La urgencia de la presencialidad escolar

Por Susana Kunzi. La asesora educativa, y diplomada en Educación advierte la necesidad de pensar soluciones que nos acerquen acuerdos, de lo contrario “se profundizará la desigualdad y se generará un quiebre entre instituciones y jurisdicciones”.

La licenciada Susana Kunzi.

A un mes del cierre lectivo 2020 nos encontramos con un inicio de la escuela presencial en algunas provincias, en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires y CABA. 

Según datos aportados por Unicef, en el momento más crudo de la pandemia a nivel mundial, alrededor de 200 países cerraron sus escuelas afectando a más 1.500 millones de estudiantes de todos los niveles. Con estas cifras, el regreso a la escuela presencial adquiere un significado profundo, y abre un debate entre las familias y los profesionales de la educación. 

El ansiado retorno no sólo garantiza un intercambio -con distancia social- entre docentes, alumnos y familias, sino que permite el pleno ejercicio de derechos y equipara igualdades. En Argentina, cerca del 20% de los estudiantes no pudo acceder a la educación online por falta de dispositivos y/o de conexión, con este porcentaje amplio de niños y jóvenes estamos alimentando aún más la brecha de desigualdad social. En este sentido, el reciente informe desarrollado por la Fundación Malala, promueve una guía que impulsa el regreso de las niñas a la escuela para reforzar la igualdad género, ya que la interrupción escolar pudo significar un retroceso respecto de los avances alcanzados en los últimos años exponiendo con mayor crudeza a las niñas y jóvenes de los sectores más vulnerables. 

Si bien nadie tiene un manual que permita garantizar exitosamente el regreso a la presencialidad, lo más importante es el enfoque y los avances que promueven desde organismos e instituciones educativas para concretar esta posibilidad en cada institución educativa. En el caso de las jurisdicciones hoy tienen la posibilidad de volver, esa instancia es muy importante para familias y estudiantes. A la vez que permite concretar un cierre de ciclo, el re-encuentro con sus pares también habilitará a cada institución a vivenciar la experiencia de la escuela post pandemia, algo con lo que vamos a convivir por un largo tiempo. 

No se trata de generar debates encontrados, sino de encontrar soluciones ante la situación que estamos viviendo. La realidad nos ha mostrado que muchos estudiantes son quienes piden volver a las aulas, y que el aislamiento puede tener consecuencias en la salud mental de muchos niños y niñas jóvenes. 

Es oportuno escuchar a los protagonistas, mostrar acuerdos. Muchas instituciones están hoy trabajando en los protocolos para este cierre de ciclo y también están pensando protocolos para el ciclo 2021. Si no generamos un acuerdo en cómo será este regreso, nos veremos envueltos en argumentos parciales y posturas encontradas. 

Necesitamos pensar soluciones que nos acerquen al acuerdo, de lo contrario se profundizará la desigualdad y se generará un quiebre entre instituciones y jurisdicciones que tengan la posibilidad del regreso a clases y aquellas que crean que la vuelta aún no es posible. Cómo entender, por ejemplo, que la Ciudad de Buenos Aires trabaje en el regreso, incluyendo también al nivel inicial, mientras otras jurisdicciones se niegan a esa posibilidad. 

No se trata de generar quiebres sino de aportar ideas. El beneficio será para los miles de estudiantes que hoy están experimentando aprender en casa. La solución está en el acuerdo y en cada institución.   

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