Conde apoyó la despenalización del aborto y aseguró que es un “derecho”

A días de que se trate la normativa en el recinto del Congreso, la presidenta de la Comisión de Mujer de la Legislatura porteña defendió la interrupción voluntaria del embarazo y pidió regular el precio del misoprostol.

A menos de 15 días de que la Cámara baja debata en el recinto la despenalización del aborto, la presidenta de la Comisión de Mujer de la Legislatura porteña y diputada de Unidad Ciudadana, Andrea Conde, expuso en la anteúltima audiencia pública de exposiciones al respecto y defendió la medida. Asimismo, pidió regular el precio del misoprostol.

En ese sentido, la kirchnerista explicó que está “convencida de que el aborto es un derecho, militamos hace mucho por este tema” y aseguró que tiene “el inmenso orgullo de formar parte de un espacio político que desde hace años se dedica a dar consejerías que brindan información científica y segura sobre cómo abortar con misoprostol y que en Morón, cuando fuimos gobierno, las consejerías pre y post aborto, fueron políticas de estado”.

A su vez remarcó que “sabemos que hoy en día las mujeres podemos abortar de forma segura, sin riesgo, con misoprostol” y cuestionó duramente la falta de regulación del precio de esa medicación.

La intervención completa de la legisladora:

“Como mujer que se dedica a la política, quiero decirles que hay que estar a la altura de las circunstancias. Hace rato que venimos diciendo que esta llegando la hora de las mujeres, es hora de la revolución de las mujeres.

Las mujeres cargamos sobre nuestras espaldas con una larga historia de sumisiones. Una larga historia de sumisiones que a través de prácticas y discursos, nos ha negado el derecho a decidir sobre nuestra propia existencia. Una larga historia de sumisiones que hemos ido poco a poco revirtiendo, a fuerza de lucha, a fuerza de deseo.

Durante siglos no se nos permitió estudiar. Los colegios y las universidades eran espacios reservados exclusivamente a los varones. Las mujeres teníamos que quedarnos en casa, criando a los hijos.

Durante siglos no se nos permitió votar. La política y los asuntos públicos eran cuestiones destinadas a los varones. Las mujeres teníamos que quedarnos en casa, criando a los hijos.

Durante siglos (y todavía sucede) cambiábamos nuestros apellidos cuando contraíamos matrimonio. Pasábamos a ser, sin metáfora, “la mujer de” algún hombre. Y nuestra función, en ese rol cosificado de pertenencia a alguien más, era quedarnos en casa, criando a los hijos.

No se nos preguntaba si era lo que queríamos. Era la imposición de un mandato ajeno que durante mucho tiempo no pudimos cuestionar. Hasta que empezamos a hacerlo. Hasta que decidimos que nuestro deseo también tenía que estar en alguna parte de la ecuación.

Durante décadas, hemos ido dando batallas para ganarnos el derecho a estudiar, a votar, a decidir sobre nuestra existencia. Fuimos conquistando derechos que no teníamos y que hoy nos parecen absolutamente fundamentales, al punto que a los más jóvenes les cuesta comprender cómo alguna vez no fueron nuestros.

Hoy queremos poder elegir si deseamos o no ser madres. Creemos que ser madres no tiene que ser un mandato, sino una decisión libre que nace de un deseo consciente. Por eso hoy las mujeres argentinas estamos acá, dando una batalla más por un derecho: el derecho al aborto.

Y lo hacemos en este contexto, en un contexto de una terrible crisis económica en medio de la devaluación, del ajuste, de los despidos y de los tarifazos porque somos las mujeres, las lesbianas, las travas y las trans las que nos llevamos la peor parte. Porque somos más parando la olla en las familias monoparentales. Porque somos más las precarizadas, porque somos las más perjudicadas cuando se recorta el presupuesto a los programas contra la violencia de género mientras pedimos que no nos sigan matando. Porque si hay hambre, si falta el pan y el trabajo, las redes clandestinas de trata y prostitución se fortalecen más que nunca. Porque la justicia social y la conquista de derechos se han debilitado siempre en contextos de políticas económicas neoliberales. Por todo esto este contexto de brutal ajuste que estamos viviendo, estamos convencidas que dar esta pelea es fundamental.

