“Debíamos enfrentar el incendio sabiendo que otros habían terminado con el agua”

El presidente de la Nación brindó su discurso ante la Asamblea Legislativa, con referencias muy críticas hacia la administración que lo precedió.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, inauguró este lunes el 139° período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación con un discurso en el que afirmó que tiene sus “convicciones intactas” y la “certeza de que unidos y unidas pudimos dar pasos históricos para mitigar efectos negativos de la pandemia que aún nos asola”.

Ante un escenario inédito generado por la pandemia que desde hace un año ha cambiado la vida y costumbres de los argentinos, el mandatario inició su discurso a las 12.08, recordando que cuando hace un año inauguró por primera vez las sesiones ordinarias, apenas diez días después la OMS declaró la pandemia. “En los días subsiguientes imágenes aterradoras recorrieron el planeta”, recordó, apuntando que “se inició así una crisis global donde el mundo entero debió aprender sobre la marcha”.

“Crisis que contó con muy escasos mecanismos de coordinación entre los países”, apuntó, admitiendo que la crisis coincidía con “un escenario de extrema debilidad económica y social. No estábamos en una situación cómoda”, advirtió, señalando que el contexto argentino era de “una sociedad debilitada por el hambre y la pobreza; una economía escuálida y endeudada como jamás lo había estado. Un sistema de salud quebrado que mantenía cerrado hospitales, dejaba vencer vacunas y permitía pasivamente la diseminación de enfermedades que creíamos desterradas”.

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“Debíamos enfrentar el incendio sabiendo que otros habían terminado con el agua”, agregó en ese comienzo muy crítico respecto del Gobierno de Cambiemos. Un tono que se extendió durante todo el mensaje.

Señaló que de todas maneras se pudieron desplegar “medidas sanitarias, económicas y sociales para mitigar el impacto de la inédita calamidad planetaria”.

Luego volvió a emprenderla contra quienes “reclamaban cuidar la rentabilidad antes que la salud; más tarde los que negaban la existencia de la pandemia y nos acusaban de ser parte de  un complot universal para mantener encerrada a la gente. Cualquier razón se volvió válida para incitar banderazos y romper los protocolos impuestos con la sola idea de deteriorar la credibilidad de un Gobierno que convencido buscaba preservar la salud del pueblo”.

Advirtió que la “voluntad inquebrantable la tuvimos entonces y la mantenemos ahora”.

Alertó en ese sentido que en caso de haber recorrido un camino distinto, el sistema de salud “hubiera colapsado”, y agradeció por haberlo evitado a todos los gobernadores, detallando a continuación el aumento de la capacidad sanitaria instalada,

“Sé muy bien que puede ser difícil valorar aquello que no sucedió –señaló-. Es difícil, porque las consecuencias más graves que evitamos obviamente no se ven. Salvo que hagamos memoria y comparemos nuestra experiencia con las imágenes tenebrosas que llegaron de otros países”. A continuación, pidió un aplauso para todos aquellos argentinos que merecen el reconocimiento por la tarea emprendida en el marco de la pandemia.

Habló a continuación de la suspensión de aumentos de tarifas, como así también de la suspensión de despidos y la asistencia a empresas en materia de sueldos y créditos. También sobre los refuerzos en materia alimentaria a los sectores más desprotegidos, y medicamentos gratuitos a jubilados. Obviamente mencionó además al IFE y los refuerzos a la AUH y la jubilación mínima.

Y volvió a emprenderla contra la administración anterior al señalar que “en esta crisis inmensa, la pobreza creció menos que entre 2017 y 2019, cuando subió del 25,7 al 35,5”.

Esas políticas sociales, dijo, fueron las que permitieron evitar que 2.700.000 personas cayeran en la pobreza y que 4.600.000 personas no quedaran atrapadas en la indigencia.

A continuación se refirió al tema de las vacunas y a todo lo hecho por el Gobierno en la materia, pero admitió que “estamos recibiendo a un ritmo menor al que acordamos contractualmente dosis de la vacuna Sputnik V”, mencionó las de AstraZeneca y la Sinopharm de China. “Sabemos que hay dificultades en la provisión de vacunas, pero conocemos muy bien las dificultades que atraviesa el mundo por la escasez y el egoísmo. Lamentablemente hay una realidad: hoy el 10% de los países acapara el 90% de las vacunas existentes”, pero garantizó que seguirán trabajando para conseguir vacunas y avanzar “semana a semana en nuestro plan de vacunación”.

Respecto de ello, advirtió que “hay prioridades muy claras, las reglas se deben cumplir. Si se cometen errores, la voluntad de este presidente es reconocerlos y corregirlos de inmediato”. En ese sentido aseguró cuando eso no se cumplió, se ocupó de tomar decisiones “aun cuando en lo personal me causara mucho dolor”. Fue su única referencia al escándalo de las vacunas VIP.

