La política del tero

Por Carlos Lionel Traboulsi. El secretario general del partido Demócrata Cristiano CABA sostiene que el Gobierno “asusta on el virus para mantenernos ocupados y por otro lado se intenta adelante un proyecto de país que no es acompañado por las grandes mayorías”.

¿Hablaremos alguna vez los argentinos de frente, con la verdad y dejando de hacer relatos para justificar, o, mejor dicho, para ocultar nuestros errores y trasladarles las culpas a los otros?  

Estamos viviendo una época de pandemia donde todos debemos cuidarnos y el mensaje del gobierno nacional está orientado en ese sentido. Pero al mismo tiempo que se nos dice que hay que cuidarse el Gobierno construye agenda política para confrontar a la sociedad y obligar a la ebullición popular saliendo a las calles en grandes masas sociales.  

Pareciera que se asusta con el virus para mantenernos ocupados y por otro lado se intenta adelante un proyecto de país que no es acompañado por las grandes mayorías. La política del tero, grita en una parte y coloca los huevos en otra.  

Tema expropiaciones, avance sobre la justicia, corrupción con libertad de delincuentes, ataque a la clase media, aborto, jubilaciones, ahora la prohibición de exportar maíz, quite de fondos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dólar, retenciones, ataque a la Corte Suprema de Justicia de la Nación buscando su ampliación o un órgano judicial de igual jerarquía que juzgue los casos que la Corte no acepta, intento de vulneración de la libertad de prensa, uso del dinero del Estado como propio, etc. etc.  

Un proyecto político confrontativo que mientras se le pide a la sociedad cuidarse, por el otro lado las vuelcan a las calles con las protestas de repudio o apoyos. Lo cierto es que el gobierno no tiene voluntad de transitar una pandemia en forma tranquila y de unidad, sino que trató en gran parte de la extensísima cuarentena, transformar la argentina con medidas que esperaban no fueran movilizadoras de las mayorías, no calculando que la idiosincrasia de los argentinos no es precisamente la sumisión, más allá de no ser un pueblo violento. Abrazamos la democracia y veneramos la libertad, y esas dos razones son suficientes para no aceptar el atropello.  

Hubo error de cálculos, y ahora se quiere trasladar las culpas a los jóvenes que cansados están intentando recuperar su libertad y sus vidas. Ahora es el momento de colaborar con las familias para que haya protocolos que permitan orden y distanciamiento, sin necesidad de perder nuevamente los contactos sociales y afectivos. Pero no se puede apelar a la responsabilidad de adolescentes y jóvenes ya que son rebeldes por naturaleza, tienen ejemplos desde  

el poder pésimos y saben que el virus los afectará, pero no es tan mortal como se decía, y eso los envalentona aún más.  

La culpa no es del chancho sino de quien le da de comer, y el gobierno nacional debe asumir sus culpas, errores y avasallamiento de la democracia en momento que la sociedad debía estar cuidándose en forma aislada o de distanciamiento. Quisieron jugar con el oportunismo político y legislativo de no contar con presión social, avanzaron, y lograron la presencia masiva del pueblo en la calle que hoy es imposible retornarlos a sus cauces de distanciamiento.  

A todo ello debemos sumarle que es necesario trabajar y recuperar la economía. El esfuerzo realizado ha sido muy grande y lo logrado ha sido desocupación, cierre de industrias, pobreza, marginalidad, ausencia de educación, inflación, inseguridad, pérdida de valores, desesperación por no tener un futuro en el horizonte de recuperación mínima de lo perdido. Esto es culpa del Gobierno nacional que partiendo del relato de lo negativo del gobierno anterior en un año de gestión nos sumió en uno de los momentos más difíciles y comprometidos de la historia argentina.  

Sino empezamos a hablar con la verdad y dejamos de lado el relato con fines electoralistas, la argentina va al suicidio, y espero que el pueblo no lo permita.  

Las urnas están a la vista, sepamos dar una respuesta valiente dejando de lado los corazones partidarios, las prebendas planeras, y votemos un parlamento que esté a la altura de las circunstancias. Un Parlamento que sea freno de cualquier intento trasnochado de hacer un país gobernado por una autocracia populista con pobres cautivos del Estado que les sostengan en las urnas y sin futuro para la clase media. Un territorio sin bandera ni horizonte que las mayorías repudiamos.  

Que empiece a tronar el escarmiento compatriotas para hacer viable la Argentina.  

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