Construyamos la Argentina desde una visión distinta

Por Carlos Traboulsi. El autor sostiene que frente a la salida de la cuarentena tenemos dos opciones: “seguir en la línea histórica profundizando la pobreza y exclusión de nuestro pueblo o con decisión política avanzar hacia nuestra soberanía territorial y alimentaria de nuestros recursos marítimos”.

Las urgencias electorales obligan a nuestros políticos a mirar solo delante de sus narices para lograr efectos populistas que permitan superar el momento y obtener la adhesión en las urnas de la voluntad popular que los habilite para seguir en el poder disfrutando de sus beneficios olvidando las responsabilidades que esas funciones implican.  

Efectivamente, cuando se busca el poder por el poder mismo, olvidando el verdadero sentido y alcance de la Política con mayúsculas que es el ejercicio de la vocación de servicio al prójimo en la construcción del bien común, los pobres, las necesidades y el sufrimiento de las grandes mayorías se consolidan como única respuesta, sustentada en un asistencialismo que genera un círculo enfermizo sobre la fabricación de dinero falso condenando irremediablemente a la pérdida de futuro de todo un país. Siempre la urgencia deja de lado a lo importante.  

Vemos que se usa la expresión Soberanía Alimentaria para intentar fundamentar acciones violatorias de nuestros derechos consagrados en la Constitución Nacional, como es el caso del derecho de propiedad, pero sin embargo seguimos dando la espalda a nuestro territorio azul, donde dejamos en manos de depredadores extranjeros la explotación de nuestros recursos marítimos embolsando estos piratas, aproximadamente 14 mil millones de dólares al año en productos del mar que debieran ser parte de nuestras divisas genuinas.  

Debemos ser conscientes de nuestros recursos e intereses estratégicos marítimos ya que debemos conocer y querer lo que tenemos para saber qué es lo que podemos y debemos hacer. Así se empieza a concientizar para lograr la Soberanía Alimentaria y resguardar nuestra soberanía nacional ya que son varias potencias que disputan nuestro territorio azul, entre ellos Gran Bretaña, que al usurpar las Islas Malvinas ejerce un derecho sobre más de dos millones de kilómetros cuadrados de mar que son argentinos. No solo usurpan los 15 kilómetros cuadrados aproximados de tierra isleña, sino que ejercen autoridad sobre millones de kilómetros de mar.  

El mar es petróleo y gas, energía oceánica y marina, pesca y acuicultura, minerales marinos, algas y micro algas, sumado a todo lo que concierne a la naturaleza y al clima para generar un hábitat más amigable al ser humano.  

Pero hace falta además llevar adelante con decisión política las tareas de elaboración, gestión y ejecución de una política pública tendiente a la exploración y explotación de los recursos marítimos en forma efectiva y sustentable ambientalmente, como así desarrollar los intereses estratégico vinculados como ser: la industria naval de recuperación de la marina mercante, la de seguridad y defensa; la industria aeronáutica (aviones, helicópteros para diversas actividades); la logística portuaria, industrial en general y en particular la tecnológica, inteligencia artificial, metalmecánica, metalúrgica, empresarial, comercial y urbana. Hay que planificar, palabra ésta que como explicábamos al principio es desechada por los políticos por las urgencias electorales.  

Hay estimaciones técnicas serias, entre otras las del Centro Interdisciplinario de Estudios en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIECTI), que determinan un potencial económico de estos sectores para un plazo de 20 años de 250 mil millones de dólares de valor agregado con una capacidad laboral mínima directa de unos 200 mil puestos de trabajo en un escenario absolutamente conservador (donde no se valorizan minerales, fabricación de barcos, inteligencia artificial, servicios anexos, etc). Esto implica ingresos de más del 41% del PBI pudiendo incrementarse en un escenario activo y optimista a más de 4 billones de dólares (millón de millones) acumulados en los mismos 20 años tomados como referencia, con una capacidad de empleo directo de un poco más del millón de personas. Sin tomar en cuenta toda la mano de obra indirecta que la podemos multiplicar como mínimo por 5.  

