No me toques ni te toques, que nos morimos

Por Daniel Bosque. Parece una pesadilla, pero el virus se expande, desde China, donde arrancó y donde celebran haberlo derrotado.

Qué ingenuos: antes de este terror a ser tosidos creíamos que estábamos en el fin del mundo. Clima, agua, desigualdad, hambre, neoliberalismo, populismo, degradación cultural, antisistema, falta de empleos, impuestos sin freno, corrupción, Trump, Maduro, Putin, Bolsonaro… Era cuestión de elegir tus buenos y tus malos, para explicar todo. Éramos pobres, pero felices.

Por pangolines, murciélagos, pharmacy business, o por oscuras mentes que estarían diseñando una reducción de gentes a escala industrial, estamos en caída libre. No googles para atrás, te sentirás reboludo. Ayer nomás, el gurú Yuval Harari, quien duda si todas las razas somos todos homo sapiens o algunos son mixtura de otros primates, auguraba un ser humano de 100 años, como piso. Las mayores amenazas serían la inteligencia artificial, el control social, el clima.

Parece una broma macabra. El virus inunda el mundo y desde Wuhan llegan videos de amarillos felices festejando con banderitas rojas la derrota del contagio masivo. Si los caóticos occidentales, amantes del transgrede, caemos como moscas, el Gran Dragón nos refregará por la cara su disciplina horripilante frente al virus. En las antípodas, mientras Italia sigue parada y desde hoy España la imita, es tapa de diarios el audaz Boris Johnson proclamando que no apagará ninguna luz para detener la pandemia. Si la gripe mató en 2019 a 17.000 británicos, el Covid-19 se llevará 100.000, dice su gobierno Y hasta 500.000, según los agoreros. Selección natural en el país de Charles Darwin, ocho de cada diez víctimas serán over 60 years old.

En Occidente aterrorizado y crecientemente paralizado salen a la luz las consecuencias prácticas de dos décadas largas en las que la marea privatizadora que en Europa, Estados Unidos, América Latina, desmanteló planteles y presupuestos en sanidad pública. Proyecciones patéticas: por cada anciano que cae ahogado por la cepa indomable, la seguridad social suma ahorros. El 80% de los 1.000 muertos que hasta hoy registra Italia, son jubilados, sector que en la península es la tercera parte de la población. Y atrapa una renta promedio de 1.000 euros/mes, además de devorar costosos presupuestos sanitarios de alta complejidad, sobre todo en la franja 80-90 abriles. Suena horrible hacer esas cuentas, pero es un ejercicio que hacen los burócratas de la política de cualquier país del planeta.

Cualquiera se equivoca. “Salud: La rata es un animal que se distingue por su capacidad de adaptación y resistencia. El año de la rata 2020 es sin dudas la época con mejores oportunidades, sin percances marcados de salud. Sin embargo, no debe llegar a los excesos ya que puede enfrentar complicaciones de salud si no mantiene una dieta equilibrada”. Los que leyeron el horóscopo chino del Año de la Rata de Metal, pueden sentirse estafados. Nada advertía del germen y el pánico que ha sacado a flote a los héroes y miserables que atraviesan las clases sociales y opciones políticas, en 110 países de pandemia.

El mundo sufrirá horrores, no sólo la neumonía que explotó. Por el parate fabril, logístico y del comercio mundial y por el turismo que emplea a 500 millones de personas y movió el último año a 1.600 millones de cazadores de selfies, está destruido y golpeará decenas de economías.

Además, había demasiado capital financiero en órbita, el triple de lo aconsejado por los que dicen saberlo todo. Es bastante posible que Wall Street, las bolsas de Asia y Europa y los mercados de capitales sigan confeccionando durante unas semanas más su nuevo listín de winners & losers.

Por el terror al virus, el común de los mortales desatendió en estos días que por fin estalló por los aires la OPEP, el cartel del petróleo que en último medio siglo sostuvo precios por encima o a caballo de las tensiones geopolíticas. El tirón del mantel de Arabia Saudita, el aliado se USA en la trifulca con Rusia, ha destruido el precio del barril y podría caer a US$ 20. Una pésima noticia para los mercados energéticos que se suma al desplome del barril. Aún para los netos importadores, como Japón, porque sólo augura menos comercio y más recesión.

América Latina, que traía su tos convulsa, sufrirá lo suyo. Por la caída de las commodities, los descalabros financieros y la merma brutal de viajeros por el mundo que amenaza quebrar a las aerolíneas. Buenos Aires, por ejemplo, que había recibido en 2019 más de 2.000.000 de visitantes y proyectaba crecer un 25% este año, ya está sintiendo el golpe.

¿Alguien urdió esta mierda? A medida que China se libera de la tensión primigenia, aparecen los briefs sobre una guerra bacteriológica con EE.UU., el gran enemigo, como posible génesis de este drama.

Qué hay de cierto, me pregunta el taxista y le digo que el archivo X se conocerá en medio siglo, cuando ya no estemos. En eso me entra el enésimo posteo del inefable bioquímico argentino Pablo Goldschmidt, quien asegura que todo esto del virus es una farsa de los políticos y los medios, que no hay para qué aislar a la gente, que es como una gripe, muertos más, muertos menos, que no hay que recetar mejor los antibióticos porque los que están en los hospitales de Madrid o Milán poco saben. Opto por no putear en público, pero hay países donde está penalizado confundir a la sociedad con mensajes equívocos en emergencias sanitarias.

Paciencia. Quedate en tu casa, ojo con los picaportes, no toques a nadie ni te toques. No te deprimas y llena tu alacena de alcohol y vitamina C. Pero no olvides de que los que mandan seguirán ajustando el mundo sin preguntarte. No llegamos hasta aquí en una vuelta de calesita: “El hiper consumismo, la auto explotación y el miedo al otro son algunos de los rasgos distintivos de la civilización moderna”, dice con sabiduría el coreano Byung Chul Han. Ahora andá a lavarte las manos y de paso estirás las piernas.

* Director de Mining Press y EnerNews.

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