Un Estado que te cuida o un gobierno que te reta

Por Claudio Romero. El diputado por la Ciudad sostiene que, en esta situación excepcional, la decisión más acertada es apelar al autocuidado y al esfuerzo de nuestros ciudadanos, sin dejar de pensar en la salud, el trabajo, la educación y el esparcimiento.

Existen diferencias notables en la forma de resolver los conflictos en una u otra gestión de gobierno, y su efectividad se mide más por el fortalecimiento de los vínculos entre gobierno y pueblo que por los resultados de la gestión. Eso pasa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el modelo de gestión dialógica optimizó aún más esa relación durante la pandemia presente y conformó una alianza imbatible con la sociedad porteña. 

Una comparación odiosa: el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero arrojó estos días un errático cohete contra el hermano país de Chile, al afirmar que había recibido solamente 30 mil dosis de vacunas de Pfizer contra el Covid 19, por presuntos incumplimientos del laboratorio. Con más efectividad y certeza un funcionario del presidente Sebastián Piñera le aclaró de inmediato y públicamente que se equivocó: fueron 2 millones. Y lo dejó pagando. 

Varios miembros del Gobierno nacional, incluyendo al presidente, suelen acudir a esa tangente de subestimación y agravio a otras naciones y hasta a provincias argentinas para desviar la atención de sus errores. Repetidas veces lo hicieron, y en todas se equivocaron. La carencia de roce diplomático resulta en ese sentido tan inconveniente como la torpeza de algunos funcionarios para su propio cargo.  

Entre las diferencias notables señaladas al principio se encuentra la del Estado que cuida a sus habitantes y el Estado que elige retar a los argentinos. Este último tiende a endilgar culpas que, en realidad, son excusas para justificar su ineficiencia y transferir el fracaso del manejo estratégico de la pandemia. Como la otra cara, en la ciudad, el estilo es netamente democrático y participativo, y cuando comete un error se pide perdón, y explica qué pasó para que eso sucediera.  

Durante el año 2020 hemos colaborado incansablemente con los gobiernos nacional y bonaerense para coordinar el trabajo de enfrentar semejante amenaza epidemiológica. No escatimamos gestos de generosidad para los acuerdos, mientras del otro lado tiraban piedras, siempre piedras. De allí vino como un recuerdo la famosa frase: “hecha la ley, hecha la trampa”. Cada acción gubernamental de Nación o del gobierno bonaerense traía, y trae, una trampa bajo el brazo. El vacunatorio VIP, por ejemplo, fue tramposo. 

En las decisiones últimas de estos días hubo que poner de manifiesto el aprendizaje de que una cosa es aplicar la política del diálogo y el consenso, y otra muy distinta es no tener en cuenta el bienestar integral de todos los sectores de la sociedad donde el mal manejo oficialista elevó la pobreza al 42%, hizo desaparecer a decenas de miles de empresas, expulsó a las grandes empresas y quebró las economías domésticas.  

Una gran diferencia es utilizar la táctica del miedo para paralizar a una población, la amenaza de controlar la circulación ciudadana como un Gran Hermano vigilante, atemorizar con caer con toda la fuerza del Estado sobre los transgresores, y así usar una cuarentena carcelaria para someter a los argentinos: a mi gusto, esa no es una buena idea.  

Por eso, considero que hay un Estado que te cuida y un gobierno que te reta, espero que de ahora en más prime la cordura al momento de tomar decisiones difíciles. Esta es una situación excepcional, lo cual requieren decisiones excepcionales. La más acertada, a mi gusto, es apelar al autocuidado y al esfuerzo de nuestros ciudadanos, sin dejar de pensar en la salud, el trabajo, la educación y el esparcimiento, sin elegir entre uno u otro. 

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