La fuerza y la cultura del trabajo la trajeron los italianos y otros inmigrantes

Por Eugenio Sangregorio. En el Día del Inmigrante, el legislador ítalo-argentino recuerda la figura del creador de la enseña nacional, origen de esta evocación.

Por Eugenio Sangregorio

Hoy se celebra en la República Argentina el Día del Inmigrante Italiano, fecha instituida por la Ley Nacional 24561, en homenaje al prócer creador de la Bandera, Manuel Belgrano, quien nació en Buenos aires hace 250 años, el 3 de junio de 1770, siendo su padre Domenico Belgrano oriundo de Oneglia (Génova).

En su figura se homenajea a la gran colectividad italiana de la Argentina, presente en estas tierras desde los albores de la patria misma.

Este mes de junio está impregnado de esencia belgraniana, porque el 20 de junio se recordarán también 200 años del fallecimiento del ilustre prócer, acaecido en el aciago año de 1820. Sin dudas, estamos ante la figura de uno de los padres de la patria, abnegado y apasionado por su nación. Se educó en España, y volvió a Bs As ya recibido de abogado. Fue economista, periodista y ferviente defensor de la educación. Su abnegación y sacrificio personal lo llevó a ser militar, aun cuando su vocación eran las letras y las palabras, no las armas.  Y una anécdota sobre este patriota y precaro ciudadano. El día 27 de febrero de 1812 tomó una decisión histórica. Por su cristalina personalidad, no puede dudarse, en cuanto a que, no pensó siquiera que no estaba habilitado para crear una bandera. Lo realizó solamente como un estímulo para sus soldados. Y la prueba está en que ese mismo día escribió lo siguiente a los miembros del primer Triunvirato, que ya había reemplazado a la Junta de Mayo: “En este momento son las 6 y media de la tarde. Estoy con mi guarnición. He dispuesto para entusiasmar a las tropas y a los habitantes de la zona, enarbolar una bandera. Y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la Escarapela. Espero que sea de la aprobación de vuestras excelencias”.

Sus valores humanos e intelectuales trascendieron las generaciones, llegando a honrar su recuerdo la sangre italiana que corría por sus venas. Nada más justo que celebrar el Día del Inmigrante Italiano en el aniversario del natalicio del creador de la Bandera Nacional.

Porque el espíritu de sacrificio de Belgrano, sus ideas de progreso y crecimiento, de aunar fuerzas en pos del bien común, se vieron reflejadas en las sucesivas oleadas de inmigración que llegaron a la joven República Argentina desde todas partes de Italia.

Algunos huyendo de hambrunas y guerras devastadoras, otros en búsquedas de aventuras y realización personal, otros perseguidos por sus ideas políticas o gremiales, todos llegaron a la Argentina como a la nueva tierra prometida. Frustraciones, recuerdos dolorosos, esfuerzos tremendos, sacrificios sin límites, fueron los hitos que jalonaron la construcción de sus nuevos hogares y sus nuevos destinos, a la vez que, junto a otros hombres que vinieron también de otras partes del mundo a buscar su futuro en estas tierras, iban construyendo una nueva sociedad y un nuevo país.

Los aportes italianos a la idiosincrasia y a la cultura argentina son inconmensurables en todos los campos de la vida nacional: la literatura, las costumbres, el teatro, los deportes, la gastronomía, las artes, la arquitectura, el comercio, la política, el sindicalismo, la música, la educación, etc. No hay aspecto que no haya sido alcanzado o modificado por la mayoritaria presencia italiana en el quehacer argentino. Hasta el propio idioma español fue zarandeado y reinventado por los diferentes dialectos que arribaron de la “Bella Italia”, o por la influencia de la propia lengua del Dante.

Las instituciones italianas sembradas a lo largo y a lo ancho de la República Argentina hoy son el testimonio vivo del enorme aporte de los italianos al progreso y al desarrollo de nuestro país. Juntos, los argentinos,  los italianos y sus descendientes enfrentamos enormes desafíos y amargas situaciones.

El presente no es la excepción. La terrible pandemia mundial y su consecuencia social y económica hacen tambalear a la Italia y a la Argentina. No obstante, con tenacidad, espíritu de sacrificio y una enorme voluntad de lucha saldremos adelante. Sin dudas, no será nada fácil, pero tenemos un espejo donde miramos: la egregia figura de Manuel Belgrano y el emocionado recuerdo de nuestros queridos inmigrantes, que hicieron propio el sueño del creador de la  Bandera: una Argentina libre y próspera, plena de valores humanitarios. Y cierro esta nota con una aforismo del escritor y filósofo argentino José Narosky: “Los que vuelan alto rozan con sus alas a los que no saber volar”

VIVA LA ITALIA, VIVA LA ARGENTINA!!!

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