Polarización y miedo

Por Máximo Luppino. El dirigente peronista describe el complejo panorama electoral encabezado por candidatos diametralmente opuestos.

La campaña política ingresó en la más enlodada de las porquerizas. Se trata de empalidecer la figura de los contrincantes electorales más que de exaltar las virtudes propias y seducir con la verdad y propuestas de gobierno a los expectantes ciudadanos.

Se recurre a sembrar miedo en el opositor como un fuerte factor para sumar voluntades hacia su propio sector. Nada más paralizante y lúgubre que la desconfianza que proviene del miedo. Sus consecuencias son peligrosas para una sociedad que necesita confraternizar sus esfuerzos para edificar una Nación poderosa con un pueblo feliz.

La tan mentada polarización crece exponencialmente tras cada declaración y gesto violento que apreciamos en los medios masivos de difusión. Afamados periodistas, artistas y comunicadores sociales ingresaron resueltamente a esta sombría puja electoral. Casi todas las cadenas comunicacionales han tomado partido en forma resuelta y en algunos casos con irreverente alevosía. Olvidando que la fracción triunfante en las próximas elecciones generales va a necesitar de la republicana activa colaboración del sector que resulte relegado en las urnas.

¿Mauricio o Alberto, el ingeniero del Newman o el abogado profesor de la universidad pública?

¿Las multinacionales dueñas del mercado especulador o las PyMEs de emprendimientos familiares que desean crecer con su nacional impronta?

Figuras opuestas en casi todo, Mauricio y Alberto también alimentan la grieta con sus lineamientos internacionales. Macri simpatiza con Bolsonaro, mientras Alberto visitó a Lula en la cárcel de Brasil.

Mientras Mauricio le rinde pleitesía a Donald Trump, Alberto fue a Uruguay para reunirse con Mujica, a quien nombra como maestro.

Nuestra soberanía política quedó estrujada por los designios arbitrarios del FMI que parece financiar la campaña de Cambiemos “sosteniendo” un dólar en irreal relación cambiaria. Tanto Hacienda como el Banco Central de la República Argentina solicitan directivas directas al FMI para dar cualquier paso financiero.

La moneda verde está siendo encapsulada artificialmente por millones de pesos que se dilapidan con tal de mostrar solvencia y que la imagen de Macri se muestre ante el electorado como “serio y responsable”.

¿Qué pasará con la cotización del dólar cuando el pulmotor financiero sea retirado? ¿Cuál será su nuevo e inevitable valor? Claro que esto sacudirá violentamente la endeble economía nacional.

La política se atavió con ropa de combate. Elisa Carrió, “una pacifista en tanqueta”, dispara munición pesada sobre sus blancos predilectos sin fijarse en los “daños colaterales” que ocasiona. Los exabruptos de hoy dinamitarán los acuerdos del mañana.

Miedo a lo que pueda venir hace repensar el voto de los indecisos, que si bien son minoría podrían volcar definitivamente la elección hacia un lado u otro.

De todas maneras, creemos que no llegaremos a un balotaje. Las consecuencias de esta extrema polarización potencian el “voto útil” acelerando las definiciones concretas en la primera vuelta electoral. ¡El horno no está para bollos!…

La mesura brilla por su ausencia, el electorado está hipersensible a lo que sucede. El menor número de errores no forzados cuenta en un grado superlativo.

Un gran número de ciudadanos ya eligió y no siempre lo manifiesta en las encuestas.

Reina en la patria un clima de “cosa juzgada”. Como si el rumbo nacional ya estuviera determinado por el gran soberano.

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