La grieta anula el debate e impide responder a la dualidad de la crisis

Por José Luis Patiño. Un análisis del falso dilema entre los “militantes” de la cuarentena y los “anti-cuarentena”, hecho por quien sostiene que hay que proteger la salud y garantizar la actividad económica.

El presidente Alberto Fernández al justificar con ejemplos la continuidad del aislamiento.

A medida que se extiende el aislamiento obligatorio se profundiza la grieta entre los que militan la cuarentena y los anti-cuarentena. Por un lado, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, se enamora de sus políticas ante el coronavirus y cierra sus oídos a los comerciantes, profesionales, trabajadores y empresarios que necesitan retomar su actividad.

Del otro lado, un grupo cada vez más numeroso de ciudadanos va perdiendo la paciencia y ponen en riesgo no sólo su salud sino también la de otros. Con ello, además, ponen en riesgo los logros obtenidos con el sacrificio que implica un confinamiento estricto para tantas personas.

Para visualizar este escenario, y esbozando un esquema mental que nos permita superar ese falso dilema, podemos imaginar un gráfico con cuadrantes. En el eje horizontal se contraponen la salud pública y la actividad productiva, mientras que en el eje vertical situamos la relación éxito-fracaso de las políticas necesarias para superar la pandemia salvando vidas sin destruir el aparato productivo.

De esta representación surge que los cuadrantes inferiores, que representan la zona de grieta, son los más cercanos al fracaso. En esta zona la discusión es pasional, cerrada y por lo tanto alejada del objetivo que permitiría conseguir el éxito del equilibrio ante ambos desafíos. Allí, de un lado, tenemos a los que nos quieren llevar a una cuarentena eterna y promueven la restricción de derechos y libertades en nombre de la salud pública. Del otro lado, un conjunto de ciudadanos que van desde los que aseguran que el virus no existe o que es un invento de George Soros, hasta los que genuinamente salen a la calle a expresar su preocupación y desesperación ante la gravedad de su situación económica personal y familiar.

La propuesta es salir del laberinto por arriba. No perder de vista el objetivo principal, que siendo único a la vez es dual: proteger la salud como condición esencial para la vida y garantizar la actividad económica como fuente de recursos para sostener la vida.

Elevar la discusión para llevarla desde el estado de grieta al estado de debate es un ejercicio que nos permitirá entender que las diferencias probablemente no son más que matices a medida que nos acercamos a la búsqueda genuina de alcanzar el objetivo de máxima.

Si el Gobierno y aquellos que militan la cuarentena entendieran que no es posible perpetuar el aislamiento extremo y pusieran su energía en lograr formas alternativas, y más inteligentes, de darle respuesta a este problema, estarían en sintonía con aquellos que, conociendo la dinámica de su actividad, proponen maneras responsables de ejercerla cuidando la salud de todos. Es imprescindible escuchar a los que producen, a los que trabajan, a los que curan, a los que investigan, y por sobre todo a los que refutan.

Desde lo institucional, para que la grieta se eleve al nivel de debate, el jefe de Gabinete no puede escaparle a la obligación de informar al Congreso, y los ministros deben dar respuestas en las comisiones parlamentarias. Siempre es mejor el control a tiempo que la denuncia tardía.

Superar la grieta implica recuperar el debate. Un debate serio, informado, amplio y que requiere dejar de lado sólo lo que no tiene sentido discutir: la evidencia científica y el respeto por los derechos individuales consagrados en nuestra Constitución Nacional.

*Diputado nacional (PRO-CABA)

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