Hora de recuperar el respeto por el trabajo

Por Matías Desalvio. El especialista en derecho laboral sostiene que el saneamiento de las relaciones laborales debe ser un norte a seguir por cualquier gobierno que esté de turno.

Desde hace ya varios años que el Congreso de la Nación tiene una deuda pendiente con la reforma de la legislación laboral. Y la pandemia, probablemente, haya acelerado los tiempos y haya puesto de relieve que resulta impostergable una reforma que se adapte a las nuevas modalidades de trabajo y a una realidad económico-social de un país ha visto derrumbar su economía durante la cuarentena.  

¿Podemos continuar con la vieja Ley de Contrato de Trabajo? No. ¿Están dadas las condiciones para una contratación flexible y menos costosa que permita facilitar un repunte de la economía? Tampoco. 

Esta pandemia modificó las relaciones de trabajo. Mas allá de las medidas protectoras que fueron adoptadas por el Estado nacional y que tienden a frenar una ola de despidos o a una sobreprotección indemnizatoria, la realidad nos indica que durante el último año se han perdido al menos un 10 por ciento de los puestos de trabajo y eso se traduce en un engrosamiento de la pobreza.   

La cantidad de persianas bajas que nunca volverán a levantarse no pueden condicionarse con ningún tipo de decreto presidencial. El que despide porque cierra difícilmente pueda indemnizar. 

La llegada de las plataformas virtuales de servicios (Uber – Rappi -Pedidos ya – etc.) nos hace pensar en que Argentina ha iniciado una transformación tácita en materia de derechos laborales.  

Si bien no contamos aún con fallos judiciales relevantes como para evaluar desde qué óptica observa la justicia aquel tipo de relaciones, lo real es que se le permitió el ingreso a nuestro país y que ello ha generado una nueva forma de emplear gente sin registrarlos como trabajadores. 

He aquí un punto fundamental de este asunto. Y las PyMEs se preguntan por qué ellos sí pueden contratar de ese modo y nosotros no. ¿Será porque son empresas basadas en la tecnología? ¿Será porque la globalización nos impone la aceptación de este tipo de modalidades laborales? 

Probablemente hay un poco de cada cosa. Pero sin duda, hay una necesidad inminente de receptar estos cambios en la ley y promulgar una norma que se aggiorne a esta nueva modalidad que estamos transitando. 

La igualdad no puede ser alterada por la globalización y flexibilizar no siempre es algo negativo. 

Seguramente hay que trabajar sobre la presión fiscal que resulta determinante a la hora de contratar y extinguir relaciones laborales 

Hay modelos europeos que dan cuenta de la eficacia de sistemas menos rígidos sin que ello altere a la protección de los derechos de los trabajadores 

Los países escandinavos, por ejemplo, son un referente a seguir en materia de derechos laborales. Han logrado reducir jornadas y paralelamente subir la producción. Si pierden su trabajo, el Estado les consigue uno nuevo. 

Para poder trabajar hacia aquel norte es importante invertir en educación. Los sindicatos cumplen un rol fundamental dentro de esas estructuras y cuentan con representantes altamente capacitados para negociar en beneficio de ambas partes del contrato de trabajo. 

En la década del 70, en Suecia, hubo un movimiento generalizado de los trabajadores que terminó en una reducción importante de la jornada laboral.  Y lo que inicialmente fue una carga para el empresariado. Luego fue capitalizado por ellos y capacitando al personal lograron aumentar los niveles productivos.  

El abuso nunca es bienvenido, ni de un lado ni del otro. No podemos eliminar los sindicatos porque ello generaría un avance del sector empresarial sobre la clase obrera. Tampoco podemos permitir que los sindicatos presionen constantemente al dador de empleo 

Es momento de trabajar sobre la educación y recuperar el respeto por el trabajo. El saneamiento de las relaciones laborales, quizás a mediano o largo plazo, debe ser un norte a seguir por cualquier gobierno que esté de turno. 

Enseñarle a un pueblo que se puede vivir sin trabajar genera mucho daño. También genera dependencia. Seguramente por ello, varios integrantes de la clase política se muestran más interesados en fomentar políticas “sociales” que en realidad son “antisociales” y apuntan solamente a conseguir votos, sin importar el perjuicio. 

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