La desobediencia civil, el temor que llevó a desechar cerrar la noche

El vodevil recreado en torno al toque de queda que no fue no hizo más que mostrar los temores del gobierno por una segunda ola que lo encuentra sin alternativas. La cuarentena fue muy extensa y severa como para recrearla en cualquier formato. Paralelamente, todo se mide a esta altura en términos electorales.

El presidente dialogó con los gobernadores para buscar consenso sobre cómo seguir ante el crecimiento de casos. (Foto: Presidencia de la Nación)

Por José Angel Di Mauro

Una de las críticas más enfáticas que se le hacían al gobierno en plena vigencia del ASPO era que “se enamoró de la cuarentena”. Como sea, lo cierto es que en un momento dado concluyeron que era tiempo de dar vuelta la página y comenzar a hablar del “post pandemia”. Algunos de los que sostenían esto son los que le insistían al Presidente para que dejara Olivos y comenzara a mostrarse en actos públicos -no videoconferencias-, y que fuera más seguido a Balcarce 50.

Así se llegó al DISPO y para tranquilizar espíritus se puso énfasis en la vacuna. Ese fue otro error del gobierno: alardear demasiado con el tema, que por un lado llevó a la gente a convencerse inconscientemente de que la pandemia era un problema superado, y por otro no asegurarse las dosis prometidas, ni tampoco los proveedores correspondientes. El poco explicado desacuerdo con Pfizer y la casi exclusividad concedida finalmente a la Sputnik V -autorizada por el Ministerio de Salud en lugar de la ANMAT-, contribuyeron a llenar de dudas un espacio donde no debería haberlas.

A propósito, ahora suena fuerte un entendimiento con China para asegurarnos millones de dosis de su vacuna, lo cual lleva a relacionar las “exigencias inaceptables” de laboratorios privados a la disponibilidad del país para hacer efectivos los pagos correspondientes, problema que se soslaya cuando la relación es entre estados.

Así y todo, aun con vacuna el mundo tardará un tiempo prolongado en sacarse de encima esta pandemia, y la vuelta de página ante el problema era más una expresión oficial de deseos que un hecho concreto. El rebrote, ya es una realidad certificada por cuatro días consecutivos con más de 13 mil casos detectados; los muertos rara vez bajan de los 150 diarios y al paso que vamos antes de terminar febrero habremos superado los 50.000. Con suerte.

Ya era una sensación, pero los últimos días quedó claro que el gobierno no tiene un plan B para una pandemia que ni siquiera figura en el Presupuesto 2021. Y eso que tenemos a Europa, que en esta cuestión sigue siendo un espejo que adelanta, pero en el gobierno no quieren saber nada de “segunda ola”. Los países del Primer Mundo, que están en invierno y penando con un virus aun más virulento, vuelven a cuarentenas estrictas, o en casos como Alemania, imponen reclusiones que antes habían evitado. Pero acá ya no hay espacio para una cuarentena como la del año pasado. No hay margen social para acatarla, ni economía que aguante otro encierro. Y menos en un año electoral.

Como sea, la prioridad es salvar las vacaciones. No hay recursos para repartir IFE y ATP en las zonas turísticas de todo el país si la temporada se arruina. Por eso siempre se pensó en el gobierno en marzo como una fecha bisagra: fin de las vacaciones y entrada al otoño. Pero para entonces esperan que la vacuna ya esté haciendo su efecto. No es lo que nos cuenta la experiencia europea.

En este marco los contagios están camino al nivel del pico de casos, y se teme que en los próximos días suban más, producto de las fiestas de fin de año. La propuesta del gobierno de implantar una suerte de toque de queda convencía a las autoridades, aunque no tal terminología. Pero desde que empezó a circular la idea se notaron resistencias, sobre todo del sector gastronómico, que a duras penas sobrevivió a la cuarentena. Los restaurantes no podrían soportar perder la noche, que es lo que representaría cerrar a las 23.

Ya no hay espacio para una cuarentena como la del año pasado. No hay margen social para acatarla, ni economía que aguante otro encierro. Y menos en un año electoral.

Ya hemos dicho que no hay peor cuarentena que la que no se cumple. Y si lo dijimos es porque se veía venir el conato de desobediencia civil que se plasmó en las horas previas a la difusión del DNU cerrando la noche en todo el país. Algunos mandatarios (CABA, Córdoba y Mendoza) se adelantaron a expresar su rechazo. El gobierno, que ya tiene problemas con lo del poder “bifronte”, no podía darse el lujo de una desobediencia generalizada que lo debilitaría mucho. Además, no sonaba bien cargar las tintas sobre la juventud, mercado electoral que el kirchnerismo considera mayoritariamente afín. Por eso la demora en la difusión del decreto. Iba a anunciarse el jueves y quedó para el día siguiente, con una versión muy lavada y difusa; tan solo sugerencias para que cada gobernador decida. Una forma de compartir responsabilidades y riesgos. Por eso tampoco estuvo el Presidente en los anuncios, contradiciendo la estrategia oficial habitual.

