2020 un año para olvidar

Por Claudio Romero. El presidente de la Comisión de Presupuesto y diputado de Vamos Juntos analizó diversos hitos que ocurrieron el año pasado y la crisis económica que dejó la pandemia del Covid 19.

Un balance profundo y a conciencia de los resultados políticos durante el año 2020 en Argentina dará, sin duda, una equivalencia del fracaso estratégico del gobierno por donde se lo mire. No solo respecto del pésimo manejo de la crisis sanitaria provocada por la Covid 19 sino por el desastre económico a que llevó la impericia frente a los sucesivos conflictos, con sus marchas y contramarchas, y el exceso de influencia ideológica de los funcionarios en sus actos.

Una de las tristes conclusiones da cuenta de la evidente degradación del poder político y de las instituciones democráticas, la pérdida de autoridad y credibilidad, sumándole la ausencia de un pronóstico de crecimiento en el corto y el mediano plazo. Rifaron en meses un regalo electoral conquistado a fuerza de promesas que nunca cumplirán.

La reunión anual en Davos inaugurada el 24 de enero fue contundente en su lectura y análisis de la situación argentina, en su “Reporte de Riesgo Global 2021”, que deja muy mal parada a la administración nacional. No es cualquier organismo el que lo dice sino el principal foro de centros privados que incide en el rumbo global de la economía, la geopolítica y los negocios mundiales. Argentina figura como el país cuyo PBI más se contrajo en 2020 y el quinto de más bajo estímulo fiscal a los motores de la producción, los servicios y la economía en general. Nuestro país es más endeble ahora que a fines de 2019.

Mientras eso se revela en un escenario internacional de semejante renombre, aquí en el territorio nacional otro resultado lamentable pareciera querer borrar del mapa las posibilidades educativas de tres generaciones de niños y jóvenes, jaqueadas por la ineptitud y la resistencia inexplicable de los sindicatos docentes que se niegan a retornar a la enseñanza presencial por miedo al contagio. Incapaces de aportar soluciones u otros protocolos más adecuados, solo simulan una militancia por la que pagarán en el tiempo incluso sus propios hijos. Sin dudas, la diferencia entre la gestión pública y privada de la educación son las posturas de los educadores. Elemento sustantivo que no perjudica a un gobernante o a los dirigentes políticos, sino, a los niños.

Sólo hablar de la cantidad de contagiados y de muertes por el coronavirus pone la piel de gallina, erizada aún más después de repasar las declaraciones presidenciales burlándose de países con mayor historia y mejores administraciones. Burlas de corta duración, dos, tres días, para luego desdecirse con evidencias notorias. Casos: 1.870.000, Recuperados: 1.670.000, Muertos: 47.034, al 26 de enero de 2021.

El ventajismo enraizado en ciertas burbujas políticas, ocasionalmente en el poder, supera la razonabilidad del juego político. Quitar fuertes sumas de Coparticipación Nacional a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, más de 65 mil millones de pesos para entorpecer ex profeso el funcionamiento del distrito argentino mejor administrado del país, excede las normas naturales de la competencia política, daña soberanamente a siete millones de personas que viven y duermen en la bella urbe porteña, vienen a curarse, trabajan y disfrutan de un modelo de urbanización en movimiento y de producción nunca antes visto en la historia argentina.

El año 2020 terminó con la esperanza de que la ciencia llegara presurosa con una vacuna salvadora frente a un virus desconocido. El avance científico es la mejor noticia que existe para humanidad cuando se deja trabajar a los especialistas sin interceder con la mezquindad de la política. A fines del primer mes del año nuevo, Argentina apenas aplicó 300 mil dosis sobre 44 millones de habitantes y además vive la zozobra de un párate en la producción de las vacunas de casi todos los laboratorios. Nos prometieron cinco millones de dosis a fin de enero, otra promesa que no sucedió.

Como se ve, el balance es pobre, tanto como el crecimiento de la pobreza en 2020: 40,9% de la población argentina era pobre en el primer semestre de ese año. Dentro del continente sudamericano Argentina alcanzó uno de los peores índices semestrales de pobreza e indigencia de su historia.

Cerrando el balance hace unos días bajamos 12 escalones entre los países más corruptos, justo junto a Rusia. Garantizar forzadamente la impunidad mediante ataques constantes a la justicia y las compras de necesidad y urgencia fueron los ingredientes que desataron esta evaluación negativa.

La improvisación y falta de capacidad para manejar esta crisis esta de manifiesto, tanto como la violación a los derechos humanos hacia los niños en la provincia de Formosa o si en la provincia de Buenos Aires debes inscribirte en un local partidario para vacunarte. Por eso, esperemos que el 2020 haya sido el peor año y no reescribamos algo parecido dentro de 12 meses. Mala noticia, creo vamos a reescribir.

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