Perón, el general

Por Hugo Domingo Bruera. A días de un nuevo aniversario del fallecimiento del expresidente, el exenlace del Ejército en el Congreso de la Nación recuerda la influencia de Perón en la historia política argentina.

Cuando el 2 de Julio de 1974, el Salón Azul de este Congreso, recibía los restos mortales de Juan Domingo Perón, muerto el día anterior, despedía un teniente general del Ejército en actividad. Un año antes, el boletín militar 4502, había extinguido la Resolución del Tribunal de Honor de 1955 y le reintegraba el grado y uno de los más preciados símbolos de mando de los generales, la réplica del sable del Padre de la Patria, que hoy exhibe su panteón en la quinta de San Vicente. Un hecho simbólico quizás, que al final de su ardua lucha por los argentinos, se fuera en ejercicio de los máximos cargos de conducción tanto política como militar.  

Me gusta recordarlo como general, por mi profesión y porque la única vez que lo vi, un mes y medio antes del deceso, caminaba luciendo su uniforme, saludando a los cadetes de su Colegio Militar donde yo cursaba el último año.  

Su vida como oficial del Ejército Argentino, transcurrió desde 1914, cuando comenzaba la primera guerra mundial, hasta 1945 cuando finalizaba la segunda. Años que cambiarían el mapa del mundo y traerían las conocidas y profundas transformaciones sociales, económicas y políticas que fueron dando sustancia a su pensamiento.  

Creció rodeado de naturaleza y conociendo las penurias y pobrezas de los peones de los campos del sur donde habitó en la infancia, pero vio en ellos el valor fundamental para nuestras tierras y cuando pudo los protegió con un estatuto. Admirador en su juventud, de los grandes conductores montados de la antigüedad como Alejandro, Aníbal, Napoleón, San Martín; no entró en Caballería, arma que daba la oportunidad del relacionamiento social con las élites porteñas, sino en la Infantería, masiva y llana, donde la relación cercana con los soldados transmitía las necesidades humanas de nuestras regiones. Como instructor en la escuela de suboficiales convivió con “legiones de muchachos humildes que venían de todas las latitudes de la patria”. Dedicó muchos años a la educación de suboficiales y oficiales jóvenes.  

Sus virtudes intelectuales y conocimientos militares determinarían misiones internacionales en chile e Italia y un creciente prestigio y liderazgo entre sus camaradas. El gobierno de facto de 1943, al que aportó los principios sociales, lo colocó en un puesto casi intrascendente hasta entonces, el Departamento Nacional del Trabajo en cuyo reemplazo, crea la Secretaría de Trabajo y Previsión, para jerarquizar el área laboral del gobierno y donde prácticamente nació el peronismo.  

Con una edad donde todos sus camaradas se retiraban de la vida activa, él empezaba la tarea más ardua, que era la conducción de la felicidad del pueblo argentino. Grandes batallas en búsqueda de la justicia social le costarían 18 años de duro exilio y represalias crueles contra él y sus seguidores, pero no impidieron la vigencia eterna de su pensamiento. Murió como el presidente Juan Domingo Perón, el que le dio dignidad al trabajador y en su féretro, uniformado, millones de personas en llanto, despedían también al general del pueblo.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password