Una esperanza para el hombre de Corrientes y Esmeralda

Por Mariela Blanco. A propósito de la celebración del Día Nacional de los Monumentos, una reflexión frente al desapresivo accionar de la piqueta en esta ciudad.

Este fin de semana se celebra el Día Nacional de los Monumentos. La celebración representa una nueva oportunidad no solo para visitar los grandes baluartes de nuestro patrimonio sino también para reflexionar sobre los errores del pasado que, piqueta mediante, nos llevaron a una irrecuperable pérdida de nuestra identidad y nuestro ADN cultural.

La Ciudad de Buenos Aires tiene ausencias, residencias históricas en ruinas, teatros convertidos en escombros y cafés notables en manos extranjeras que ya no guardan canciones, ni poemas de la intelectualidad porteña que los frecuentaba.

También tiene “No-lugares”, como la Esquina Nacional del Tango (Corrientes y Esmeralda) que en 1991 perdió lo que quedaba de la aquella confitería Cabildo, del Teatro Odeón y del Hotel Royal.

Una justicia blanda avaló la arbitraria decisión de un intendente y le dio la venia a la llegada de un garaje, talvez el garaje más fotografiado por turistas que no se resignaron nunca a no llevarse una foto de la intersección con nombre de tango.

Afortunadamente, la torre de 41 pisos que hoy está allí en pleno desarrollo intentará devolverle noches de teatro a esa esquina con la instalación de dos salas. Tal vez así, el hombre de Corrientes y Esmeralda vuelva a encontrar un sitio donde no sentirse tan solo.

Mariela Blanco es periodista, autora de Leyendas de Ladrillos y Adoquines

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