Argentina, misión imposible: esta cinta se destruirá en cinco segundos

Por Nancy Sosa. La periodista repasa la compleja situación que atraviesa el país.

Quien no tenga conciencia del estado de gravedad en que se encuentra la República Argentina, vive en otro planeta, tiene malas intenciones políticas, o le importa un rábano que el país derrape mal, mucho peor que en todas las ocasiones anteriores.  

Consecuencias inminentes: exilio de las jóvenes generaciones hacia lugares donde puedan trabajar y sostener un proyecto; sociedad en estado de anomia generalizada; presente invivible por falta de certezas económicas y laborales, seguridad en la vía pública y posibilidades de planificar una salida nacional al caos instalado; futuro inexistente.  

La Argentina atraviesa un estado de demolición interna por impericia de sus gobernantes. El ministro de Economía Martín Guzmán es una muestra cabal de que esa área está manejada por alguien que no conoce las costumbres, las mañas y las maniobras financieras, enraizadas en una sociedad que fue llevada por sucesivos gobiernos a confiar en otra moneda que no es la propia. Si Guzmán dice -porque así lo cree- que el “blue” no incide en los precios, echemos los fideos y bajemos las persianas. La “dolarización” no es culpa de los pequeños ahorristas, sino de los que manejan la economía del país. Los cepos no sirven, hay que trabajar sobre la cultura y generar una moneda confiable, ya no para el exterior, sino para nosotros mismos.  

Hace décadas que arrastramos males sin darles una solución: la deuda externa es el eterno problema del endeudamiento de un gobierno para que el siguiente la pague. El que tiene que pagarla no lo hace y se la pasa al que le sigue. Se odia al Fondo Monetario Internacional, pero en los interregnos la amistad se renueva, se le sacan unos mangos y después se negocia para no pagar. No tiene importancia si Néstor Kirchner le pagó todo porque se endeudó por otro lado, no tiene importancia que Axel Kicillof le pagó de más al Club de París. En 2015, Argentina ya no tenía un mango y había “distribuido la riqueza”, un decir, por medio de subsidios que ahora no se pueden eliminar para que la gente no se muera de hambre en las calles.  

La inflación es una podredumbre que resiste todos los antibióticos y hasta ahora no apareció el mago que la baje. En varios reportajes que hice para la revista Movimiento en 2009 y 2010 me contestaban “¿y qué importancia tiene la inflación?”. Tiene tanta importancia que con los años sufrió tantos maquillajes que hasta escondió la pobreza debajo de la corteza terrestre. ¿Quién sabe cómo bajar la inflación, carajo? ¿Por qué no se escucha a los que saben y se aplican las medidas por más duras que sean?  

Si quieren pueden echarle la culpa a la pandemia, pero el desempleo no empezó el 20 de marzo de este año, es antiguo, empezó en la década del 70, se profundizó con las deplorables políticas militares de entrega del país, y en la democracia nadie pudo suturar esa herida que cada día se abre más, está llena de gusanos e infecta a todo el cuerpo social. Van siete gobiernos de distinto signo y ninguno baja la informalidad que ahora ya supera largamente el 40 por ciento, cientos de miles de familias y sus descendientes no conocen el trabajo formal, viven de las changas o terminan escapándose bajo los efectos de los narcóticos berretas que los matan. El medio pelo para abajo hace colas interminables para conseguir un puestito de mozo o lavaplatos. Los que estudian y se preparan para una profesión no encuentran el puesto, o encuentran uno mal pago con ningún reconocimiento al mérito. Y se van, claro que se van a ir porque aquí solo encuentran desazón, fracaso, exclusión, ninguna escalera que subir hacia el triunfo de la vida.  

Como si esto fuera poco estamos padeciendo una enfermedad que bien puede curarse rápidamente, pero los gobernantes ni algunos jueces no quieren hacerlo, por conveniencia. El dicho es siempre el mismo: “mientras peor, mejor”. Esta vez el concepto dejó de anidar los ánimos militantes de los partidos de izquierda para recluirse en cenáculos del poder donde se tejen las estrategias más perversas, de las que tendrán que arrepentirse cuando se vuelvan en contra.  