Estamos recibiendo a un ritmo menor al que acordamos contractualmente dosis de la vacuna Sputnik V”,

“Ningún gobierno de la tierra se puede arrogar el privilegio de no cometer errores, pero todo gobierno sensible sí tiene la obligación de corregir esos errores para desterrar cualquier indicio de privilegio o falta de solidaridad”, agregó, remarcando que “no llegué a la presidencia para ser sordo a las críticas bienintencionadas; como tampoco llegué para dejarme aturdir por críticas maliciosas que responden a intereses inconfesables de poderes económicos concentrados, que en ocasiones buscan sembrar la fractura, la polarización y la discordia entre el pueblo argentino”.

Fernández sostuvo que “la pirotecnia verbal solo nos aturde, y nos confunde. A lo largo de este año, algunos sectores se han esforzado en generar incertidumbre y desánimo, lanzando petardos cargados de falacias”. En ese sentido, y apuntando una vez más hacia la oposición, señaló que “cuando debimos aislarnos en nuestras casas para recuperar los hospitales públicos que habían sido abandonados, firmaron solicitadas acusándonos de haber impuesto una infectadura; muchos circularon por medios y redes blasfemando contra la vacuna” rusa, acusándolos incluso penalmente “por envenenar a la población cuando dispusimos la aplicación de esa vacuna. Todos ellos, poco tiempo después y para el asombro colectivo, alzaron sus dedos acusadores reclamando que el supuesto veneno que suministrábamos era insuficiente”.

Llamó entonces a esos sectores a “observar el tiempo en que tuvieron en sus manos la gestión del gobierno”, y dijo tener “la esperanza de que algún día hagan un mea culpa, entierren el odio que cargan y ayuden a levantar los cimientos del país que han derrumbado”.

A los medios advirtió a su vez que “no  habrá campaña o presión que me haga claudicar en mi empeño por otorgarle racionalidad y sensatez al debate de los problemas argentinos. A quienes señalan errores de buena fe, les agradezco de corazón la oportunidad que nos brindan de hacer mejor nuestro Gobierno; no somos infalibles”. Pero advirtió “a quienes sistemáticamente bombardean esta gestión sin la menor objetividad, les recuerdo que por ese camino no van a lograr sus propósitos”.

“No dejaré por un instante de trabajar para ser el presidente de una Argentina unida”, sintetizó luego, asegurando que no se dejará “arrastrar por ninguna provocación, provenga de donde provenga”.

Fernández dijo tener “la esperanza de que algún día hagan un mea culpa, entierren el odio que cargan y ayuden a levantar los cimientos del país que han derrumbado”.

Más adelante habló de la deuda y afirmó que “en 2018 la Argentina fue sumergida en una grave y profunda crisis en la balanza de pagos, en una grave recesión, en un aumento notorio del desempleo, la pobreza y la indigencia”. Se quejó de que entonces el Gobierno que lo precedió pidió al Fondo Monetario el préstamo más grande de la historia de ese organismo. Y aseguró que los 44 mil millones de dólares que pidió ese Gobierno “se esfumaron antes de que asumiéramos”.

Luego el presidente destacó la renegociación de la deuda privada y el ahorro que sus resultados permitieron. Pero pidió un compromiso de “no permitir nunca más que se genere un endeudamiento asfixiante a partir de la toma de créditos irresponsables”.

Respecto del endeudamiento con el FMI, detalló cómo deberían ser los pagos en los años siguientes, según lo acordado por la administración de Cambiemos. Alberto Fernández consideró que todo el trámite que acompañó a ese endeudamiento debe ser considerado “una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”.

“Para que pongamos fin a las aventuras de hipotecar al país, es necesario que endeudarse no sea gratis, y dejen de circular impunes dando clases de economía en el país y en el mundo aquellos que generan esas deudas”, señaló en otro pasaje, para anunciar a continuación que “he instruido a las autoridades permanentes para que formalmente inicien querellas criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria recuerda”.

“No va a haber ningún ajuste que otra vez recaiga sobre las espaldas de nuestro pueblo”, aclaró de cara a la negociación de nuestra deuda, garantizando que el acuerdo al que se arribe con el Fondo será enviado al Congreso para su análisis. Esto será “para que nunca más el Poder Ejecutivo pueda endeudar al país a espaldas de la sociedad”.

He instruido a las autoridades permanentes para que formalmente inicien querellas criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria recuerda”.

Al hablar de obra pública, dijo que al asumir encontraron el 70% de las obras paralizadas y aseguró que el programa en marcha puede seguirse y controlarse a través de la web. El plan en marcha generará 28.500 puestos de trabajo en todo el país, aseguró.

