Un aporte al debate sobre las Táser

Por Ana María Bou Pérez. La legisladora porteña de Vamos Juntos y ex ministra de Salud de la Ciudad analizó el debate acerca de esas pistolas a raíz del asesinato del inspector Juan Pablo Roldán.

Las pistolas Táser vienen acentuando la grieta desde hace varios años, los unos y los otros tienen distintas razones para sostener y no moverse ni un centímetro de sus fundamentos.

En estos días se reabrió el debate con la muerte de un policía tratando de resistir a un paciente enfermo mental.  Si bien, algunos sostienen que el uso de la Táser hubiese evitado la muerte del agente, la utilización de estas armas tiene muy reglado dónde, en qué circunstancias y contra qué tipo de agresores utilizarlas. En este caso,  una de las contraindicaciones es usarlas en pacientes psiquiátricos.

Por supuesto si dudamos del mal uso de ellas, de la falta de capacitación de la fuerza, si nos atamos a nuestra historia política de represión, es un horror poder pensar en incluirlas. Pero en este contexto de dudas también lo son las armas de fuego.

Nuestras fuerzas de seguridad tienen que poder disponer de toda la tecnología y equipos de protección para con ellos y para con la sociedad. Todos queremos y exigimos una policía bien remunerada con todos los elementos técnicos a su disposición. Es preciso recurrir al uso de la tecnología, pero con un protocolo cuidadosamente elaborado que contemple cada una de las situaciones en la que debe emplearse el arma y una fuerte capacitación a las fuerzas de seguridad que les permita hacer un uso criterioso  en aquellas circunstancias que puedan suponer un grave riesgo para su vida o para la seguridad ciudadana. Las fuerzas de seguridad de Alemania, Arabia Saudita, Australia, Canadá, España, Finlandia, Francia, Reino Unido, Suiza, Suecia, Chile, Colombia, Brasil, Bolivia, entre otras, ya las usan.

Cada vez que sucede un hecho como este nos juramos que no tiene que volver a suceder. Y así, vamos de tecnología en tecnología, intentando atrapar una zanahoria que siempre se escurre entre las manos. Estoy convencida que el tema no son las armas y sus formatos, es el empeño en garantizar una buena formación humanística de las fuerzas de seguridad, único modo que puedan utilizar con sensatez  cualquier tipo de arma.

En CABA tenemos desde hace cuatro años una policía que no tiene mucha historia, donde uno de los pilares más importantes es la capacitación. Tenemos que darles la posibilidad de que tengan todo a su alcance para cuidarse, cuidarnos y tener una Ciudad más segura.

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