Jueza Karina Zucconi, ¿apuesta al delito?

Por Máximo Luppino. El dirigente peronista repudia la polémica decisión de la jueza de dejar en libertad al acusado de abusar sexualmente de una joven venezolana de 18 años.

Cuando la Justicia no proporciona ecuanimidad y contención efectiva a las víctimas, produce una desazón moral muy difícil de encauzar. Entonces se asoma el fantasma voraz de la “justicia por mano propia”, proceder inaceptable para una sociedad organizada y fiel a los principios republicanos que la Constitución Nacional manda.   

Las crónicas periodísticas han sido más que elocuentes sobre un horrendo delito sufrido por una joven venezolana de 18 años de edad. El indicado como agresor es Irineo Garzón Martínez. El acusado sería responsable de abuso sexual y violación de la joven en su primer día laboral, luego de proporcionarle alguna sustancia alucinógena en un vaso de agua.   

La joven víctima en cuestión, luego de beber el agua comenzó a sentirse mareada y alcanzó a llamar por teléfono pidiendo ayuda a un familiar cercano. El sospechoso procedió a implementar su horroroso y repulsivo abuso. La Policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires llega al comercio del acusado junto con la madre de la damnificada. Entre otras elocuentes pruebas que las fuerzas del orden encuentran, observan a Garzón semidesnudo en más que elocuente actitud de ofensa sexual. Las crónicas de los medios de difusión abundan con macabros detalles ofensivos para la condición humana.   

Sucede que la señora jueza Zucconi recién procesa a Garzón luego de sendas manifestaciones periodísticas, de familiares y vecinos de la víctima. Más aún, el señalado agresor es dejado en libertad, dejando un sabor de impunidad en la comunidad afectada por el deleznable delito.   

En ocasiones observamos que cuando un ciudadano se defiende dentro de su casa, de despiadados delincuentes que forzaron violentamente armados el ingreso a la morada, salvaguardando su vida y las vidas e integridad física de sus familiares son detenidos e investigados rigurosamente. Proceder inverso y dispar parecen gozar los delincuentes que ni una hora son demorados en las comisarías por designios judiciales.   

Es dramáticamente “risueño” apreciar que las víctimas pasan horas padeciendo engorrosos trámites de denuncias, mientras los otrora detenidos ya gozan de inmerecida libertad patética.   

El accionar de la jueza Karina Zucconi, según rezan las crónicas periodísticas, ya posee “antecedentes” de beneficiar a los desafiantes de la ley y “castigar” con indiferencia a las víctimas indefensas. Así lo señalaría el caso de Marianela Rago Zapata, encontrada muerta en su departamento.  La jueza Zucconi liberó a la espera de un lejano juicio oral a Francisco Amador a quien acusó reiteradamente la Cámara del Crimen como autor criminal por las pruebas reinantes.  

No deseamos “una caza de brujas”, ni “gatillo fácil”, menos aún juicios exprés en delicadas cuestiones, pero de esto al olvido y casi archivo de las causas abiertas existe un abismal espacio de sabor amargo e injusto.   

Estos son los casos donde el periodismo enaltece su vocación. De no ser por la publicidad de estos aberrantes sucesos, ciertos poderosos gozarían de impunidad absoluta. Gracias al periodismo que oficia como la gota de verdad que perfora la roca dura del corazón de ciertos magistrados, sino la realidad nunca afloraría.    

Está claro que la conducta de Karina Zucconi es cuestionable por gran parte de los medios de difusión y por algunos magistrados colegas de la jueza que ostentan un criterio mucho más acertado en sus fallos.   

Por acción u omisión no debemos permitir que la injusticia impere. Alguien debe preocuparse por los “fallos que fallan” …   

Las naciones necesitan de la verdad y del “Premio y Castigo” para alcanzar el beneficio de una democracia real, práctica y efectiva.   

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