Las vacilaciones también se ven en la postura del gobierno bonaerense, originalmente el más propenso a cerrar.

El gobierno, que ya tiene problemas con lo del poder “bifronte”, no podía darse el lujo de una desobediencia generalizada que lo debilitaría mucho.

La Ciudad de Buenos Aires no tuvo nunca dudas respecto de no cerrar la noche, aunque hizo el gesto de disponer el cierre comercial a partir de la 1. En la previa los gastronómicos se habían pintado la cara y desde la sede de Parque Patricios les dieron garantías en sentido contrario. Ya quedó atrás el tiempo de la sintonía porteña con Nación y Provincia. Hoy la guerra es de baja intensidad pero persistente: el jefe de Gobierno desechó la invitación de Nación para sentarse a negociar con los funcionarios nacionales tal cual estableció la ley sancionada por el Congreso, donde a instancias de los diputados cordobeses se introdujo un cambio a la media sanción del Senado para abrir una instancia de negociación de 60 días para avanzar en un convenio que defina el monto de la transferencia anual para solventar el traspaso de la policía a la Capital. Larreta considera que sentarse a negociar conspiraría con la presentación judicial de CABA ante la Corte Suprema.

El rechazo de la Ciudad al “toque de queda” nocturno hubiera marcado una nueva toma de distancia con la Nación, pero obedecía además a la necesidad del distrito: el comercio es una fuente de ingresos clave y se potencia ante la quita de recursos.

A propósito, esta semana se supo que YPF puso en venta su edificio corporativo de Puerto Madero, una icónica obra del arquitecto César Pelli, por la que se promocionó que la empresa estima poder llegar a embolsar unos 400  millones de dólares. La decisión fue enmarcada en la estrategia de la petrolera de concentrar recursos en el núcleo del negocio, la producción de energía, y financiar con los recursos que puedan ingresar de la operación inmobiliaria parte del plan de trabajo. Se habló también de una medida para “engrosar la política de austeridad y gestión eficiente” adoptada para esta etapa. Amén de ello, un legislador porteño recuerda que en el debate en el Senado sobre los fondos de CABA un legislador de La Cámpora se preguntó porqué razón YPF tenía que tributar en la Ciudad, donde “no hay ni un pozo petrolero”. A partir de entonces, no debería sorprender que la compañía traslade su sede por ejemplo a Neuquén, para dejar de garantizarle ingresos a la Ciudad. El kirchnerismo suele mostrar sus cartas antes de jugar.

Todo va a parar a la grieta

Hablamos ya del año electoral y eso está patente en cada acción de unos y otros. Desde la oposición adelantando su rotundo rechazo a cerrar la noche aun cuando no se había resuelto nada, a la difusión del descontrol en las playas en municipios gobernados por intendentes de JxC. En cada movimiento, propios y extraños ven y denuncian conspiraciones. Con cruces de acusaciones por vacunas que se echan a perder; e intendentes opositores que cuestionan la distribución de las vacunas a través de hospitales provinciales y su aplicación en colegios, cuando hay centros de atención primaria y vacunatorios municipales más adaptados precisamente para ese fin. Todo vale para ensanchar la grieta.

Quedó claro en el arranque mismo del año con los casos Piparo y Donda. Distintos, pero ideales para reagrupar a los dos bandos. En el primero, se aprovecha la movida para tratar de sacar de circulación a una eventual candidata a intendente en la capital provincial; en el otro, pegarle al gobierno donde puede dolerle. Tuvo que salir el Presidente a pronunciarse y, como no podía ser de otra forma, justificó a su funcionaria y minimizó la gravedad del caso. Tiene sentido: si algo tiene claro el Frente de Todos es la necesidad de mantener la unidad a como dé lugar. No hay oportunidad en que no lo tengan en cuenta y lo repitan. Más allá de las inocultables diferencias, tienen la convicción de que “unidos somos invencibles” y eso es innegociable, en términos electorales.

Puede llegar a entregar Alberto la cabeza de María Eugenia Bielsa, una figura muy ponderada por él como, pero a la sazón una librepensadora sin línea interna. Donda en cambio acaba de integrarse a “En común”, una rama del Frente de Todos con mucho de albertismo en su interior. “Vicky no se va”, confió a este medio una fuente oficial cuando el caso escalaba, y el correr de los días le dio la razón.

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