El peligro de un default bonaerense es demasiado alto para soslayarlo

Por José Angel Di Mauro Por sentido común, no había ninguna posibilidad de que la principal oposición rechazara el proyecto para reestucturar la deuda externa. Aunque bien se sabe que…

Por José Angel Di Mauro

Por sentido común, no había ninguna posibilidad de que la principal oposición rechazara el proyecto para reestucturar la deuda externa. Aunque bien se sabe que en política el sentido común muchas veces pasa a segundo plano, hay que recordar que fue el propio gobierno de Cambiemos el que propuso una iniciativa que iba en un sentido similar. Fue cuando dos semanas después de haber perdido las primarias por paliza, ya con Hernán Lacunza al frente del Palacio de Hacienda en lugar del eyectado Nicolás Dujovne, ese ministro anunció el envío al Congreso de un proyecto de ley que para extender voluntariamente los plazos de la deuda bajo jurisdicción local, sin quita de capital ni intereses.

Este proyecto que acaba de recibir media sanción no habla de la deuda de jurisdicción local, sino la externa, pero lo cierto es que fue el gobierno anterior el que comenzó a utilizar la palabra “reperfilamiento”, que la administración actual pretende poner en práctica. En su momento, el gobierno de Macri buscó sin mayores expectativas involucrar a la oposición en la negociación por venir, pero el proyecto jamás llegó a tratarse.

Así y todo, Juntos por el Cambio puso condicionamientos ahora para sacar partido de las necesidades del gobierno, y con sus gobernadores a la cabeza condicionó su respaldo a la creación de una mesa de diálogo para tratar la deuda que las provincias mantienen con la Nación y actualizar el Régimen de Responsabilidad Fiscal. Ese acuerdo se alcanzó al cabo de una jornada febril, como fue la que precedió a la sesión de Diputados, que tuvo epicentro en las amplias oficinas de la presidencia de la Cámara baja, por donde desfilaron los jefes de la oposición y sus gobernadores, más Santiago Cafiero, “Wado” De Pedro, Máximo Kirchner y el anfitrión, Sergio Massa. Este último ya supo protagonizar intensas negociaciones cuando su bloque era una de las columnas en las que se asentó Cambiemos para sacar las leyes, en los tiempos en que ese gobierno privilegió la política. Hoy el tigrense, que disfruta del protagonismo que le brindan este tipo de situaciones, es otra vez una pieza clave, pero del otro lado del mostrador.

La sesión en Diputados tuvo puntos salientes, como el encendido apoyo brindado por Elisa Carrió, quien pidió enfáticamente a sus pares votar la ley de manera afirmativa y de inmediato, pues “hay momentos de un país donde todos los argentinos debemos estar unidos. Debemos darle respaldo a nuestros negociadores que están en Estados Unidos”, dijo. Y sobre todo medir los discursos, ya que “los bonistas anotan cada palabra que se dice y eso después sale en la sentencia en contra de la Argentina”.

Una situación inédita tratándose de Carrió, que difícilmente pueda repetirse: por las circunstancias, y porque como mucho a Lilita le queda participar en una sesión más en febrero, pues el 1° de marzo se hará efectiva la renuncia a la banca que presentó en diciembre pasado. En esa oportunidad, algunas diputadas del Frente de Todos se quejaron diciendo que no correspondía conceder una renuncia futura, permitiéndole “cobrar tres meses como ñoqui”. Con su presencia en todas las sesiones posteriores, la líder de la Coalición Cívica demostró lo extemporáneo de tal pedido.

El objetivo de dar un gesto contundente de una clase política alineada con su gobierno para negociar con nuestros acreedores se cumplió con creces cuando la ley salió aprobada casi por unanimidad, con 224 votos afirmativos y apenas 2 negativos. Más que los que obtuvo Cambiemos cuando aprobó la ley para pagarles a los holdouts con 165 votos positivos, y ya entonces se lo consideró un gran respaldo. Esa vez hubo 86 votos en contra, del kirchnerismo, que además alargó la sesión hasta las 8.35 de la mañana siguiente. Otros tiempos, otros comportamientos.

