Boudou y el país de las diferencias

Por Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad y presidenta del Pro sostiene que existe “una insalvable brecha” entre los honestos y los corruptos. Y que esta, “definitivamente, no es la Argentina que merecemos ni la que merecen nuestros hijos y nietos”.

Por más que quieran vendernos que en la Argentina hay oportunidades para todos, no es verdad. 

Lamentablemente, en un solo territorio coexisten dos realidades bien diferentes: el país de los ricos y el de los pobres, el de los privilegiados y el de los olvidados, el de los corruptos y el de los honestos. 

Es en este último es en el que vemos las diferencias más atroces, ya que quienes trabajan todos los días, que no duermen 8 horas desde hace años para llevar el pan a su casa, que no roban ni delinquen, son los que tienen menos beneficios. 

Sin embargo, aquellos que no dudaron en quedarse con lo que no les era propio gozan de sentencias que pueden cumplir en sus mansiones o, como en el caso de Amado Boudou, de una reducción en su condena gracias a realizar cursos diversos. 

Por el caso Ciccone, Boudou fue condenado a 5 años y 10 meses de cárcel. Ahora, le quitan 10 meses. Esta causa en particular es, sin dudas, una tomada de pelo a la sociedad toda. 

Recordemos que en 2012 el entonces procurador general de la Nación, Esteban Righi, presentó su renuncia al cargo luego que Boudou (por esos tiempos vicepresidente de la Nación) realizara una denuncia contra el estudio jurídico que integraban su esposa y su hijo. 

Una vez que fue llevado al penal, logró la prisión domiciliaria por riesgo de Covid 19, sin ser grupo de riesgo. Así lo decidió el juez Daniel Obligado. 

Confirmada su condena, el juez de ejecución le preguntó si quería volver a la cárcel. Nunca se vio semejante cosa. 

Y como si esto fuera poco, por haber realizado cursos de electricidad, organización de eventos, un taller de filosofía, entre otros, nuevamente el juez Daniel Obligado le otorga un beneficio, escondido bajo un “estímulo educativo”, lo que le permitirá acceder además a salidas transitorias. 

Las cifras muestran que en el Servicio Penitenciario Federal estudia un 88% de la población penitenciaria (44% educación primaria, 26% polimodal, 6% universitaria y 12% cursos). Pero de ese 88%, sólo al 1.6% de los condenados se les reduce la pena más de 6 meses. Amado Boudou tuvo la suerte de estar en este pequeño porcentaje. 

Esto, definitivamente, es controlar la Justicia, es otorgar privilegios a los amigos del poder, es hacer insalvable la brecha entre los honestos y los corruptos. Y esta, definitivamente, no es la Argentina que merecemos ni la que merecen nuestros hijos y nietos. 

Por eso vamos a hacer todo lo que legalmente esté a nuestro alcance para volver a la Argentina de las oportunidades para todos, en la que no existan privilegios para quienes no los merezcan, y en la que los corruptos cumplan su condena como corresponde. 

Porque en esta Argentina en la que queremos vivir “el que las hace, las paga”. 

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