Solidaridad con Carrió tras un escrache en su contra

Un grupo de personas se movilizó hasta el Instituto Hanna Arendt para reclamarle “changas” a la diputada nacional.

Siguen los ecos de la polémica sugerencia que Elisa Carrió hizo el lunes pasado en un programa de cable, en el que llamó a no dejar de dar propina y no limitar las changas. Algo que la oposición aprovechó para realizar fuertes críticas contra la diputada, y otros sectores seguramente vinculados a la oposición también recogieron para realizar insólitos escraches. Así, el miércoles durante la sesión grupos de personas se dieron cita en las entradas del Palacio del Congreso entonando cánticos irónicos contra Carrió.

Y este viernes un grupo de trabajadores desocupados autodenominados Frente de Organizaciones en Lucha fueron se movilizaron hasta el Instituto Hanna Arendt con carteles y pancartas para reclamarle a la diputada “changas”. Ante ello, el interbloque de diputados nacionales de Cambiemos emitió un comunicado en el que manifestaron su repudio a eso que fue ni más ni menos que un escrache. “Un grupo de trabajadores autodenominados Frente de Organizaciones en Lucha realizó hoy pintadas en el Instituto Hannah Arendt. Como lo hemos manifestado en otras oportunidades, consideramos que la violencia y la intolerancia política no pueden naturalizarse”, expresaron los diputados del oficialismo, que afirmaron que, por el contrario, “hay que apostar por la sana convivencia política. Es imprescindible que toda la sociedad argentina haga votos por el diálogo”.

En ese mismo sentido, el diputado del Pro Jorge Enríquez consideró “inadmisible el escrache perpetrado contra el Instituto Hannah Arendt. Mi más enérgico repudio a ese acto de barbarie. Basta de escraches. Basta de violencia física, gestual o verbal. Los argentinos queremos vivir en paz y libertad”.

El legislador nacional agregó que “hay grupos violentos que pretenden sustituir por acciones vandálicas su escasa representatividad democrática. Son más afines a la fuerza que a la deliberación, al agravio que al diálogo”. Para finalizar Enríquez enfatizó: “Sueñan con representar al pueblo, pero el pueblo los ignora. Consiguen sus quince minutos de fama con su rutina de patoterismo, que disfrazan de resistencia, como si viviéramos en una de esas dictaduras que constituyen su paraíso”.

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