En un momento inesperado, el presidente es sometido a un inesperado “fuego amigo”

Sería inconveniente reconocerlo en público y no lo hicieron, pero solo la certeza de que la cuarentena estricta en el AMBA se hacía inmanejable motivó una flexibilización que no es tan grande en los anuncios, pero lo será en la práctica. Los peligros de las críticas hacia Fernández provenientes de su mismo espacio.

Por José Angel Di Mauro

Siempre se supo que conforme se dilatara la cuarentena y la llegada del pico de contagios se extendiera, tarde o temprano las autoridades se encontrarían ante el dilema de tener que decidir aflojar las restricciones tal vez en el momento menos indicado. Ese fue un riesgo que todo el mundo advirtió cuando promediando el mes de marzo se dispuso una cuarentena sumamente estricta para evitar que aquí se replicaran las imágenes que ya llegaban desde Europa.

En efecto, por una vez tuvimos la posibilidad de contar con el diario del lunes y poder disponer con tiempo medidas para evitar lo que en países como Italia y España debieron resolver sobre la marcha, sin referencias precisas y con resultados gravosos. Así las cosas, nosotros no avanzamos a tientas, pero la verdad es que la pregunta que siempre todos se hicieron aquí fue qué pasaría cuando llegara el invierno y la curva comenzara a empinarse. Llegó el invierno, la curva está en ascenso y por razones económicas y de cansancio social se hace imperativo flexibilizar. Los infectólogos, que siempre mantuvieron el discurso de cerrar, esta vez fueron soslayados. En el peor momento.

Surgieron dudas cuando en un mismo día de esta semana se registraron picos de muertos y contagios, justo cuando la decisión de cambiar de fase en el AMBA estaba tomada. Pero era claro que ya no habría vuelta atrás. Porque no hay nada peor para una cuarentena que la misma sea ignorada por la población, y es lo que estaba sucediendo. Depende las zonas, pero la realidad es que la circulación de la gente -según pudo determinarse a través de estudios realizados en base a las antenas de los celulares- siguió siendo intensa durante esta etapa, sobre todo en las zonas más populosas y humildes. El mantenimiento del ASPO en Fase 1 se hacía inviable y así fue que debieron reacomodar los discursos de modo tal que no quedara expuesto que lo resuelto fue consecuencia del humor social, que esta vez prevaleció por sobre la recomendación de los infectólogos. No todos, pues precisamente esta última semana comenzaron a alzarse voces de especialistas que esgrimiendo el otro lado de la biblioteca consideran un error haber adoptado una cuarentena tan temprana y extensa.

En efecto, con 120 días ya cumplidos, la Argentina es el país de la cuarentena más extensa del mundo.

Para preparar el terreno, hasta la publicidad oficial varió los últimos días, haciendo hincapié en aclarar que el esfuerzo sirvió para evitar que la cantidad de casos y muertos se multiplicara de manera exponencial, como así también preparar el sistema para evitar su colapso. Ahora, dependerá más de la responsabilidad ciudadana; el método utilizado con singular éxito en la vecina Uruguay, cuyo presidente tuvo profusa difusión los últimos días en nuestro país, con entrevistas sucesivas en medios argentinos.

El cambio de fase se da en un momento en el que, con mayor o menor variación, todas las consultoras coinciden en percibir una persistente caída de la imagen presidencial. Previsible, conforme la misma había alcanzado picos muy elevados en el inicio de la cuarentena: en la medida que el hartazgo social se ha ido profundizando y la crisis económica se agrava, tiene lógica que el índice de adhesión decaiga. Pero a ello hay que sumar errores propios y, sobre todo, una sensación cada vez más marcada de la elevada influencia de la vicepresidenta en la toma de decisiones. “El poder bifronte” del que hablaba la oposición al principio de la gestión -más como advertencia que de manera probada-, es hoy cada vez más certeza en el círculo rojo y buena parte de la sociedad.

Por razones económicas y de cansancio social se hace imperativo flexibilizar.

El fuego “amigo” afectó especialmente a Alberto Fernández la última semana, que se inició precisamente el domingo pasado con apenas un tuit de la vicepresidenta. Bastó con su recomendación de un artículo publicado en Página 12 para que quedara expuesto rápidamente el mensaje. “El mejor análisis que he leído en mucho tiempo. Sin subjetividades, sin anécdotas”, señaló Cristina Kirchner en referencia a la nota del periodista Alfredo Zaiat en la que fustigaba fuertemente a los empresarios de los que se había rodeado el Presidente el 9 de julio. Durísimo con Techint y Clarín en particular, el comentario denostaba a lo que representa el Grupo de los 6: “Es un poder económico conservador, ideologizado al extremo y contaminado de los lugares comunes de la ortodoxia económica”, advertía. CFK, a su vez, deslizaba en su tuit se trataba de un artículo “de lectura imprescindible para entender y no equivocarse”. ¿Quién sino el Presidente debería entender y no equivocarse?

