Demandamos seguridad y nos devuelven un actor

Por Jorge Luis Vidal. El especialista en Gestión de la Seguridad Pública sostiene que en la actuación del ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni se observa “desorden, falta de capacidad y de organización”.

Las claras y sabidas necesidades del territorio bonaerense en seguridad pública son harto conocidas desde hace años. No es novedad que la provincia no encuentra por los más diversos errores, todos políticos, una clara, profesional y acertada Política Pública de Seguridad y Convivencia que pueda implementar y llevar a cabo. 

Menos aún pueden los gobernadores, desde la creación del Ministerio de Seguridad, acertar en poner frente al mismo a alguien que desde el liderazgo, el raciocinio, capacidad organizativa y operativa, pueda ordenar y poner de pie a esa fuerza policial de 94 mil hombres y entregar a la población el producto que tanto requiere y reclama, Seguridad. 

Mal momento para que nos obliguen a asistir a la obra de teatro cuyo actor principal es el médico abogado coronel Sergio Berni, que, con su impronta falaz de conocedor de la seguridad pública, olvida la letra del guion que todos esperábamos oír, la de actor principal de un Ministerio, capaz, centrado, respetuoso, ordenado, es decir profesional, que nos hable de lo que encontró y de lo que va a hacer, cuáles son sus objetivos a cumplir y como erradicará o al menos como combatirá el narcotráfico. Pero en cambio, la obra teatral, nos devuelve un personaje arrebatado, locuaz sin sentido, escaso de conocimiento, sin liderazgo, prepotente, histriónico, superhéroe en motocicleta, que no le resulta ni le sirve a la población. Al único que le sirve es a él mismo. 

Esta es una obra de teatro a la que, aunque fuera gratis, no quisiera asistir. El personaje que llegó al Ministerio empujado y obligado, pasó de ser algo pintoresco a un verdadero problema para quienes los soportan y para quienes deben soportarlo, es decir la clase política, la población, y hasta su propia policía que ya lo mira con extremada desconfianza, debido a que sus actos contrastan con lo que hace puertas adentro. No defiende a sus hombres, ellos siguen estando con los mismos sueldos paupérrimos de la gestión anterior, y en cuanto al accionar Covid, no les proveyó en cantidad y calidad de los elementos de prevención para luchar contra el enemigo invisible. 

Este actor, irreverente, torpe, escaso de conocimiento en seguridad y falto de condiciones de líder, y no acostumbrado a salir a escena cuando se trata de coordinar junto a los compañeros de elenco de Nación y Ciudad, se salió de la letra del guion, y a los ojos de todos nosotros, la población, se observa el desorden, la falta de capacidad y de organización, que nos hace pensar que mejor nos debemos levantar de las butacas y solicitar la devolución del dinero de la entrada. 

¿Quién será el director de la obra que se anime a poner las cosas en orden y que nos devuelva la tranquilidad y necesidad de ver actores coordinados en bien de la puesta en escena teatral? 

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