Sobredosis de optimismo frente a una temporaria calma cambiaria

Mientras celebra mesuradamente la derrota de Trump, el gobierno da por terminada la cuarentena y se ilusiona con una vacuna que pueda distribuir en tiempo récord y que evite una segunda ola en campaña electoral.

Por José Angel Di Mauro

Tal vez el optimismo fue el pecado original del gobierno de Cambiemos. Eso que le hacía pensar que una lluvia de inversiones iba a acompañar la llegada de “un gobierno racional”, tras “12 años de populismo” en la Argentina. Ese optimismo que les hacía hablar del segundo semestre, de que derrotar la inflación era el desafío más sencillo y que dar la Reparación Histórica -a expensas de generar 1,9 punto más de gasto- era posible pues íbamos a crecer al 6 o 7% y el gasto se iba a ir licuando con el tiempo, fue en definitiva la perdición del gobierno de Mauricio Macri.

Una de esas apuestas de la primera parte del mandato de Cambiemos fue el realineamiento con los Estados Unidos -relación extraviada en tiempos de Cristina a punta de alicate-, pero el fervor le jugó una mala pasada cuando se jugaron abiertamente  por Hillary Clinton y contra todos los pronósticos se impuso Donald Trump. A la larga, y debido a que Mauricio Macri tenía una relación de vieja data con el magnate, el gobierno argentino logró entablar una muy buena relación con Washington, pero siempre se consideró que el más serio error en política exterior de la gestión anterior fue alinearse anticipadamente con los demócratas y quedar decididamente en offside.

Ese fue un error que el gobierno de Alberto Fernández no cometió. Tanto andar a contramano en política exterior, esta vez la administración del Frente de Todos se cuidó de mostrar preferencias, más allá de que se morían por celebrar la derrota de Trump. Pero se cuidaron de no hacerlo. Buena parte de ese mérito es del embajador argentino en Washington Jorge Argüello.

El optimismo a ultranza del gobierno de Macri se chocó con una realidad que alineó los planetas en su contra: sequía histórica, Brexit, Trump… Siempre se lamentó ese oficialismo de no haber tenido al menos un poco del viento a favor que acompañó a Néstor Kirchner.

Esta semana en Gobierno no pocos comenzaron a pensar que los planetas se le están alineando a Alberto Fernández. Nadie podría hablar de “viento a favor” cuando este gobierno se encontró a tres meses de gestión con una pandemia, pero no puede negarse que en los últimos días “cambió el clima”.

Si el valor de la moneda norteamericana es capaz de marcar el estado de ánimo de los argentinos, nada mejor que un dólar blue bajando día tras día. Claro que para ese milagro arañó antes los 200 pesos, pero cuando esa moneda baja todo lo previo pasa a un segundo plano. Incluso que el ministro de Economía haya tenido que dejar de lado los manuales que traía desde Columbia para abrazar cierta ortodoxia. Con todo, la tormenta lejos está de haber pasado y no pocos economistas advierten que las medidas son “cortoplacistas”, que las reservas siguen bajando y que a lo sumo la calma durará hasta las fiestas; pero esto es un día a día y conforme ese criterio la pax cambiaria es un activo inapreciable.

En ese contexto es que un encumbrado dirigente oficialista confió a este medio sus previsiones positivas para 2021. Tras asegurar que ya para el presente año era pesimista aun antes de la pandemia, hoy se juega a anticipar que en 2021 la Argentina “va a crecer más de 5 puntos”. Afirma que entre inversión pública e inversión privada vamos a generar arriba de 450 mil empleos; que el acuerdo con el Fondo nos va a devolver definitivamente a los mercados, y que ese acuerdo nos sacará “las dos montañas que teníamos por delante en materia de vencimientos, 2021 y 2022”. Lo cual, afirma, “termina de darle a la Argentina una mejor perspectiva de tasa al sector público y al sector privado”. Para nuestro interlocutor, “el año que viene el consumo va a crecer más de 12 puntos y el único enemigo que tiene que atender el gobierno el año que viene es la inflación”.

Alberto Fernández al anunciar el vienes el pase del ASPO al DISPO. (Foto: Presidencia de la Nación)

Se sostiene que la carta pública de la vicepresidenta actuó como una suerte de revulsivo. En ese marco, y con cierta calma alcanzada al borde de la cornisa, el gobierno parece decidido a aprovechar cada chance que se le presenta. A riesgo de que le facturen la sobredosis de optimismo, salieron a agitar la palabra mágica en pandemia: vacuna. Y así como hace no mucho tiempo explotaron al máximo los acuerdos alcanzados por la vacuna de Oxford y la de Pfizer, ahora le sacan rédito a la Sputnik V. El objetivo es plantear ante la gente exhausta por la pandemia un horizonte promisorio que solo puede prometer la vacuna. De ahí la novela rusa, que levantó previsibles resquemores.