Pensemos que hoy el mar aporta aproximadamente el 1,5% del PBI y se está trabajando técnicamente a través del PROMAR (organismo creado por ley 27167 de investigación e innovación tecnológica dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación), para trasferir conocimiento que permita incrementar a un 15% del PBI la generación de riqueza.  

Es por ello que, aprovechando este desastre que nos está provocando la pandemia pero, aún más, la pandemia económica, deviene imprescindible dar una vuelta de tuerca y asumir la decisión política de generar una política pública que se convierta en una política de Estado, creando la Agenda Nacional de Intereses y Recursos Estratégicos Marítimos (ANIREM) cuyos objetivos serían entre otros: planificar, elaborar, desarrollar, ejecutar una política nacional de intereses marítimos y establecer los procedimientos de articulación y coordinación de misiones – funciones – jurisdicciones de los distintos estamentos de carácter público, privados y/o mixtos, así como también de los intereses en juego: exploración, explotación del mar fortaleciendo la presencia, desarrollo y modernización de los puertos, mantenimiento y mejoramiento de las vías navegables, desarrollo del transporte marítimo y fluvial, impulso activo de la flota mercante de bandera, las conferencias de fletes internacionales, la industria naval en construcción y reparación de unidades, la pesca en mar argentino y coordinar la de aguas dulces con las provincias, su producción e incorporación de valor agregado, crecimiento y mantenimiento de la flota pesquera, fortalecer y llevar adelante la voluntad y decisión política de preservar la zona de exclusión y plataforma continental sostenida por la Argentina de 350 millas, la renovación de su material y la industrialización a bordo y en tierra, la formación y capacitación del personal y su matriculación, el diseño y desarrollo de la logística de tierra y mar, desarrollo industria aeronaval, terrestres, científico, inteligencia artificial y tecnológica aplicada. Deberá garantizar a través de regulaciones y normativas la sustentabilidad ambiental en el tiempo del océano, el mar y los ríos, a fin de que las actividades a desarrollar puedan efectivizarse sin afectar el valor social y ambiental de las aguas y sin disminuir ni alterar el potencial económico de los otros sectores industriales y productivos de la vida nacional.  

Es necesario que la agencia a crearse tenga estamentos de escucha y consulta con la industria, comercio, gremios, sectores profesionales y técnicos para posibilitar una gestión exitosa, ya que las superposiciones de responsabilidades y ejecuciones generan burocracias perniciosas que atentan contra la idea propuesta.  

El Estado deberá generar las condiciones necesarias emitiendo dinero en forma escalonada para impulsar este proyecto que tiene la característica de obtener en forma inmediata resultados. La emisión monetaria respaldada por la construcción y desarrollo de este territorio azul (6.500.000 kilómetros cuadrados de plataforma continental, más 5 mil kilómetros de costa) con todo lo que ello implica, no es inflacionaria; muy por el contrario, es respaldo monetario y generación de confianza en la moneda, dando fortaleza al peso, o permitiendo la creación del Peso Argentino (proyecto de nueva moneda respaldada en la producción del economista David Expósito), que permitirá dejar de lado la apetencia popular del resguardo adictivo en el dólar americano.

Saliendo del aislamiento social y obligatorio impuesto por necesidad, tenemos nuevas oportunidades desde lo económico, industrial y laboral, entre ellas una de las más importantes es sin dudas mirar al mar y a nuestros ríos. El Almirante Segundo Storni lo reclamaba desde principios del siglo XX hasta su muerte en 1954. Es el momento de asumir el rol de la historia y tomar la decisión política de llevarlo adelante, sin temores y con coraje. Los argentinos y las generaciones venideras tenemos el imperativo de mirar al mar con una visión integradora de nuestra economía. Una Argentina distinta y para todos es posible si aceptamos mirarla de una forma novedosa, modificando nuestras creencias culturales que nos dicen que solo el campo nos salvará.

Carlos Traboulsi es abogado, diplomado en Relaciones Internacionales, y secretario general del Partido Demócrata Cristiano CABA.

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