Amazonas: El modelo Bolsonaro y la pérdida del pulmón del planeta

Por Magdalena Odarda. La senadora nacional sostiene que el modelo económico brasilero, tanto como el argentino en estos últimos años, ha sido “devastador” en las medidas sociales y ambientales.

Cuando el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, era un candidato que tenía entre sus propuestas desregular y quitar toda protección a la Amazonia brasilera, planificando una autovía para acceder a los recursos naturales y espacios protegidos, no imaginábamos que una catástrofe ambiental de magnitudes imprevisibles signaría su paso por el gobierno de este país. Sin embargo, todo se relaciona con todo, como en la naturaleza, y los incendios que conmueven al mundo durante estos días, son el resultado de estos anuncios.

Los números de deforestación del último año demuestran una política totalmente coincidente con sus propuestas de gobierno. Así lo demuestra el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales brasileño (INPE, por sus siglas en portugués), que advirtió que entre enero y agosto de 2019 los incendios en Brasil aumentaron un 83%, y hubo más de 72.800 focos en comparación con el mismo período de 2018. Este mismo organismo es el que detectó que en junio de 2019 se talaron 920,4 km2 de bosque amazónico, lo que sería equivalente al área urbana de la ciudad de São Paulo, la más poblada del país.

Hacer desaparecer las regulaciones, debilitar a los organismos responsables del ambiente y favorecer la expansión de intereses ganaderos y del agro, sin considerar el enorme daño causado con la desaparición de 500.000 hectáreas de selva amazónica que se queman hace varios días, es parte de un modelo económico que, entre otras cosas, otorga privilegios a pocos y daña a muchos.

Por otra parte, es ominoso que en medio del desastre ocasionado que afectará irremediablemente las condiciones climáticas del planeta, este presidente responsabilice a las organizaciones no gubernamentales que critican su accionar desde hace varios meses. Son esas organizaciones las que intentan desde hace bastante tiempo que existan controles y se reduzcan los desmontes y los incendios. Los incendios se producen, en muchas ocasiones, para “limpiar” las zonas deforestadas y disponerlas para cultivos o ganadería.

Pero los únicos afectados por las actuales políticas extractivas no son bosques ni la increíble biodiversidad que tienen, sino también los mismos pueblos que habitan la selva, como se evidencia en la última movilización de mujeres de 130 pueblos indígenas diferentes que marcharon hace pocos días con el fin de reclamar por los derechos que no son reconocidos por el actual gobierno. Son ellos los que dicen que “Luchar por los derechos de nuestros territorios es luchar por nuestro derecho a la vida. La vida y el territorio son lo mismo, porque la tierra nos da nuestra comida, nuestra medicina tradicional, nuestra salud y nuestra dignidad. Perder territorio es perder a nuestra madre. Quien tiene territorio, tiene madre, tiene regazo.”.

En este incendio devastador, Bolsonaro se ha tomado su tiempo para reaccionar y declarar la situación de emergencia ordenando las medidas necesarias, pero lamentablemente, la situación no termina con esta medida que surge de la presión que hicieron varios países al mandatario de derecha. Francia e Irlanda están evaluando desde hace tiempo un bloqueo al Tratado de libre Comercio firmado entre la Unión Europea y el Mercosur, y el presidente brasileño les ha dado suficientes motivos para hacerlo ahora. Es decir, que las consecuencias podrían afectar a la Argentina y a los países miembros del mercado común.

Como parlamentaria autora de una ley que protege al bosque nativo ante los intentos de incendios que afecten su estatus de protección, estoy convencida que el modelo económico brasilero tanto como el Argentino en estos últimos años ha sido devastador en las medidas sociales y ambientales, lo cual nos obliga a considerar que no puede haber un divorcio entre el desarrollo económico y el cuidado de la naturaleza. Si abandonamos a ésta última, está demostrado que estamos condenados a sufrir las consecuencias.

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