En la negociación con los rusos participó activamente el gobernador Axel Kicillof y ahora se entiende de qué habló la vicepresidenta con el embajador de la Federación Rusa, Dmitry Feoktistov, cuando lo recibió en su despacho del Senado el 29 de octubre.

La vicepresidenta al recibir al embajador ruso en su despacho del enado.

En ese marco, el gobierno redobló la apuesta. Con idas y vueltas como siempre ha sido con las autoridades de Salud en esta pandemia, el Presidente se despachó el viernes garantizando que para fines diciembre habrá diez millones de argentinos vacunados. Lo cual no coincide con lo que anticipan los especialistas, pero habrá que reconocerle entonces al Presidente la audacia de arriesgarse a que sus palabras se le vengan en contra. Cosa de la que sabe con creces.

La consigna en tiempos de malas es dar buenas noticias y si son pocas, exprimir al máximo las que haya. En ese marco, Alberto Fernández dio por terminada la cuarentena. Al pasar del ASPO al DISPO, aspira a que dejen de contarle los días al decreto que firmó el 19 de marzo, que se deje de hablar de “la cuarentena más larga del mundo” y que aun cuidándose, la gente comience a dar vuelta la página. Y que la vacuna, rusa, inglesa o china, haga lo suyo para evitar lo que sino será una segunda ola en plena campaña electoral.

Una campaña que el gobierno aspira a postergar lo más que pueda. Por lo pronto, suspendiendo las PASO. Con ese objetivo los gobernadores están haciendo el trabajo fino de limar las  primarias, bajo el argumento del gasto excesivo en tiempo de pandemia, y del riesgo sanitario que conlleva una elección extra, aun en tiempos de distanciamiento. El gobierno se hace mientras tanto el distraído y dice que cualquier modificación tiene que provenir del Congreso. Y allí ya varios legisladores sugirieron la inconveniencia de hacer las PASO, pero ninguno todavía presentó un proyecto, elemento indispensable para poder comenzar a hablar en serio.

Una encumbrada fuente legislativa deslizó ante este medio por dónde puede venir la presión que aplicarán en la materia: en las supuestas contradicciones de Juntos por el Cambio, muchos de cuyos miembros más notorios se pronunciaron de manera crítica respecto de las primarias obligatorias en el pasado reciente. Pero van más allá, al señalar un proyecto que tiene estado parlamentario y corresponde al diputado del PRO Pablo Tonelli. Lo presentó en octubre del año pasado, después de las primarias de agosto que fueron lapidarias para Cambiemos, y en el mismo pide directamente derogarlas. Vale aclarar que Tonelli siempre fue crítico de las PASO, a las que considera “inconstitucionales”. Y no lo empezó a decir después de que a Cambiemos le fue mal: ya a principios del año pasado decía que esa ley viola “la autonomía de los partidos políticos, que deben tener libertad para organizarse y poder elegir sus candidatos”.

Es así que nuestra fuente legislativa mostró las cartas al señalar que si eventualmente se toma la decisión de avanzar en la suspensión de las PASO, “¿para qué inventar proyectos si ya está el de Tonelli?”.

De tal manera el oficialismo no haría otra cosa que repetir con las PASO la maniobra ya utilizada en el Senado con la reforma de la Ley del Ministerio Público, para la que está usando proyectos de la oposición para ir más allá y cambiar la mayoría necesaria para poner o sacar al procurador general.

A propósito, es ante esa movida que Elisa Carrió salió a pedir a Juntos por el Cambio rever el rechazo a la designación de Daniel Rafecas como procurador, tomándolo como el “mal menor”, ante el riesgo de que el kirchnerismo opte por un candidato más radicalizado que pueda imponer por mayoría simple. La poca sintonía del kirchnerismo con el juez federal quedó expuesta esta semana cuando la senadora María de los Angeles Sacnun, que responde a Cristina, se mostró molesta con la líder de la Coalición Cívica por salir a apoyar a Rafecas. Es en ese marco que Juntos por el Cambio resolvió no tomar partido, pues el propio oficialismo no se decide.

Podría pensarse que el objetivo de Lilita habría sido ese: exponer esas diferencias y potenciarlas. ¿Cuántas chances sigue teniendo Rafecas después de que Carrió saliera a apoyarlo tan abiertamente?

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