Un viejo mensaje que con innovación puede poner de pie a la Argentina

Por Jaime Selser. El periodista y consultor en comunicación señala que, así como Europa pudo levantarse después de grandes tragedias, lo mismo logrará el país practicando la solidaridad, la fraternidad y la igualdad.

Igualdad, solidaridad, fraternidad. Son tres palabras que marcaron a fuego a la Revolución de Francesa. Precisamente el 14 de julio de 1789,  fogoneada por la burguesía se produce la toma de la Bastilla de París. La Bastilla era una cárcel del Estado que se usó como prisión durante aproximadamente 400 años, que en ese momento sólo custodiaba a 7 prisioneros y estaba rodeada por más de 30 soldados. Los parisinos los liberaron tras una dura batalla y ese hecho supuso el fin del Antiguo Régimen de los Estados Absolutistas modernos y el inicio de la Revolución Francesa. Se considera esta fecha como el inicio de la revolución francesa. Y un hecho curioso, justamente en la Bastilla estaba detenido Donatien Alphonse François de Sade fue un filósofo y escritor francés, autor de Los crímenes del amor. En sus obras son característicos los antihéroes. Fue encarcelado bajo el Antiguo Régimen, la Asamblea Revolucionaria, el Consulado y el Primer Imperio francés, pasando veintisiete años de su vida encerrado en diferentes fortalezas y «asilos para locos». También figuró en las listas de condenados a la guillotina.  Precisamente de su nombre deriva el término saadico. 

Tras la revolución vinieron cambios políticos, económicos y sociales. Mirado en perspectiva, ese evento fue la puerta de entrada a todo el mundo moderno que hoy conocemos. Hubo cambios radicales en el derecho de propiedad, se abrió paso al comercio y la mecanización la economía de escala y el trabajo como un valor, dieron un giro irreversible a la humanidad… 

Pero qué relación hay entre esos hechos de Francia de hace más de 200 y la realidad argentina de hoy e incluso de gran parte del mundo. 

Por un lado, que esos valores solidaridad, igualdad y fraternidad, han marcado el norte de innumerables naciones y pueblos, como utopías posibles. Ahora bien, estando esos principios vigentes. Lejos ha estado la humanidad de alcanzarlos y alcanzan los dedos de una sola mano para contar los países donde verdaderamente rigen. 

Para la Argentina, la conjunción de esos valores con el agregado de la innovación podrían ser la puerta de salida de un laberinto que parece tortuoso r indiscutiblemente nos tiene a los argentinos de rodillas. La Argentina puede ponerse de pie y solo lo logrará aferrándose a aquellos sanos valores, pero con el agregado de la idea de la innovación. Pero esa innovación debe buscar que todo lo que se hacía antes del coronavirus se logre recuperar, pero con un agregado innovador y, por otro lado, creando de cero innovando totalmente, como podría ser el desarrollo de la industria alimentaria de los productos derivados del campo, lo que multiplicaría la renta de nuestros terratenientes unas 10.000 veces. 

El coronavirus, ha traído al centro del debate paradigmas que parecían indiscutibles hasta unos pocos meses atrás. Un ejemplo claro, la idea de producción, la presencia corporal en muchas actividades ha quedado en evidencia que es al menos innecesaria. Ni hablar del rol del Estado, hoy todos los Estados del mundo, son intervencionistas activos. Debe haber una mirada fresca y seria de lo que está pasando. Si los cambios se los quiere mirar con la lente del pasado, las decisiones serán de atraso. El sano conservadurismo progresista entonces sería empujar los cambios. 

Si pudo Europa levantarse después de la postguerra y pudieron miles de italianos, españoles y otros inmigrantes que llegaron a la argentina en barco con tan solo una valija de cartón, convertir a nuestro país en un país rico… Porque las generaciones de hoy no van a levantar a nuestro país. Solo hace falta abrazarnos como argentinos, respetándonos en nuestras diferencias, dejar de mirar al que piensa distinto como enemigo, empujar juntos para el mismo lado más allá de diferencias partidarias. En definitiva, practicar la solidaridad, la fraternidad y la igualdad. Yo lo dijo el gran filósofo, escritor y preclaro ciudadano José Narosky, “tantos siglos de civilización y no aprendimos a abrazarnos”, un respetuoso y caluroso saludo a Francia y su pueblo en un nuevo aniversario de la Madre de las revoluciones. La Revolución Francesa. 

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