La ciencia también es cosa de chicas

Por Manuela Thourte. La legisladora porteña de UCR/Evolución señala la importancia de construir una una “identidad científica” entre los niños y niñas que dé cuenta de que la ciencia es para todos.

En los libros de cuentos, los dibujos animados y hasta en los juguetes, se transmiten mensajes que proyectan una preponderancia masculina en la ciencia: la figura de los científicos (¿por qué siempre están en un laboratorio?) queda vinculada a los personajes masculinos. Durante los primeros años de vida, los niños y las niñas aprenden e internalizan patrones culturales que les permiten interpretar y estructurar la realidad e interiorizar un rol conforme a ella. Este rol de género está unido a ciertas expectativas: la familia, los pares y el entorno escolar influyen y son parte del proceso de socialización y formación de su identidad. 

En el año 2015, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero como el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia”, con el objetivo de visibilizar el papel que juegan las mujeres y las niñas en las ciencias. La ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) son vitales para las economías nacionales y han sido denominadas como los “empleos del futuro”: promueven el desarrollo y la innovación, pero también el bienestar social y el crecimiento inclusivo. La situación actual de la pandemia por COVID-19 pone aún más el foco en la importancia de las ciencias y de las soluciones creativas para afrontar los nuevos retos que se nos plantean. El año pasado, desde la Legislatura de la Ciudad trabajamos en la institución y conmemoración de esta fecha, con la intención de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas. 

Las desventajas en términos de participación y oportunidades de las niñas y las mujeres en las disciplinas STEM resultan de la interacción de una serie de factores vinculados con los procesos de socialización y de aprendizaje, que reproducen las normas sociales, culturales y de género. Si bien se trata de una problemática global (por ejemplo, según la UNESCO, sólo el 30 por ciento de los investigadores científicos del mundo son mujeres), la Ciudad de Buenos Aires no es la excepciónn. Un estudio reveló que, entre los 6 y los 8 años de edad, nueve de cada diez niñas de la CABA vinculan la ingeniería con habilidades masculinas (UNESCO, 2017). Este mismo estudio demuestra que a medida que las niñas avanzan en el trayecto escolar, disminuye su confianza en el área de la Matemática. Por el contrario, se sienten más seguras en Lengua (UNESCO, 2017). 

Las asociaciones que vinculan las ciencias “duras” con lo masculino no están solo en el imaginario de las niñas: se extiende mucho más allá de la niñez y se vislumbra en lo que sus familias y sus docentes piensan y -por lo tanto- también les comunican. Esta representación masculina de las disciplinas STEM opera, a largo plazo, como un limitante en el desarrollo profesional de las niñas y mujeres. La desigualdad de los resultados educativos en Lengua y Matemática entre varones y mujeres, y la ampliación de esta brecha conforme aumenta la edad, es una de las expresiones de cómo se van conformando sus habilidades y se determinan sus aspiraciones y elecciones futuras (CEPAL, UNICEF, 2016). 

De este modo, a lo largo de sus trayectorias educativas y laborales, las niñas y las mujeres se encuentran con “paredes de cristal” que segmentan su desarrollo educativo y profesional, y las agrupan en sectores menos dinámicos y peor remunerados de la economía, socavando sus posibilidades de desarrollo y autonomíaa.  

¿Qué podemos hacer? Varios son los niveles a partir de los cuales pueden estimularse la participación y la progresión de las niñas y mujeres en la educación STEM. Tanto desde la esfera familiar, como desde la escolar y la social pueden impulsarse acciones que visibilicen el potencial de la participación femenina en estas disciplinas y tengan efectos positivos sobre la autoestima, la confianza y el interés de las niñas en estas áreas. Proponer juegos sin estereotipos de género que promuevan el contacto con las disciplinas STEM puede cultivar el aprendizaje máss allá del entorno escolar. Eliminar el sesgo de género de los materiales de aprendizaje; visibilizar y promover imágenes positivas de las mujeres profesionales STEM en los medios; fortalecer los planes de estudio STEM y trabajar en conjunto con los y las docentes sobre estereotipos de género, reforzando la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas; fortalecer la difusión de carreras universitarias científicas entre las adolescentes que deben elegir qué carrera seguirán, son solo algunos ejemplos.  

La construcción de una “identidad científica” entre los niños y niñas que dé cuenta de que la ciencia es para todos y todas, usando un lenguaje neutral y brindando ejemplos y testimonios de mujeres en estas disciplinas, es fundamental y requiere de nuestra participación y compromiso. 

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