Se quejó por la falta de federalismo y garantizó que una de sus prioridades fue “gobernar junto a quienes gobiernan nuestras provincias”. Habló de lograr un país “más igualitario”, y advirtió que “un país central opulento, que contrasta con un norte empobrecido y una Patagonia postergada, no es definitivamente un país justo”.

Valoró la aprobación de la Ley de Capitales Alternas y habló de rediseñar la concentración existente, todo lo cual forma parte de un “plan de desarrollo federal”.

Al referirse a la inflación, habló de “un fenómeno multicausal”, y se vanaglorió de haber reducido en 2020 18 puntos la inflación heredada desde 2019. “Hemos recuperado las capacidades de fiscalización que habían mermado durante la gestión anterior”, puntualizó el mandatario, destacando luego la aplicación de multas en ese sentido.

“Nuestro Gobierno cuida y seguirá cuidando la mesa de las familias argentinas”, precisó, abogando porque “los salarios crezcan y los precios se estabilicen (…) Ninguna sociedad crece empobreciendo a los que viven de un salario”.

Garantizó luego que el diálogo contribuirá en el proceso de desinflación.

En materia laboral, anunció entre otras cosas que “vamos a sumar a 30 mil jóvenes para que se capaciten y lleven adelante prácticas laborales en 10 mil Pymes de todo el país”, para permitirles la inserción laboral. Anunció a continuación que avanzarán en la urbanización de barrios populares. En 2021 serán 400 barrios.

En otro pasaje confirmó el deseo de incrementar los monos para los mínimos no imponibles de Ganancias, y pidió al Congreso apurar el tratamiento de esa ley, que favorecerá a más de un millón de trabajadores.

Pidió al Congreso tratar la ley que recategoriza y otorga moratorias a trabajadores monotributistas,

Anunció luego una serie de proyectos de ley destinados a dinamizar la estructura del conocimiento, que consideró serán también “una convocatoria a la unidad nacional y productiva para establecer los pilares de un gran proyecto nacional de desarrollo e inclusión social”.

Volvió a hablar de tarifas cuando señaló que entre 2016 y 2019 “el aumento de la luz y el gas se convirtieron en un verdadero martirio para los argentinos”, afirmando que las empresas productoras, transportadoras y distribuidoras “obtuvieron cuantiosas ganancias, que en muchos casos terminaron en el bolsillo de los accionistas, sin que el Estado les exigiera un plan de inversiones para sostener la calidad de los servicios”.

Pidió al Congreso tratar la ley que recategoriza y otorga moratorias a trabajadores monotributistas.

Señaló que si siguieran los esquemas de la gestión anterior, el gas debería haber aumentado un 80% en octubre y un 130 en abril; la electricidad, por su parte, debería aumentar 168%  en el próximo mes de abril. Recordó haber prometido en campaña “poner fin a semejante despropósito”, y recordó que tras asumir dispuso el congelamiento tarifario. Con todo, ahora llega el momento de regularizar ese sistema.

“Mi objetivo final es lograr tarifas diferenciales según la capacidad patrimonial de quien recibe el servicio”, aclaró. “Las tarifas deben ser justas, razonables y asequibles”, enfatizó, garantizando que “la incertidumbre de no saber cuánto va a llegar de luz y de gas, ha llegado a su fin”. En ese sentido aclaró que la nueva revisión va a demandar meses, y enviará al Congreso un proyecto de ley que declare la emergencia de servicios públicos y regulados a fin de “desdolarizarlos definitivamente y adecuarlos a una economía en que los ingresos son en pesos”.

En materia educativa, reivindicó que su Gobierno restituyó la paritaria nacional docente, “Quiero convocarlas y convocarlos a la construcción de un gran Acuerdo Federal por la Igualdad Educativa. Para mejorar nuestro futuro es condición sine qua non mejorar nuestra educación”, remarcó, adelantando que “avanzaremos, además, en la creación de una nueva Ley de Financiamiento Educativo, recuperando la importante experiencia de la ley creada durante el gobierno de mi siempre recordado Néstor Kirchner”.

Valoró el recomienzo del ciclo escolar en todo el país, con la vuelta de las clases presenciales “que hacían tanta falta”.

En otro pasaje anticipó la promulgación de la Ley de Financiamiento del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación que garantiza el incremento progresivo y sostenido de su presupuesto en la próxima década.

En materia de seguridad, Alberto Fernández aseguró que su Gobierno devolvió al Estado nacional “su función primordial en la investigación criminal como respuesta ante el delito complejo y como política de prevención”. En la política de drogas, dijo, “priorizamos la desarticulación de las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico y no la política de persecución del consumo que regía previamente. Incrementamos un 40 % el decomiso de kilos de marihuana respecto de 2019”.

Valoró el recomienzo del ciclo escolar en todo el país, con la vuelta de las clases presenciales “que hacían tanta falta”.

