Cuando Cristina impulsó la reducción de la Corte

Cómo fue la sesión en la que la entonces senadora nacional promovió la reducción de 9 a 5 del Tribunal Superior.

La entonces senadora Cristina Kirchner al promover la reducción de la Corte Suprema en 2006.

Cristina Fernández de Kirchner defendió su proyecto para reducir el número de miembros de la Corte Suprema el 9 de noviembre de 2006. Fue un discurso de casi 14.000 palabras en el que, como miembro informante, la entonces senadora por Buenos Aires señaló que con esa decisión, más que a una “autolimitación” -que era como el presidente del bloque del Senado, Miguel Pichetto, había definido a la medida-, “estamos ante un hecho al que si debiera agregarle un adjetivo tendría que ser el de inédito, porque en realidad, es la primera vez en toda la historia de la República Argentina que alguien, pudiendo nombrar dos miembros de la Corte sin modificar una sola coma del ordenamiento legal vigente, renuncia a ello y retoma el camino de los cinco miembros, un camino que tuvo su origen en la Reforma de 1860, que fue el único que rigió hasta el año 58. En efecto, como todos los señores senadores saben, la Constitución del 53 preveía el número de 9. Era un número clausus, un número cerrado: establecía en 9 el número de integrantes de la Corte. En realidad, esto nunca pudo ponerse en términos operativos”.

Tras detallar cómo había evolucionado el número de miembros de la Corte a lo largo de la historia, la senadora Kirchner se remontó a 1987, cuando el entonces presidente Raúl Alfonsín presentó un proyecto de aumento de miembros del Tribunal Supremo. “Y es curioso que el incremento de los miembros de la Corte en 1990 haya sido muchas veces analizado y catalogado -incluso por nosotros mismos- como algo inédito y único en la historia. A poco de estudiar la historia, uno advierte que no fue el único intento, sino, tal vez, junto con el de Frondizi, el que tuvo éxito. Pero hubo otros intentos”.

“En 1987, el doctor Alfonsín, con la firma de su ministro de Justicia -el ingeniero Jorge Sábato-, presenta un proyecto de ampliación de miembros de la Corte elevando la facultad por parte del Poder Ejecutivo de que sea su titular el que proponga al Senado de la Nación quién presidirá la Corte y, si obtiene el acuerdo del Senado, ese será su presidente. Pero con una salvedad: si la persona propuesta por el Poder Ejecutivo hubiera ocupado con anterioridad el cargo de presidente de la Corte, ni siquiera era necesario que pasara su designación por el Senado de la Nación”, agregó, para acotar luego que esa iniciativa si bien fue sancionada, nunca llegó a concretarse.

Y finalmente llegó a la ley que estableció en nueve el número de miembros de la Corte.

Así continuó el discurso de Cristina: “El dictamen unánime de comisión quiere poner un punto de inflexión en esta cuestión. No plantea ni aumento ni reducción de miembros; simplemente restitución a lo que fue durante casi 100 años un sistema en la República Argentina”.

“Desde ya que nadie pretende que con esta modificación se logre inmediatamente tener una mejor administración de Justicia o que se vayan a solucionar todos los problemas del país. Simplemente, se trata de restituir una señal y hacer un aporte importante a lo que se ha mencionado hasta el momento”, aclaró.

“El dictamen que se somete a consideración también aborda otro tema que había tomado cierta relevancia en algunas discusiones o reportajes que se vieron en letra de molde sobre cuál era la mayoría o minoría. En efecto, el sistema prevé que se llegue a 5 miembros a medida que se vayan produciendo las vacantes definitivas, ya sea por muerte, renuncia o cualquier otro motivo. Además queda claro cuáles son las mayorías absolutas de los números, algo que estaba claro para el resto de los argentinos ya que no es algo que quedaba sometido a cuestiones ideológico-partidarias, sino a una cuestión numérica según la integración sea de 7, 6 o 5 miembros”.

“De esta manera, creo que se aporta a una cuestión que tiene que ver con la institucionalidad del país y con lo que señalaba al principio: la necesidad de marcar una conducta diferente”, agregó quien un año más tarde se convertiría en presidenta.