La inseguridad callejera se convirtió en una amenaza contra los habitantes que siguen las reglas, y un desafío para quienes hartos de ser asaltados y golpeados por los delincuentes liberados por el actual gobierno en abril pasado, deciden hacer justicia por mano propia. Y la justicia sin aparecer, los jueces garantistas liberando a diestra y siniestra, favoreciendo a los delincuentes e ignorando a las víctimas. Recién empezamos a ver esta situación, en tanto el capitán médico que recorre la provincia de Buenos Aires en moto quiere comerse crudos a los delincuentes, pero al final termina echándole tierra al asado.  

En ese cuadro fatal, asistimos, sin exagerar, a una virtual guerra de guerrillas, esparcida por todo el territorio nacional. La excusa es la toma de tierras a la que se plegaron, incluso, algunos que solo ven en esas operaciones un negocio a costa de los pobres. No faltan las anécdotas ridículas de algún resentimiento aristocrático buscando venganza familiar y escudándose en el amor a la ecología, como lo de Dolores Etchevehere en Entre Ríos, decidida a habilitar a Juan Grabois en su sueño del lotecito propio.  

La guerra de guerrillas es menos pueril y más dramática en el sur del país donde el escudo pseudomapuche está cometiendo desmanes con tierras fiscales y privadas, intrusando viviendas, impidiendo el ingreso de sus dueños, bajo el increíble argumento de la herencia ancestral, que no existe legalmente, pero los jueces la dejan correr para molestar a los “ricos” que habitan la belleza argentina. El gobierno nacional brilla por su ausencia, tiene una mirada antropóloga.  

Y como si todo eso fuera poco, el gobierno nacional también mira para otro lado cuando los gobernadores –que le han cortado el teléfono a todos sus gobernados- cierran las fronteras caprichosamente, no dejan entrar a familias enteras apostadas en las fronteras y a la intemperie, con la excusa del contagio del Covid 19. Meses de cuarentena hace la gente al borde de una ruta por la estupidez de esos gobernadores que no saben siquiera hacer un protocolo para que entren sin contagiar. ¿Es posible que el presidente no tome cartas en esos asuntos hablando con los gobernadores para que depongan actitudes de semejante injusticia? Esa gente no puede volver a su hogar, no puede volver a su trabajo, están sin dinero, sin alimentos, sin abrigo, sin techo que los cobije, y muchos están enfermándose. La semana que pasó murió uno de ellos por querer cruzar el río a nado.  

Es imposible vivir de este modo, encima con la amenaza de pescar el virus, caer enfermo, no encontrar cama ni respirador artificial disponible. Es un infierno en el más ajustado término de la palabra. La Argentina de la cuarentena elogiada por su premura llegará en poco tiempo al primer lugar del ranking de contagios y muerte, y seremos de una vez por todas la “number one” del mundo que siempre ansiamos y ni siquiera con el fútbol conseguimos.  

En contrapartida, en vez de convocar a una “unidad nacional”, aunque fuere provisoria y transitoria, la estrategia oficial se remite a ver cómo se eliminan los jueces que juzgan a la actual vicepresidenta por sus complicadas causas judiciales iniciadas durante su mandato de 2012 a 2015, y también posteriormente. Una preocupación personal que entierra los necesarios objetivos de un país.  

La última noticia da cuenta de que eliminarán las PASO del año próximo. Si bien es cierto que coincidimos en que nunca sirvieron para nada, sí lo hicieron en favor del kirchnerismo que las impuso. Ahora, para 2021 no les conviene; entonces, las levantan. Ese alarde de justicia es apabullante. No les conviene porque quieren que en la elección general la centroderecha y sus diferentes manifestaciones dividan al electorado y les permita mantener el número de diputados y senadores que tienen ahora. Los banderazos van diciendo que no los avalarán, son los “malditos” de la clase media que siempre deciden quién gana. Con ellos la actual coalición llegó al gobierno, con ellos –heridos como están por la economía y los agravios permanentes- puede sufrir una debacle en octubre del año venidero. 

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