Lo insensato como parte de una campaña electoral

Por Osvaldo Mario Nemirovsci. El exdiputado nacional carga duramente contra la ensayista Beatriz Sarlo por participar del último documento firmado contra el Gobierno.

El exdiputado nacional Osvaldo Nemirovsci.

Beatriz Sarlo no es lo mismo que otros firmantes. Es más. Por formación, capacidades y cierta experiencia militante, le cabe mayor responsabilidad por el documento sedicioso que firma. Sí, sedicioso. Y como es inteligente, en poco tiempo verá su error. Será tarde. 

Ese documento que en sus partes dice: 

“Si gana el FdT vaciará hasta la última gota de democracia”. 

Extraña forma de entender la democracia cuando se sabe que, si alguien gana elecciones realizadas en libertad y garantías suficientes de participación, ¡es porque lo votaron! 

Esta premisa encierra algo más grave y que se contornea en un pensamiento autoritario y casi subversivo para el orden legal, que es suponer que, si “no me votan a mí, la elección no sirve”. 

Sigue el documento con frases como: 

“La democracia argentina en la encrucijada: neogolpismo o progreso”. 

Otra vez aparece la autoevaluación de las calidades del voto. El que no vota lo que yo quiero está apoyando al “neogolpismo”. Falso dilema, imposible de darle certeza en un proceso electoral, que claramente es lo contrario del golpismo. La gente, los pueblos, votan y eligen. 

Y un tema que daría para el humor es que se asigne a Cambiemos alguna calidad de “progreso” ya que sus exponentes políticos, económicos y culturales han demostrado, largamente, ser lo contrario a lo que la idea de progreso representa. 

La palabra alucinación es sinónimo de fantasía, y solo ahí puede hallarse alguna posibilidad que adultos con cierto raciocinio (como Sarlo…¡que firmaste Sarlo!) puedan rubricar algo que expresa: 

“No el peligro de un golpe militar como los que conocimos en el pasado, sino otro mucho más sutil que se enmascara bajo la retórica del altruismo y la solidaridad”. 

O sea, una elección, si gana quien yo no quiero, provoca algo peor que un golpe militar, pues es “mucho más sutil” y entonces entendemos que esa sutileza le permitirá hacer cosas más horridas que las derivadas de un golpe militar. 

Y muestra, este párrafo un gran desprecio por las capacidades de los pueblos para saber que quieren, que les conviene y que eligen. Estos pueblos pueden ser fácilmente engañados con una simple “retórica” (arte de hablar o escribir de forma elegante y con corrección con el fin de deleitar, conmover o persuadir) que les haga creer que son “altruistas” y solidarios” quienes no lo serían. ¡Confieso que hace al menos 80 años no leo algo tan elitista sobre el tema! 

“Un trágico síntoma de la descomposición democrática que vivimos fueron las severas restricciones de las libertades fundamentales durante la cuarentena, picos de violencia estatal nunca vistos en democracia”. 

Supongamos que hay que criticar las medidas tomadas desde la aparición de la pandemia. Es válido hacer esa crítica e incluso puede dudarse de la efectividad de las mismas y considerar que su duración o formas no eran las correctas. Pero ¿Quién tenía la brújula y la sapiencia necesaria para enfrentar una epidemia desconocida en el mundo entero? Lo que hizo el gobierno respondió a una posibilidad de plantarse ante los contagios con cierta lógica de preservación de la vida y de sostenimiento en el tiempo de un sistema de salud, que muy deteriorado por la anterior administración, se veía dificultado de encarar el desafío de atender a miles de personas al mismo tiempo. 

Fue una decisión. ¿Puede discutirse? ¡Desde ya! Pero de ahí a hablar de “restricciones a las libertades” y sobre todo de “picos de violencia estatal” (¡!) hay un largo trecho que marca distancias entre la prudencia de una crítica y la excentricidad de una enajenada denuncia como la que hacen en el documento. 

Y para finalizar este convite de violencia, golpismo lingüístico e irresponsabilidad política, los firmantes (Sarlo entre ellos… ¡Que firmaste Sarlo!) dicen que: 

“Antes, los autoritarios se levantaban en armas y gobernaban con los fusiles. Eso ya no existe. Ahora llegan al gobierno con el voto popular”. 

¿Y cómo quieren que se llegue, si no es por el voto popular? Esta proposición esconde cierta reivindicación del “voto calificado”, dato desde ya preocupante en caso que quienes dicen esto, tengan el poder para impulsarlo. Hace 119 años que, con más y menos ya que las mujeres no votaban, existe el voto popular en nuestro país. No vayamos para atrás en eso. 

Pero mucho más grave es dar semejanza a que quienes se levantaban “en armas y gobernaban con los fusiles, con los que ahora ganan elecciones”. Sabemos que quienes hacían eso, mataron, desaparecieron opositores, robaron bebés, torturaron, encarcelaron sin juicio, destruyeron la esencia del país, entregaron su economía. Esta equiparación, ofende. Pero no a los peronistas. Ofende la memoria y la historia de todos los argentinos. Banaliza y minimiza lo hecho por la dictadura (¡que firmaste Sarlo!) y esconde detrás de cierta grandilocuencia en frases desafortunadas, la insolvencia política e intelectual para una crítica sensata. 

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