“El trabajo de seguridad resulta impracticable bajo las condiciones de abandono y maltrato que recibieron las y los trabajadores de las fuerzas federales. Decidí revertir la deuda salarial histórica de esas fuerzas. Además, dispuse una inversión material y humana en la reparación y compra de herramientas de trabajo modernas, en la puesta en valor de lo recuperable y en el trabajo para el bienestar y protección de las y los trabajadores de la seguridad”, sostuvo el presidente.

Al referirse a la justicia, remarcó que “la práctica judicial ha sido deficitaria en los procesos relacionados con violencia de género”, para luego referirse a la reforma del Poder Judicial, que consideró “una demanda impostergable de la sociedad en su conjunto”.

“Quisiera que en mis críticas al sistema judicial nadie vea rencor ni voluntad de favorecer a alguien. Hablo como lo que soy. Un hombre que se ha criado en el mundo del derecho, que enseña a respetar la institucionalidad de la República y la vigencia de los valores democráticos”, destacó Alberto Fernández, que se quejó al señalar que si bien esperaba el inicio de “un derrotero que echara luz en los sótanos de la democracia, lamentablemente no fue así”.

Al respecto consideró que “el Poder Judicial de la Nación está en crisis. Es el único poder que parece vivir en las márgenes del sistema republicano. Sus miembros (jueces, fiscales, defensores y demás funcionarios) disfrutan de privilegios de los que no gozan ningún miembro de la sociedad”. En ese sentido destacó que “ningún magistrado ni funcionario judicial paga hoy el impuesto a las ganancias que si tributan millones de trabajadores y funcionarios del sector público y privado”, y hasta le apuntó a los miembros de la Corte: “Acceder a la declaración jurada de sus bienes es virtualmente imposible”, remarcó.

Consideró que “la relación corporativa que los vincula, ha permitido que muchos de ellos permanezcan en sus cargos más allá del tope de edad que la Constitución impone”. Señaló a continuación que “lo dicho me genera un espontáneo malestar. Pero se vuelve casi un tema secundario ante el tenor de los hechos llamativos que día a día asoman en el mundo judicial y que de modo muy cuidadoso los grandes medios de comunicación ocultan”.

Dijo entonces que “hay un fiscal procesado por delitos tan severos como el espionaje ilegal de ciudadanos o el de extorsión que sigue en funciones como si nada de esto lo afectara. A él no se le aplica aquella doctrina que recomendaba la detención preventiva de personas cuando su ‘poder residual’ pudiera afectar la investigación. Es cierto. Su poder no es residual. Está vigente”.

“Algún miembro de este Congreso Nacional detectó la visita de jueces de la casación al entonces presidente Macri, justamente días antes de dictar sentencias contra sus opositores políticos y solo una voz aislada de ese tribunal se alzó reclamando explicaciones. El resto lo amparó bajo el manto del silencio”, señaló en otro pasaje, y pidió al Congreso que “asuma su rol de control cruzado sobre el Poder Judicial. Así lo prevé nuestra Constitución Nacional. Institucionalmente, alguien debe ocuparse de ver lo que ha ocurrido y ver lo que está ocurriendo en la administración de justicia de nuestra república. No para interferir en sus decisiones, si no para que sirva cumpliendo el rol que el Estado de Derecho le ha asignado”.

Alberto Fernández pidió a la Cámara de Diputados abordar el proyecto de ley que reformula el fuero federal, como así también la reforma del Ministerio Público, ambos con media sanción del Senado. Y recordó a la Comisión de Juristas convocada oportunamente para solicitarle recomendaciones para el mejoramiento de la Justicia. “Recibí un informe extenso y diverso, con múltiples análisis y aportes más que constructivos, que agradezco profundamente”, puntualizó.

Sobre el final de su extenso discurso, Alberto Fernández remarcó que “la Argentina tiene un horizonte. Trabajamos en la reconstrucción que podrá sentirse plenamente cuando hayamos controlado la pandemia. Nos permitirá generar empleo, incrementar paulatinamente el salario real, aumentar la producción, el crédito, las exportaciones. Y también nos permitirá recuperar y mejorar todas las dimensiones de nuestra vida social”.

“Quiero ser recordado como un argentino que un día fue elegido como Presidente y fue capaz de servir a su pueblo sembrando la mejor de las semillas que un ser humano puede sembrar: la unidad de su Patria más allá de las diferencias, la unión nacional más allá de la pluralidad de miradas, la concordia del país más allá de las razonables críticas”, expresó, para concluir sugiriendo “que esa semilla crezca y germine es una tarea de todas y todos. De este tiempo de pandemia podemos hacer renacer un tiempo de esperanza fértil para una Argentina mejor. Unidas y unidos vamos a seguir recorriendo ese camino”.

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