Un episodio increíble que revela en sí mismo un estilo de gobierno

El reproche público y adrede de un funcionario provincial a uno nacional, exhibe no solo discrepancias de estilo y conducción, sino también representa una radiografía misma del esquema de poder. El emprendimiento literario de Macri, las reacciones oficiales, y el libro y la reaparición que vienen.

Berni-Frederic, una relación que no da para más.

Por José Angel Di Mauro

El insólito episodio que cerró la saga que mantuvo en vilo a toda la sociedad por la desaparición de una nena de 7 años, fue una síntesis patética del momento que atraviesa la coyuntura política en su más alto nivel. Una sola escena desató una serie de teorías y consecuencias que pintaron muy bien lo que sucede en lo más alto del poder.

Fue cuando el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, increpó delante de todo el mundo al secretario de Justicia de la Nación. El insulto incluyó a la ministra de Seguridad nacional y desde esa propia cartera afirmaron que el episodio incluyó una agresión física. “Hizo un show”, dirían luego desde el ministerio que conduce Sabina Frederic, quien mantiene una tensa relación con su par bonaerense desde el minuto 0 de las gestiones del Frente de Todos. Show o no, Berni hace su negocio y pareció aprovechar la fuerte visibilidad del caso para llevar agua hacia el molino de su imagen, que busca elevar en el marco de una carrera electoral en ciernes.

En efecto, todo es electoral hoy en la política argentina, donde no se da ningún paso sin pensar en las legislativas de este año, sean cuando sean. Y Berni se sabe seguro de sí mismo: si lo echan, sale ganando; y si no lo hacen, que siempre es lo más probable… también.

En el Ministerio de Seguridad de la Nación se hartaron de Berni y por eso, lejos de minimizar la situación, dejaron trascender detalles del episodio. Y con el fin de reclamar una medida drástica fue Frederic a reunirse esa misma tarde con el jefe de Gabinete. Lo único que podía compensar semejante trance era la eyección de Berni, pero eso excede al Gobierno nacional.

El ministro de Seguridad bonaerense responde a Axel Kicillof y solo reconoce a Cristina Kirchner como su líder. En el Gobierno nacional querían que lo echaran, pero por razones obvias reconocen que no pueden pedirlo y aceptan resignados que eso no sucederá. Berni es un activo importante para el cristinismo, que le ha dado alas para cultivar un sueño electoral que va en el sentido de su líder.

Esos son elementos de los tantos que hacen inevitable pensar que el poder formal está en Balcarce 50, pero el real lo ejerce la vicepresidenta. La semana que pasó se inició precisamente con una señal en ese sentido. Fue cuando el presidente terminó confirmando el nombre del diputado Martín Soria para el Ministerio de Justicia. Ese había sido el primer nombre que lanzó justamente una semana antes, también en el marco de una entrevista televisiva, cuando anunció que su amiga Marcela Losardo dejaría el cargo por estar “agotada”. Por eso fue más curioso que el presidente estuviera dando vueltas con el tema durante una semana, para terminar en el mismo lugar donde había partido. Se dice que los nombres que podría haber propuesto él no habrían aceptado hacerse cargo de una cartera donde rige un esquema común en esta administración: el que manda es el 2.

Alberto Weretilneck, que lo conoce bien por haberlo enfrentado en su provincia, definió a Martín Soria como “violento, improvisado y agresivo”.

El futuro ministro es un auténtico Soria: duro como su padre, que llegó a ser jefe de la SIDE durante la gestión de Eduardo Duhalde. Su designación es la corroboración de que el Gobierno entiende que este no es tiempo de negociar para destrabar las leyes judiciales que cuentan con media sanción del Senado y están frenadas en Diputados. A pesar de ser aún uno de ellos, el rionegrino no cultivó durante su paso por la banca relación alguna con los diputados de la oposición donde debería tratar de conseguir el puñado de votos para aprobar la reforma judicial y, sobre todo, la del Ministerio Público.

Uno de los más enfáticos en reaccionar de manera contundente ante la confirmación de la designación del mayor de los hermanos Soria fue el senador Alberto Weretilneck, que lo conoce bien por haberlo enfrentado en su provincia y lo definió como “violento, improvisado y agresivo”. Exgobernador rionegrino, Weretilneck es hoy un senador con el que el oficialismo cuenta a la hora de los votos. Está bien que en esa Cámara hoy le sobren los votos al Frente de Todos, pero nunca es bueno desechar aliados. El ya adelantó que a partir de esta designación no votará ninguna le judicial impulsada por el Gobierno, y además Juntos Somos Río Negro cuenta con un diputado –Luis Di Giácomo– que suele también acompañar al oficialismo en una Cámara donde esos votos valen oro.

