Atentado a la AMIA: hace 26 años pude haber muerto, hoy puedo contarlo

El autor escribió el original de este artículo periodístico justamente en oportunidad del ataque. Hoy vuelve a redactarlo. Pasaron siete presidentes. Todo sigue igual, nada ha cambiado.

Por Ricardo Mangano

Aquel 18 de julio de 1994 era un día muy frío. Yo trabajaba (y trabajo) como periodista en el Congreso de la Nación -por aquel entonces, corresponsal de LT 14 de la ciudad de Paraná, Entre Ríos-. Ese día me quedé dormido. Generalmente me despertaba temprano, leía los diarios, desayunaba y alrededor de las 9.45 caminaba por la calle Pasteur, pasaba frente a la AMIA, hasta la avenida Rivadavia y desde allí hasta la calle Riobamba 25, donde se encuentra el Anexo de la Cámara de Diputados.

Aquel recordado 18 de julio (nunca más se me olvidará esta fecha). Estaba bañándome, el calefón no andaba bien desde hacía un tiempo. Se apagaba y hacia explosiones. No había tenido tiempo para arreglarlo. A las 9.53 de aquel día frío sentí una terrible explosión. Pensé que el viejo calefón se negaba a laburar. Asustado, con crema de afeitar en la cara y una salida de baño, salí asustado a verificar pero el calefón estaba prendido. Y el ruido era ensordecedor. Me asomé por la ventana de mi cuarto, que observé que tenía todos los vidrios rotos esparcidos sobre mi cama y pude observar cómo se derrumbaba un edificio de 7 pisos, entre gritos desgarradores que aún retumban en mi mente. No sabía qué hacer. Lo que se veía era espantoso.

Mi pasión por el periodismo hizo que me comunicara rápidamente con la radio en Paraná y en menos de 2 minutos estaba al aire contando todo lo que se veía desde mi dormitorio. Antes hablé con mis colegas de la Sala de Periodistas del Congreso de la Nación. Me acuerdo que me atendió Enzo Campetella, quien no podía dar crédito a lo que le estaba contando. Unos días antes habíamos estado conversando la posibilidad de un nuevo atentado contra la comunidad judía en la Argentina. El primero había ocurrido el 17 de marzo de 1992 contra la Embajada de Israel.

A los 10 minutos del atentado, ya estábamos todos frente a la sede de la AMIA. El Congreso de la Nación se encuentra a apenas 7 cuadras. Raúl Graneros, Enzo Campetella, Néstor Boela, entre los que me vienen a la memoria. Enseguida Néstor empezó a filmar, ya que junto a Enzo cubrían la corresponsalía de Canal 10 de Río Negro. Sus imágenes recorrieron el mundo porque fueron las primeras en tomarse.

Todo era un caos. Todo era confusión. Ambulancias, policías a granel, uniformados y de civiles. Tal era el descontrol que los patrulleros no dejaban ingresar a las ambulancias que intentaban rescatar a los heridos enterrados bajos los escombros del derrumbado edificio judío-argentino.

Ayudábamos como podíamos. El Hospital de Clínicas se encuentra a 1 cuadra. Todavía recuerdo las imágenes de personas corriendo con camillas llevando personas heridas.

Con Graneros buscábamos testimonios. Hubo algo que nos llamó la atención. Parado frente al edificio derrumbado estaba Aldo Rico, por aquel entonces diputado de la Nación por el Movimiento por la Dignidad y la Independencia (MODIN), con una campera marrón oscuro y un pantalón azul.

Quisimos hacerle un reportaje, habló poco y se lo notaba muy nervioso. Nos dijo que, casualmente, estaba tomando un café cerca cuando se enteró de lo ocurrido.

En diciembre de 1995, el juez Juan José Galeano, que tenía a su cargo la investigación del atentado, descubrió en Campo de Mayo que una banda de civiles y militares se dedicaba a robar armas y explosivos del Ejército para venderlos ilegalmente.