Porque estoy convencida de que el aborto es un derecho, militamos hace mucho por este tema. Tengo el inmenso orgullo de formar parte de un espacio político que desde hace años se dedica a dar consejerías que brindan información científica y segura sobre cómo abortar con misoprostol y que en Morón, cuando fuimos gobierno, las consejerías pre y post aborto, fueron políticas de estado. Porque sabemos que hoy en día las mujeres podemos abortar de forma segura, sin riesgo, con misoprostol. Y permítanme una pequeña disgresión sobre el misoprostol.

En nuestro país la producción de misoprostol está en manos de un solo laboratorio, que define arbitrariamente el precio de venta. En el 2014, el Gobierno Nacional lo había incorporado al acuerdo de Precios Cuidados para disminuir las consecuencias de esa producción monopólica. Esta política de Estado garantizaba que tuviéramos fácil acceso a un medicamento considerado esencial por la Organización Mundial de la Salud// y las mujeres podíamos acceder a él por 450 pesos. Desde diciembre de 2015, su precio se ha incrementado en un 400%, una caja cuesta más de 3000 pesos. Hoy ni siquiera la plata alcanza para comprar el misoprostol.

La verdad es que el debate sobre la legalización del aborto puede darse desde muchos puntos de vista. Pero hay una cosa que es muy difícil negar: la realidad que nos golpea a la cara y nos obliga a abrir los ojos, cuando tomamos conciencia de que las mujeres argentinas abortamos aproximadamente medio millón de veces al año. Cada minuto, en nuestro país, hay una mujer abortando. ¿Qué hacemos con esta realidad? ¿La seguimos barriendo debajo de la alfombra?

Señores y señoras legisladores, las mujeres argentinas abortamos y lo vamos a seguir haciendo. Esa es la realidad. Y esa realidad exige un Estado presente. Un marco legal que garantice que el aborto deje de ser un inmenso negocio. Las mujeres argentinas no queremos abortar en la clandestinidad nunca más

Escuchando atentamente los argumentos en contra de la legalización del aborto podemos notar que tienen siempre dos cosas en común: son profundamente autoritarios y profundamente misóginos. Autoritarios, porque buscan imponernos su visión del mundo, una visión arcaica, en la que las mujeres no somos más que máquinas procreadoras. Misóginos, porque niegan nuestro deseo. Nuestro derecho al goce, nuestro derecho como mujeres a ejercer la libertad de decidir qué vida queremos tener.

La imagen ampliamente difundida del embrión que quiere ser ingeniero no sólo es falaz porque sabemos que los embriones no hablan. También es cínica, muy cínica, porque escondiéndose detrás de esa voz falsa e imposible, lo que buscan es tapar la nuestra. La voz de las miles mujeres que hoy estamos gritando que queremos decidir en libertad.

Y quiero que algo quede bien claro: el derecho al aborto no es solamente una cuestión de salud pública. Es un tema político. Es fundamentalmente político. Se trata de que las mujeres podamos sacarnos de encima la pesada bota del patriarcado. Que nos quiere seguir sometiendo a voluntades e intereses ajenos, aplastando nuestro deseo y nuestro derecho a ser autónomas, libres y soberanas de nuestros cuerpos.

Habrán notado, señores y señoras legisladores, que utilicé muchas veces la palabra deseo. Esto no es casual. Me propuse ser profundamente redundante. Porque después de que tamicen todas las palabras, todos los argumentos y todos los discursos, sólo les van a quedar dos opciones: reconocer nuestro derecho a desear lo que queremos para nuestras vidas u obligarnos a seguir abortando en la clandestinidad.

Las mujeres abortamos, abortamos desde hace mucho tiempo. Abortamos de hecho. Y ahora vinimos a esta casa a conquistar este derecho”.

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