO.

La Universidad Abierta Interamericana (UAI), que está al frente de la Confederación Mundial de Educación (COMED), entregó el Doctorado Honoris Causa al embajador Rodolfo Terragno por su “labor en apoyo de la educación de calidad y en defensa de los derechos humanos”.

El acto se realizó en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ante la cual Terragno representa a la Argentina. En representación de la UAI, la distinción fue entregada por su rector emérito, Edgardo N. De Vincenzi.

En la ocasión, y en presencia de los embajadores de Cuba, Guatemala, Colombia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, así como de países no latinoamericanos, Terragno pronunció una conferencia sobre “el futuro de la UNESCO”. Y si bien destacó la importancia del proyecto “Educación 2030”, conducido por la entidad, así como los trabajos en defensa del medio ambiente, sostuvo que la UNESCO “no tiene hoy la importancia que tuvo, sobre todo en educación, que tuvo en sus orígenes y primeros tiempos”.

Terragno presentó un plan de medidas específicas para despolitizar la UNESCO “afectada hoy por el problema palestino, y otros”, llamando a los países no involucrados “a tender puentes y reducir las diferencias entre las delegaciones de los países enfrentados”.

También propuso analizar las “historias de éxito” de países orientales y nórdicos, líderes en materia de educación, y que eso debe ser seguido de sesiones de trabajo con expertos de esos países. “Es lo que hará la Argentina en marzo, por propia iniciativa, en la misma UNESCO”, explicó el embajador.

En materia de ciencias Terragno propuso que la discusión sobre el cambio climático y la protección de los ecosistemas no se limite a los impactos sociales y económicos, sino que se relacione con las causas científicamente comprobables de esos fenómenos, y se diseñen programas tecnológicos para ejercer cierto control.

Por último, instó a que las normas que hacen a la declaración de bienes como “patrimonio de la humanidad” se hagan mucho más estrictas, para evitar que la multiplicidad y frecuencia de tales distinciones vaya más allá de un ejercicio de marketing y promoción del turismo, que quite valor la protección prometidas a los sitios que corren peligros.

La exposición fue, según varios de los embajadores asistentes, “un ejercicio autocrítico único, seguido de una propuesta estratégica, bien definida, para fortalecer a la UNESCO”.

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