Del “¡Háganse cargo!”, al “no contesto agresiones”

A la andanada habitual del kirchnerismo, el jefe de Gabinete respondió en “estilo zen”. Una táctica que contrastó con la exhibida durante sus múltiples visitas a las dos cámaras para dar sus informes.

Por José Angel Di Mauro

El 22 de marzo de 2017 Marcos Peña dio en la Cámara de Diputados uno de sus discursos más contundentes; aquel en el que deslizó su frase emblemática “¡Háganse cargo!”. No era ese el mejor momento de la administración macrista, con calles copadas por una oposición muy confrontativa que exhibía de manera desembozada helicópteros de utilería como metáfora obvia. Lejos de amilanarse, ese día el jefe de Gabinete se enredó en una pelea cuerpo a cuerpo con el bloque kirchnerista de la que salió airoso. Como si hubiera elegido especialmente el destinatario, lo hizo al contestarle a un diputado de La Cámpora y santacruceño: “¡Háganse cargo de algo, no se puede con tanto cinismo!”, le gritó. En otro pasaje, volvió a sacarse: “Me gustaría recordarle al Frente para la Victoria cuántos jefes de Gabinete contestaban las preguntas en este recinto. Desde 2003 para adelante, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner no contestaba las preguntas, ¡háganse cargo de eso también!”.

Más marketineros pese a lo que profesan, de haber sido uno de los propios el kirchnerismo hubiera hecho remeras con esa frase…

Marcos Peña ya es el jefe de Gabinete que más veces fue al Congreso a cumplir con el mandato constitucional que establece que ese funcionario debe brindar informes una vez por mes, alternando entre ambas cámaras. Y ha demostrado que es una oportunidad ideal para lucirse, pues el sistema de los informes favorece siempre al representante del Ejecutivo, que se queda con la última palabra, y le da vidriera para defender al gobierno. Peña lo ha hecho una y otra vez, aprovechando tener delante a bancadas kirchneristas que sobre todo en Diputados le ofrecen oportunidades especiales para recordar el pasado reciente y la herencia recibida.

Hubo sin embargo un punto de inflexión, el mes pasado. Fue antes de la crisis cambiaria, cuando se presentó en el Senado y el informe resultó casi aburrido, con poco volumen político. Ausente Cristina Kirchner, cuya presencia hubiera atraído todas las luces ante semejante choque, el kirchnerismo se mostró incluso bastante amable; así que sin confrontación, lo de Peña resultó desteñido. Además, la insistencia en presentar datos positivos difíciles de percibir opaca esas exposiciones.

Para este miércoles se esperaba una renovación de la clásica confrontación con el kirchnerismo, en una Cámara que se presenta mucho más severa para el oficialismo que la anterior. Y una oposición cuya beligerancia no se circunscribe estrictamente al FpV, pero donde los K exhibieron como bienvenida carteles con la consigna “Macri miente”.

La tanda de preguntas del kirchnerismo tuvo 8 protagonistas, todos con durísimos cuestionamientos al gobierno. El camporista Marcos Cleri llegó al límite de espetarle un “¡háganse cargo de que vinieron a hacer el ajuste!”. La sanjuanina Sandra Castro le preguntó si “es posible la gobernabilidad ajustando, reprimiendo, despidiendo y con hambre”; otro camporista, Martín Doñate, habló de un comercio al que nunca le fue peor; Carlos Castagneto diagnosticó que “en materia económica el gobierno fracasó”; y la misionera María Cristina Brítez le atribuyó a Peña una “actitud cínica” y llamó “mentiroso e ignorante” al Presidente.

Ni qué decir de Leopoldo Moreau, tildando de “bobo” a Luis Caputo, y un Axel Kicillof asegurando que “Macri es el Fondo Monetario Internacional”.

Pero esta vez la nota la dio Marcos Peña, quien sin mencionar siquiera los carteles de bienvenida, dejó para el final las referencias más críticas para decir tan solo que “por respeto a los argentinos, al momento que vivimos, a los desafíos que nos planteamos, no voy a contestar las agresiones, las chicanas, las amenazas a la democracia, la prepotencia que han manifestado. Simplemente doy paso al próximo bloque”.

Deliberadamente el jefe de Gabinete evitó confrontar, consciente de que no era momento ni está el clima para que un gobierno que justamente a través suyo anunció la convocatoria a un gran acuerdo nacional salga a aporrear a un sector de la oposición. Sobre todo porque percibía -probablemente asesorado por el oficialismo- que la oposición ya no toma la distancia de sus pares del FpV de otros tiempos, y lo más probable era que se uniera solidariamente ante los embates del ministro. Así las cosas, Peña optó por reservar las réplicas mordaces para tiempos mejores.

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