9 de Junio

Por Hugo Bruera. El general, exenlace parlamentario, evoca el episodio de los civiles fusilados en José León Suárez y los militares que ofrendaron sus vidas en defensa de la Constitución y la soberanía popular.

Por Hugo Bruera

A principios de 2006, el teniente general Bendini, jefe del Ejército, junto al diputado Lorenzo Pepe, secretario general del Instituto Superior Justicialista; y Daniel Brión, hijo de uno de los civiles fusilados en los basurales de José León Suárez y guía del grupo de familiares y sobrevivientes de aquel hecho luctuoso, decidieron rescatar a esos mártires de la democracia, hasta entonces sometidos a la evaporación sanadora del tiempo.

Bendini había bajado de la galería de directores del Colegio Militar a quienes habían sido primero y último presidente de aquel proceso antidemocrático pavoroso. En contraposición, había elevado los nombres de los ignorados granaderos fallecidos durante el bombardeo de junio de 1955 a la Casa Rosada, mientras ayudaban a las víctimas de los aviones militares. Se disponía ahora a subir a la veneración a más de diez militares que ofrendaron su vida, junto a otros valerosos ciudadanos, para devolverle la vigencia de la Constitución Nacional y la soberanía popular al país.

Con participación del Ministerio de Defensa, en esta casa el diputado Díaz Bancalari encabezó un acto organizado por Brión y varios proyectos de declaración fueron mostrando beneplácito por la valoración de estos homenajes. Tuve el honor de hablar frente a su tumba. La Escuela de Ingenieros del Ejército fue bautizada con el Nombre del General Juan José Valle. En Campo de Mayo se levantó un monumento en el lugar de ejecución, donde cada año rendimos homenajes a los treinta y dos civiles y militares inmolados en distintos puntos del país.

“Entre mi suerte y la de ustedes, prefiero la mía”, había escrito en 1956, el general Juan José Valle a sus criminales. Su compañero de la promoción 47 del Colegio Militar de la Nación, donde juntos, seguramente habrían escuchado ejemplares disertaciones sobre el espíritu sanmartiniano y el valor de la vida del soldado, no tuvo piedad. Aplicó al revés su “poder de gracia”. Ordenó fusilar a quienes el tribunal militar de la “Libertadora”, había condenado a la cárcel como consecuencia de su fallido levantamiento.

El autoproclamado presidente sólo despertaría de su larga siesta cuando supo que ya habían matado al último, su camarada y cabecilla, ignorando la súplica de las familias que tantas veces en los discursos castrenses, se ponía en primer plano.

Este 9 de Junio, la pandemia no permitirá reunirnos frente al monolito de Campo de Mayo, para abrazar a la nieta de Valle y otros descendientes de los conmemorados. Extrañaremos los honores de las tropas del Ejército y Banda Militar. Pero Don Lorenzo Pepe seguirá llegando al corazón de todos los compañeros con sus profundas palabras, esta vez en forma virtual. Porque quienes dieron la vida por la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, así lo merecen.

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