Y recordó: “Había una propuesta del señor senador Sanz, presidente del bloque de la Unión Cívica Radical, en cuanto a incluir un cambio en el dictamen a efectos de contemplar una modificación en el sistema de cobertura de cargos cuando se produce la recusación o la excusación de los jueces. Todos sabemos que actualmente, ante una recusación o excusación por parte de alguno de los miembros de la Corte, hay una ley de subrogancia que determina que deberán ser reemplazados por los titulares de las cámaras. En este sentido, si bien muchos de ellos pueden haber sido elegidos por el sistema anterior a la reforma de 1994 o a través del Consejo de la Magistratura, con posterioridad, lo cierto es que ni en un caso ni en el otro tienen los dos tercios necesarios que se exige para ser miembro de la Corte. A tal efecto, se propone una modificación”.

“En igual sentido, el señor senador por Salta (Ricardo) Gómez Diez había propuesto incorporar también algunas cuestiones tales como la de delimitar la competencia de la Corte, de modo tal que no tuviera un fárrago de causas que tornaran no solamente tediosa sino también muy lenta la administración de Justicia. Por ello consideramos que este tema debe ser producto de un tratamiento diferente y específico y a través de la consideración de un proyecto de ley que, en todo caso, aborde el problema globalmente, para poder tener una reforma más profunda del sistema de justicia. Seguramente, alguien deberá ejercer controles de constitucionalidad y hay diferentes proyectos e idea en cuanto a tribunales de esa naturaleza”.

Cristina concluyó su discurso diciendo que iban a mantener el dictamen tal cual había sido firmado por unanimidad en la comisión y de ese modo lo someterían a la consideración del plenario.

Pero como hemos dicho, Cristina volvió a hacer uso de la palabra al cerrar el debate, elogiando calurosamente el discurso del presidente de su bancada, Miguel Pichetto, y coincidió también con muchos de los planteos escuchados, como los de la senadora Negre de Alonso en cuanto a la división de poderes, y el senador Ernesto Sanzen cuanto al rol de los poderes. “¡Porque la división de poderes es para todos los poderes! -exclamó-. ¿Qué quiero decir con esto? Que así como a mí jamás se me ocurriría sancionar un proyecto indicándole a tal o cual juez cómo tiene que dictar una sentencia, ningún juez debe indicar a un legislador o algún miembro del Poder Ejecutivo lo que tiene que hacer en aquellas materias que la Constitución le asigna competencia exclusiva al Poder Ejecutivo o al Poder Legislativo”.

Más adelante dijo que “cuando una sociedad decide cambiar el rumbo de una política, no lo hace demandándole a la Corte una medida o una sentencia. Es mucho más simple y sencillo: va y vota cada dos años. Así expresa su adhesión o no a determinadas políticas. Algunos llaman a esto populismo. Quienes más utilizan esta palabra son los que fundamentaron y coadyuvaron a todos los golpes más terribles que se han dado contra las instituciones en la República Argentina. Los invito a que hagan un informe o estudio estadístico de quiénes son los que más hablan de populismo. Reitero: son los que contribuyeron y militaron en todas las dictaduras de la Argentina”.

Señaló en otro pasaje que “estoy convencida de que estamos dando un paso fundamental. El Decreto 222 es muy importante y también marcó un hito. Pero que en una Argentina donde se cambiaban las normas para ampliar la Corte, quien hoy puede designar a dos miembros, renuncie a hacerlo, reitero, es algo inédito”.

Y abundó luego Cristina, más fiel a su estilo: “Podría contar todas las sugerencias que me han llegado para cubrir estas dos vacantes; inclusive de muchos que por allí hablan de calidad institucional. Tengo todavía en mi despacio los currículum -algunos firmados-, de cónyuges de importantes dirigentes de la oposición, de la más cruda oposición, enviados para proponerse como miembros de la Corte en nombre de no sé qué cosa. Uno después los oye hablar de calidad institucional en los medios de comunicación y puedo asegurar que se me revuelve el estómago. Yo tengo millones de defectos. Pero estoy segura de que hipócrita no soy, no fui, ni seré nunca”.

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