Angustiante si te dejo

Por Carlos Lionel Traboulsi. El secretario general del Partido Demócrata Cristiano de CABA advierte la necesidad de que la cuarentena se imponga de manera “racional”, y orientada a los altos grupos de riesgo.

La angustia en la sociedad es generalizada y nos cruza a todos por igual con origen en distintas razones. Una revolución moral y una política pública de desarrollo y crecimiento post cuarentena es el camino para la nueva etapa de la vida democrática de los argentinos.

Recientemente se prorrogó el aislamiento social obligatorio hasta el 7 de junio con la misma incertidumbre del primer día, donde nadie puede dar una idea concreta de cuando termina y cómo salir de esta situación de emergencia excepcional para que la rueda de la economía empiece a girar permitiendo una cadena virtuosa con trabajo y prosperidad para todos.

La población, en especial en los centros urbanos importantes donde la gran concentración de personas es mayor, la llamada cuarentena actúa como una reja que impide que libremente las personas con su esfuerzo ganen el pan de cada día, y por el contrario ven disminuir drásticamente sus ingresos y sus ahorros tornando su futuro incierto, y esto no hay duda, que, aunque al presidente le moleste, angustia.

El perder la previsibilidad de un futuro cercano a cualquier ser humano angustia. Las personas con enfermedades de base simple o grave ven que su atención periódica médica se ve limitada y en muchos casos alterados hasta después de la cuarentena, como suele leerse en carteles o comunicaciones de centros hospitalarios públicos, privados, obras sociales y mixtos, donde están suspendidos los consultorios externos, odontológicos, oftalmológicos, etc. Esto también angustia ya que los problemas chicos se magnifican con el aislamiento y la maquinación propia de ver paredes todo el día y, los problemas delicados, terminan agravándose en muchos casos llevándose la vida de las personas. ¿Podemos decir que no tienen derecho a angustiarse?

¿Es cierto entonces lo que dice el presidente que uno no se debe angustiar porque se le está pidiendo que cuide su vida? Las personas no estamos limitados a un virus, nuestra vida está conformada por muchas cosas materiales, espirituales, intelectuales, éticas, morales y la falta de cualquiera o de todas afectan directamente la vida. El virus mata, pero una depresión también mata, al igual que una enfermedad no curada o mal curada. La persona humana es lo suficientemente compleja, es un combo de aspectos que el buen funcionamiento de ellos nos garantiza la vida y una vida digna. La angustia en la sociedad es generalizada y nos cruza a todos por igual con origen en distintas razones.

En esta dignidad entra también ocupando un lugar muy importante la confianza en sus relaciones humanas, en su vida laboral y en particular en su relación gobiernos ciudadanos. Cuando vemos que nuestros gobernantes, más allá de los signos partidarios, no dicen lo que dicen, la confianza empieza a flaquear y eso atenta contra la gobernabilidad, por lo tanto, los gobiernos echan mano a la limitación de la libertad, el aumento elefantiásico del estado y al control social por medio de la educación y la publicidad, en el que los medios de comunicación asumen un rol importante, para contrarrestar esa falta de confianza y poder desde una postura autoritaria democrática, llevar adelante un relato que vaya lavando cerebros y generando tropa masificada enceguecida en la defensa del gobernante.

El pueblo se somete voluntaria e inocentemente a estas técnicas hasta que surgen los reclamos inesperados de sectores que poco a poco van abriendo los ojos del rebaño dormido que terminan convirtiéndose en jauría que reclaman libertad, derechos y cumplimiento de la Constitución Nacional, instrumento éste que es lo que nos permite cohesionarnos y vivir en comunidad organizada bajo una misma bandera con un sentido de patria.  

Esta descripción de la realidad argentina se llama “corrupción”. Los políticos buscan sus propios beneficios y no ejercer sus funciones con vocación de servicio basada en el amor al prójimo. Se llama corrupción, que reitero, no es de este gobierno solamente, sino de décadas de destrato a los ciudadanos viendo hoy las consecuencias, por ejemplo, de tener grandes barrios carenciados en el lugar más rico de nuestro país que es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o los 1800 asentamientos de la provincia de Buenos Aires, el territorio más rico productivo e industrial del país, en donde a pesar de las ayudas clientelares el Covid 19 avanza y seguirá avanzando porque siempre se llega tarde, ya que solo se los trata de usar como números para el cuarto oscuro.

Recordemos cuando empezó esta pandemia las voces que se alzaban de distintos sectores cercanos al poder diciendo que ésta era una enfermedad de los chetos, de los ricos, etc., etc., etc. Populismo barato para seguir vendiendo relato y confrontar entre hermanos, jugando con la salud y la vida de las personas, las que poco importaban.

¿Estamos en contra de la cuarentena? No, pero ésta debe ser racional y en esta instancia orientada a los grupos de alto riesgo y que tienen la posibilidad y obligación de ser asistidos por el Estado, y no la porción de la sociedad productiva y con menos chances de contagiarse guardando el cumplimiento de los protocolos adecuados.

“Dicen lo que no dicen”, sigue siendo la regla de oro de la mal entendida política que llevan adelante gran parte de nuestra dirigencia. Es imperiosa la convicción de llevar adelante una auténtica “Revolución Moral” para sentar las bases de un futuro distinto que genere confianza en nuestro pueblo y definir una estrategia de inversiones, producción e industrialización integradora incorporando la visión estratégica de los intereses y recursos marítimos. Una revolución Moral y una política pública de desarrollo y crecimiento post cuarentena es el camino para la nueva etapa de la vida democrática de los argentinos.

Más de la extensión territorial de nuestro país nos está esperando en el continente azul, para que podamos generar trabajo y crecimiento para nosotros y las generaciones venideras. Es cuestión de voluntad política, convocatoria sin limitaciones y juntos construir un proyecto de país que nos contenga a todos, dejando de lado el relato interesado de ciertos sectores que solo buscan generar las condiciones necesarias para perpetuarse en el poder.

Habla pueblo habla, que no nos callen más.

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