Desde hace un tiempo bastante largo, Hebe de Bonafini se ha constituido en una voz marginal de la política. Por eso cuando promediando la semana recogió el guante de la vicepresidencia para abofetear al Presidente con el mismo tema, muchos prefirieron minimizar sus dichos, pero otros consideraron que la titular de Madres estaba expresando lo que la líder del espacio no puede decir en público. Y más, cuando Víctor Hugo Morales la emprendió contra el Presidente por la postura expuesta por el embajador argentino ante la ONU en torno a la situación de los derechos humanos en Venezuela. El relator uruguayo recibió entonces un llamado de Alberto Fernández para aclararle la postura de su gobierno y desandar en menos de 24 horas lo que había parecido un mensaje hacia Estados Unidos, justo cuando se hace imprescindible un apoyo de esa administración en un momento determinante de la negociación por la deuda. Sin siquiera convencer del todo a Morales, Fernández enfatizó su reconocimiento a la “legalidad” de la presidencia de Nicolás Maduro.

El último paso lo dio el Presidente al conceder una entrevista a Dina Siegel Vann, directora para Latinoamérica del Comité Judío Estadounidense, con motivo de un nuevo aniversario de la voladura de la AMIA. Era obvio que saldría el tema del memorándum con Irán y al respecto Fernández recordó haberlo criticado “mucho”, pero ahora lo definió como “la búsqueda de ir destrabando esta causa”.

Se había especulado con que la presentación de los anuncios del viernes en Olivos sería grabada con anterioridad y no habría preguntas de los periodistas. Sin embargo fue en vivo y hubo espacio para cuatro buenas preguntas. Y el Presidente tuvo así la oportunidad de aclarar un poco las cosas. Sin enojarse y en un tono moderado que es en rigor el que mejor le sienta, Alberto minimizó las disidencias dentro del heterogéneo Frente de Todos, sin necesidad de negarlas. Fue un cierre decoroso para una semana muy complicada en ese sentido.

Una semana que se había iniciado con una reunión con los jefes parlamentarios de la oposición que arrancó complicada ante la postura de Juntos por el Cambio de condicionar su presencia a que sus miembros no debieran participar en el mismo zoom que el resto de la oposición. Previsiblemente el condicionamiento generó fastidio en los representantes de esos bloques más pequeños, pero a los que el exoficialismo endilga “haber sido funcionales a todas las demandas que les ha planteado este gobierno desde el 10 de diciembre”.

Lo cierto es que las reuniones con la oposición han sido pocas, aunque Máximo Kirchner abrió el juego en el encuentro del lunes facturándoles que durante la gestión macrista el kirchnerismo nunca había sido invitado al diálogo, cosa que es real. Como sea, el antecedente que motivó la actitud de JxC no era demasiado auspicioso. El último encuentro había sido, por videoconferencia, el 17 de abril, primera etapa de la cuarentena y cuando todavía esa oposición consideraba a Alberto el “comandante en jefe” ante esta pandemia. En esa oportunidad había estado presente el ministro de Economía, al que Mario Negri pidió que se presentara ante la Comisión Bicameral de Seguimiento y Control de la Deuda Externa para dar detalles de la negociación. Martín Guzmán se mostró esa vez de acuerdo con asistir, pero nunca lo hizo. Por el contrario, esa comisión se activó en realidad para iniciar una investigación sobre la deuda externa tomada en tiempos de Macri.

Esa vez Cristian Ritondo y Mario Negri pidieron también por la demorada creación del Consejo Económico y Social. Fernández les dijo que él tenía pensado enviar esa ley para discutir políticas de Estado, y que iba a evaluar el tema, pero el mismo sigue estando pendiente.

Con todo, la agenda pautada para discutir durante esa reunión -que fiel al estilo presidencial se demoró casi una hora, durante la cual los referentes de JxC estuvieron deliberadamente callados en el zoom-, casi no se tocó. Sí se ocupó el Presidente de reprocharles duramente por el comunicado emitido por ese espacio en ocasión del asesinato del exsecretario de los Kirchner. Dicen los legisladores opositores que el reto parecía más estar hecho para que escuchara Máximo Kirchner. Es parte del equilibrio que permanentemente parece ejercitar Fernández.

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