En el debate sobre humedales reclamaron al Congreso salir de su “zona de confort”

Una extensa lista de expositores tuvo la cuarta reunión informativa desarrollada por la Comisión de Recursos Naturales de Diputados que elabora una ley para proteger un recurso natural que en los últimos 300 años se vio reducido en nada menos que un 87%.

Foto: Facundo Ovejero

La Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Humano, que conduce el diputado bonaerense Leonardo Grosso (Frente de Todos) desarrolló este viernes su cuarta reunión informativa para analizar una ley de presupuestos mínimos de protección de humedales.

El encuentro, desarrollado de manera virtual, contó con la presencia de 18 expositores, y en su transcurso hubo fuertes reclamos a que el Congreso “salga de su zona de confort” para aprobar finalmente la ley, como así también alertaron sobre un fuerte lobby para frenarla.

El diputado Leonardo Grosso aseguró que “se está trabajando en la unificación de todos los proyectos para emitir un dictamen urgente”.

María Eugenia Testa, directora ejecutiva del Círculo de Políticos Ambientales detalló los puntos clave que tiene que tener una ley de estas características. Entre ellos, consideró “indispensable” que para que el ordenamiento pueda “ser lo más consensuado posible, se garantice la participación de la sociedad civil durante todo el proceso de elaboración (del proyecto) y que además una vez finalizado, sea aprobado  a través de una ley nacional y las legislaturas provinciales, para dar espacio al debate político a nivel provincial”.

A su turno, el investigador del Conicet Juan José Neiff calificó a los humedales como “un objeto polifacético”, por lo que “no se puede abordar con una sola palabra todos los humedales, porque una cosa es un humedal fluvial, como podría ser el Delta o la región del Paraná en general; otra un lago como los lagos de Córdoba, o los lagos del sur, que incluso no entrarían en la definición, porque son muy profundos; entonces eso hace que sea difícil el tratamiento en una ley en el mismo sentido para todos los humedales”.

Para Maristella Svampa, también investigadora del Conicet, “ya no existen discusiones en el campo científico acerca del carácter antrópico” del tema. Habló de “los responsables de la crisis climática, de la pérdida de biodiversidad y otros temas más que hoy amenazan la vida en el planeta”.

“Necesitamos dar una señal muy contundente de que el Estado tiene que regular”, señaló Grosso.

“Este consenso científico insiste también en la necesidad de modificar los modelos de desarrollo a través de políticas públicas que protejan a los bienes naturales y también de instalar una agenda urgente de transición socioecológica. Antes de la pandemia 11 mil científicos firmaron una declaración a través de la cual confirmaron la aceleración del cambio climático y llamaron a instalar medidas drásticas, cambios severos en los modelos de desarrollo para hacer frente a esto”, puntualizó.

Sobre el final, Svampa lanzó un desafío: “¿Qué hará este Congreso? ¿Estará a la altura de este desafío, saldrá de su zona de confort, o seguirá insistiendo en el negacionismo climático, en la ceguera y en el analfabetismo ambiental para no aprobar esta ley? ¿Saldrá de la zona de confort que implica confrontar con los intereses empresariales que están detrás del lobby que se opone a la ley de humedales, y que además en algunas provincias agrega intereses mineros, e inclusive arroceros? ¿Le dará la espalda a una sociedad que hoy exige esta ley? ¿Le dará la espalda a la ciencia que está reclamando una modificación de los modelos de desarrollo?”

Otro discurso duro fue el del abogado ambientalista Enrique Viale, autor del libro El Colapso ecológico, quien arrancó aclarando que se niega a discutir técnicamente este proyecto. “No es un problema técnico por el que no avance esta ley”, aclaró, recordando que un proyecto similar ya tuvo media sanción años atrás, “y Diputados fue la encargada de archivarlo en algún coqueto cajón”.

“Hay que decirlo: detrás del no avance de la ley hay lobbys, y lobbys muy poderosos”, enfatizó. Luego dijo sentir un deja vu con lo que pasó con la Ley de Glaciares. “Ahí había un lobby enorme de la Cámara de Minería, de las grandes mineras, y acá hay un triple lobby: los agronegocios; la especulación inmobiliaria, que ha avanzado sobre humedales para destruirlos y construir ahí los barrios cerrados; y el lobby minero. Este lobby no quiere ninguna regulación, por más mínima que sea. Los proyectos que existen no tienen prohibiciones, son regulaciones mínimas… Acá no hay vueltas, el que no quiere esta ley quiere destruir humedales; es uno u otro. Acá la grieta es absolutamente transversal”.

Referente de Jóvenes por el Clima, de Rosario, Jackeline Ermini sostuvo que “la ley de humedales es el primer paso; necesitamos de legisladores comprometidos con la protección de nuestros recursos, de nuestros ecosistemas, y tenemos el deber de abogar por un país en donde se respete la salud del ambiente, donde se pondere la dignidad de los pueblos y se garanticen los derechos humanos”.

A su turno, María Aguilar, coordinadora general de Departamentos de Educación Socioambiental e Investigación Política Socioambiental, dijo que a pesar de los beneficios de los humedales, que detalló en una extensa lista, los mismos “se encuentran entre los ecosistemas más afectados y más amenazados por las actividades humanas”. En ese sentido advirtió que “se estima que alrededor del 87% de los humedales del planeta se perdieron en los últimos 300 años”.

Al concluir la reunión, el presidente de la comisión, Leonardo Grosso, expresó su esperanza porque podrán “sortear esos enormes lobbys económicos que todos vemos y escuchamos y que quieren ganarle una pulseada al Estado. Y que quieren que el Estado no regule. Y nosotros necesitamos dar una señal muy contundente de que el Estado tiene que regular, porque la nueva normalidad que tenemos que construir no permite doble varas: el planeta es uno solo, no hay ‘planeta B’, todo lo que hicimos hasta acá nos llevó hasta acá, con estos grandes problemas que tenemos, y tenemos que repensarlo profundamente para construir una perspectiva ecologista. Y para eso, una de las herramientas más importantes que tenemos es la capacidad del estado de regular”.

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