Aporofobia: el rechazo a una realidad evitable

Por Eugenio Casielles. El diputado porteño sostiene que es imposible pensar en un futuro próspero sino empezamos a encontrar respuestas ante la creciente pobreza estructural.

Hablamos siempre de que en nuestro país existe una grieta. Desde el inicio de nuestras bases nos dividimos y luchamos entre nosotros. Hoy hay una grieta que separa, pero que duele más que cualquier otra, y es la diferencia entre el pobre, y el resto.  

Múltiples son las formas que tenemos de llamarlos: pobres, marginados, necesitados, desdichados, humildes, desfavorecidos; hablamos de sus hogares como barrios humildes, barrios populares, villas miseria, porque decorar la pobreza es más fácil que enfrentarla. Y así nos formamos, alejándonos unos de otros por ser diferentes, mientras reconocemos que existe una problemática que tapamos con donación de alimentos y ropa, incluso sabiendo que eso no es suficiente, pero escuchen: peor es no tener nada. 

Y cómo surge el pobre, surge su categorización: aporofobia. Probablemente esta sea una palabra que nunca escuchaste o leíste, pero la conoces; hablamos del rechazo y odio al pobre.  

Suena fuerte decirlo de esta forma, pero si queremos enfrentar la pobreza tenemos que sincerarnos y entender, asumiendo la responsabilidad, que estas diferencias sociales también nos competen. La realidad sería distinta si nuestra preocupación se centrara en escuchar al otro, en lugar de asumir que solo nosotros somos los que podemos dar algo. 

El compromiso con el otro debe ser íntegro, no solamente cubriendo una necesidad básica y vital, sino acompañando en la proyección de su futuro; la mejor donación que podemos dar, es nuestro tiempo. Va a ser necesaria la coordinación entre todas las partes, desde el sector público, al privado, y todas las organizaciones que todos los días asumen esta gran responsabilidad.  

Hoy hablamos de un 41% de pobreza, 10,5% de indigencia, 6 de cada 10 chicos son pobres, y la situación crítica indica que estos números pueden seguir empeorando. Es imposible pensar en un futuro próspero, y mucho menos, igualitario, sino empezamos a responder a una realidad que venimos atravesando desde hace años. La pobreza estructural existe, y mirar hacia otro lado solo habla de hambre, enfermedades, desempleo y egoísmo. Somos buena gente, no queremos esto para nadie. Es el momento, hay muchas formas de ayudar. Por eso, los invito a todos a visitar www.construyendofuturos.com.ar 

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