Si bien en un reportaje en C5N el futuro ministro deslizó que había “varios votos” en la Cámara de Diputados dispuestos a cambiar para las leyes judiciales, nadie cree que eso sea cierto. Más ahora con el nombre elegido para manejar los temas judiciales, más adecuado para la pelea que al diálogo; difícilmente se produzcan entonces realineamientos en este año electoral.

¿Por qué Alberto Fernández se inclinó entonces por alguien de esas características? Hay quienes sostienen que el presidente hace en estos casos lo que cree que desea su vicepresidenta; y ante un seguro fracaso de la estrategia, puede reivindicar luego haber cumplido él su parte. Como cuando el 20 de diciembre  pasado reveló en un acto en La Plata, dirigiéndose a Cristina: “Hice lo que me mandaste”.

Lo que tampoco se entendió bien fue por qué el jueves a la noche el presidente dio una sorpresiva cadena nacional en la que no hizo ningún anuncio que la justificara. Por eso, la explicación más convincente pareció ser la de quitarle a su antecesor Mauricio Macri la centralidad que ese día tenía por la presentación de su libro “Primer Tiempo”. Porque una cosa es que -igual que Macri con Cristina en el pasado- al Gobierno le entusiasme la figuración del expresidente, convencido de que su figura genera rechazo, y otra dejarle el centro de la escena, aunque sea solo por un día.

Más allá de esa eventual “picardía” de “tirarle con la cadena nacional al expresidente, en el Gobierno la consigna es soslayar el libro del fundador del PRO. Nadie confesará haberlo leído y cualquier referencia ante la consulta pertinente debe ser peyorativa. Ya marcó la cancha el cada vez más beligerante Santiago Cafiero, quien sin que nadie le preguntara nada se anticipó a la presentación del libro de Macri tuiteando que “mientras algunos ya hacen campaña electoral, nosotros seguimos vacunando. Esa es la única campaña importante hoy, y nos tiene que encontrar más unidos que nunca”. El jefe de Gabinete fue honesto: la vacuna es parte de la campaña electoral de este año. El problema en ese caso pasa por la cantidad de vacunas disponibles, que ha complicado estos días la consigna “nosotros seguimos vacunando”.

El presidente durante su sorpresiva cadena nacional del jueves.

Así como marzo fue el mes de la presentación del libro de Macri, abril lo será para el de la exgobernadora María Eugenia Vidal, quien romperá así el silencio que mantiene desde que dejó el cargo. Fuentes cercanas a la exmandataria confiaron a este medio que en el libro hará un balance de los cuatro años de su gestión, habrá espacio para la autocrítica, desmitificará muchas de las críticas que ha hecho el kirchnerismo contra su gestión, y en lo que seguramente dará más que hablar dejará abierta la puerta para una candidatura presidencial.

No habrá referencias a la gestión de Axel Kicillof, aunque sí lo criticará cuando arranque el raid mediático que acompañará el lanzamiento de su libro. Como así también se defenderá respecto de las críticas que le han hecho por el sistema de salud que dejó. Reivindicará especialmente esa parte de la gestión, repitiendo que “cómo iba a inaugurar nuevos hospitales si los que estaban se caían a pedazos”; y asegurará que el sistema funcionó, en gran medida por las redes sanitarias que ella dejó, como las ambulancias del SAME.

Pero habrá una pregunta que le repetirán una y otra vez, y ella no contestará: si será candidata este año. Dirá que hay tiempo todavía para resolverlo y que hoy los políticos deben estar abocados por ejemplo a lidiar con la pandemia. Y, en efecto, no ha resuelto aún si será candidata este año y qué hará en 2023. “Hay tiempo todavía, ahora no hay apuro -aseguran desde su entorno-. Muchas cosas pueden pasar en la Argentina de acá a junio”, cuando se deben cerrar las listas, y recién entonces se conocerá la decisión de Mariú.

Todos saben que es la candidata más fuerte en la provincia de Buenos Aires, pero no la desvela postularse este año. Dicen cerca suyo que hará lo que sea mejor para el espacio, pero piensa mucho en 2023, no descartándose que entonces apueste por el premio mayor.

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