Habrá que enmarcar este gesto del Congreso -que se completará con la aprobación exprés en el Senado, muy probablemente por unanimidad- dentro de la puntillosa negociación que viene desarrollando el ministro Martín Guzmán, complementada con las reuniones que mantiene estos días en Europa el presidente Alberto Fernández, que hasta espera contar con el apoyo papal en el tema de la deuda. El Santo Padre recibirá en los próximos días a la presidenta del FMI, Krystalina Georgieva.

El mandatario tuvo finalmente su reunión con Francisco, que previsiblemente resultó por lejos más cálida que la primera que tuvo Mauricio Macri con el Papa, en 2016; esa en la que la foto que ilustró el encuentro mostró a un pontífice con el resto gélido. En las fotos de esta vez se lo ve a Francisco distendido y afable, y ya de por sí el tiempo que le dedicó a Alberto (44 minutos) fue el doble que en esa primera incursión de Macri.

El único punto gris del encuentro en el Vaticano fue la referencia al tema del aborto, que el presidente argentino negó haber tocado con Francisco, aunque luego se aclaró que sí había sido abordado con el secretario de Estado de la Santa Sede. Es impensable que el gobierno del Frente de Todos pueda volver sobre sus pasos con el proyecto que ha prometido mandar Fernández al Congreso para debatir este año, pero no es probable que genere semejante cortocircuito en los primeros meses de su gestión.

Si bien la disposición a habilitar este debate ya se ha visto que no es garantía de su aprobación en ambas cámaras, esta administración querría diferenciarse del gobierno de Macri en cuanto al resultado: cuando un Ejecutivo promueve un debate, en general se espera que se salga con la suya. La táctica del gobierno de Fernández en este caso consistió en tomar la iniciativa, como hizo tempranamente, prometiendo un proyecto amplio y superador. Con lo cual neutralizó al colectivo que aboga por el aborto legal, que de lo contrario ya estaría presentando su proyecto en los primeros días de marzo. Ahora bien podría esperar a ver esa iniciativa que promete el gobierno, que a su vez dejaría la cuestión para más adelante. La excusa serán priorizar otros temas en plena crisis.

Como ya dijimos la semana pasada, la estrategia desarrollada por el ministro de Economía con la deuda está afectada por el “ruido” que genera la negociación “a cara de perro” que lleva adelante el gobernador bonaerense. Con resultados por ahora poco prometedores. Axel Kicillof necesita que el 75% de los bonistas le acepte su planteo de postergar el pago de un vencimiento por 250 millones de dólares, y hasta donde se sabe solo ha tenido un 26%. El viernes pasado, Día D para la negociación, arrojó resultados que no trascendieron numéricamente, pero sí debieron ser negativos al punto tal de obligar al gobernador a postergar hasta este lunes el plazo para la respuesta de los bonistas. Que difícilmente vaya a cambiar.

La pregunta del millón es qué pasará si no se alcanza el 75%. Sería por demás grave para la Provincia entrar en default, y para el gobierno nacional una complicación extra y extrema, por el antecedente que representa. Economía podría llegar a auxiliar a Buenos Aires, pues es un monto absolutamente manejable, al punto de no justificar los riesgos que conllevaría no hacerlo. Mas un salvataje implicaría dar pie a otras provincias muy endeudadas a reclamar un trato similar de parte de Nación. Sería también un mal antecedente, pues debilitaría tanto a la Provincia, como a la propia Nación para negociaciones duras futuras.

Por eso el fin de semana se barajaban otras alternativas para evitar un default, que pasarían por la propia provincia. Es que si este lunes no se alcanza el 75% de aceptación -hoy por hoy más que hipotético-, Kicillof está obligado a pagar antes del 5, o en caso contrario entrar en default. Este fin de semana algunos sugerían mirar los antecedentes del exministro de Economía para considerar las veces que tensó la cuerda al máximo… y terminó pagando. Citaban los casos de Repsol por la expropiación de YPF, y el Club de París.

La oposición sostiene que, como diría Duhalde, Kicillof “está haciendo un maremoto en una palangana”, pues la Provincia cuenta con los medios para hacer frente a este vencimiento. Puede emitir letras para hacerse del dinero; puede ser auxiliada por los bancos, principalmente el Provincia, y sino ser socorrida por la Nación, vía adelantos de coparticipación.

Lo que vaya a suceder esta semana tendrá consecuencias directas en la negociación global de la que depende la estabilidad del nuevo gobierno.

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