A partir de esa pista, Galeano llegó hasta una casa de Bella Vista que no pudo allanar porque pertenecía al diputado nacional (MC) del MODIN Emilio Morello, por entonces, mano derecha de Aldo Rico. Morello terminó su mandato en diciembre de 1997. Todo quedó en la nada.

El presidente Alberto Fernández dijo en una nota que lleva su firma, publicada en La Nación el 16 de febrero de 2015, que el acuerdo con Irán era la prueba del encubrimiento del atentado y que la vicepresidenta era la autora de un delito. “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar. Merced a ese pacto, la evaluación de los hechos quedaría en manos de una comisión que funcionaría en la patria de los prófugos y en la que la mayoría de sus miembros debería contar con el acuerdo iraní. ¿Para qué pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?, publicó en letras de molde.

También lo dijo en la televisión argentina. Junto a Nelson Castro en TN, afirmó que Cristina Fernández de Kirchner (hoy su vicepresidente) “fue instigadora” del Pacto de Irán.

En vísperas de cumplirse el 26 aniversario del ataque a la AMIA, el presidente Alberto Fernández dio un giro completo en su evaluación acerca de lo que significó para la Argentina la firma del pacto con Irán, destinado a que declararan ante la Justicia los acusados del atentado, y sobre el rol de Cristina Kirchner en el tema: pasó de considerarlo un delito y a la vicepresidente una encubridora, a justificar el acuerdo.

Las expresiones de Alberto Fernández terminaron de encolumnarse con las de Cristina Fernández, que festejó en plena cuarentena la incorporación de un informe a la causa judicial donde está acusada de encubrimiento, en el que Interpol dijo que nunca estuvieron en riesgo las circulares rojas.

Fernández completó el giro en dos encuentros con la comunidad judía. Primero, recibió el martes pasado una delegación de la comunidad judía junto a los padres de Sebastián Barreriro, la víctima más joven de la AMIA. Allí los dirigentes comunitarios le pidieron que peleara para que no se dieran de baja los pedidos de captura de Interpol. Y Fernández les dijo que sus objeciones al pacto con Irán estaban relacionadas con su legalidad, porque implica resignar la jurisdicción judicial argentina, y no con las alertas rojas, que siguieron en vigor. Los dirigentes le señalaron que las alertas quedaron debilitadas por la firma del pacto, porque en la página de Interpol aparecía en cada pedido de captura un banner advirtiendo sobre el acuerdo. Y Fernández les contestó que es cierto que el memorándum fue luego declarado inconstitucional, pero que las alertas siguieron vigentes.

Ahora, en una charla con el American Jewish Committee, directamente justificó el pacto con Irán: “Cuando se buscó un acuerdo, que yo critiqué mucho, en el fondo fue un intento de destrabar y encontrar una solución”, dijo Fernández a Dina Siegel Vann, directora para América latina de la entidad judeo-norteamericana.

Así, en cinco años, el memorándum con Irán pasó de ser la evidencia de un delito de encubrimiento a un intento de encontrar una solución.

Por la firma de ese acuerdo, la vicepresidenta Cristina Kirchner y un grupo de ex funcionarios fueron citados a un juicio oral y público acusados de encubrimiento, aún sin fecha. La denuncia por ese delito la hizo el fiscal Alberto Nisman, quien cuatro días más tarde apareció muerto, en lo que la justicia federal investiga como un homicidio.

Este 18/06/2020, el presidente Alberto Fernández afirmó que “los argentinos tenemos una deuda que debemos saldar” y destacó que “la búsqueda de verdad y justicia es un imperativo moral que debe unirnos a todos contra la impunidad”.

Han pasado 26 años. El 18 de julio de 1994 fui un testigo privilegiado, pero podría haber formado parte de la lista de muertos. No era mi destino. Nadie duda, excepto los que pusieron la bomba que lo ocurrido aquel día, fue una terrible hijaputez

Nadie quiere encontrar a los culpables. Seguimos velando nuestros muertos, respetemos sus memorias porque es hoy también es “duelo nacional”.

Ricardo Mangano es periodista y licenciado en Comunicación Social

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