Saber la verdad ya no importa

Por Aníbal Hardy. El exdiputado nacional sostiene que desvelar secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.

Uno se pregunta por qué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo. Produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada. Nos preguntamos por qué no estalla una revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial. Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención. Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario. La información ya no tiene relevancia.

Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población. Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados. Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas. Que podían alterar el devenir de la historia.

De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos. Y quizás durante un tiempo ha sido así.
Pero actualmente, la “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas. Un estado mental de la población que no se habría atrevido a imaginar ni el más enajenado de los tiranos. El sueño de todo tirano sobre la faz de la tierra: no tener que ocultar ni justificar nada ante su pueblo. Poder mostrar públicamente toda su corrupción, maldad y prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime.

Finalmente, después de conocer cómo viven numerosos corruptos y los privilegios económicos que disfrutan a pesar de sus depredaciones, a los buenos ciudadanos nos les es difícil arribar a la conclusión de que a los malos siempre les va mejor…

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