Alertas bonaerenses: Kicillof no sabe negociar

Por Nancy Sosa. La periodista advierte sobre las dificultades de la administración de Axel Kicillof para renegociar las deudas.

La única forma de comprender que el gobernador Axel Kiciloff haya pospuesto 19 veces un acuerdo para pagar la deuda externa de la provincia de Buenos Aires es remitirse a la concepción del conflicto según las versiones marxistas y neomarxistas donde el dinero en sí no es lo principal sino a qué sector capitalista no hay que pagarle porque es contrario a la ideología. 

En algunas opiniones de los últimos días se duda acerca de las capacidades de Kiciloff para negociar, actitud que ya se ha comprobado, porque la repite, con el Club de París en 2015, con la estatización de Aerolíneas Argentinas, con el pago a los españoles sin revisar la deuda. No es posible que un funcionario de primer nivel se niegue en 19 oportunidades a acordar, incluso ahora mismo cuando un acuerdo queda sin cerrarse por solo 2 dólares de diferencia. 

Releyendo las teorías sobre el conflicto liberal y marxista, dos visiones contrapuestas, surge la conclusión de que la corriente a la que adhiere el mandatario bonaerense no le da herramientas para ponerse ducho en materia de negociación en la que el dinero es la parte sustancial. Para ser sincera, tampoco sabe negociar muy bien, y se ve, a favor de los distintos grupos vulnerables, los más necesitados, los que menos recursos tienen, como ordena el marxismo. 

Esa falta de aptitud para ver las deudas a saldar lo llevó a ser ultrageneroso con el Club de Paris, donde tuvieron que decirle hace seis años que ya está, que es suficiente lo pagado, para ese momento. Los hispanos callaron, como siempre que ven que el otro le está dando un billete de mil pesos actuales en lugar de uno de 10 recién salido del horno. Pero ahora, en 2021, cuando no cumple la función de ministro de economía sino de gobernador, el “pequeño Kici”, como lo llama cariñosamente el periodista Jorge Lanata, amarroca, no larga la guita para cancelar sus deudas con los prestamistas. Guarda esa plata para la campaña electoral que se le viene encima de mala forma, tanto como amontona vacunas en heladeras para usarlas unos días antes de las elecciones y “provocar un shock” de dinero y vacunas salvadoras, de modo que los bonaerenses tengan fresca en su memoria la “generosidad” del Estado presente con llegada tarde. Parece que tampoco confía en la memoria de sus gobernados. 

El gobierno bonaerense está cerca de un acuerdo con los bonistas para reestructurar US$7.148 millones, “un manguito” importante como se dice en la jerga periodística. Pero no quiere arreglar porque sus vísceras y sus emociones empoderadas le ponen anteojeras para que solo piense en las elecciones del último cuatrimestre del año. Esas, las de medio tiempo, donde se dice que si no hay 2021 no hay 2023. 

Kici tiene que sacar a flote a la provincia más afectada por la pandemia por culpa de la conducción política local y nacional, para darle una satisfacción a su jefa espiritual, tan carente como está de buenas noticias judiciales. Y abonarle el terreno al hijo de la vicepresidenta de la nación –a la que no le importan ni los muertos que fueron homenajeados por Alberto Fernández-, con el propósito de que pueda justificar su llegada con cierto y escaso honor a ocupar el sillón del Partido Justicialista provincial, aunque en su fuero íntimo eso sea una simple maniobra para el 2023. 

La teoría del conflicto de Karl Marx, ídolo de Kiciloff, aborda las acciones que realiza cada persona o grupo, organización o sociedad, en sentido amplio, para lograr el máximo beneficio, algo que a su vez genera cambio social, político y revoluciones. Estuvo escrito para un sistema imaginado por Marx, que luego Lenín intentó aplicarlo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Marx marcó la etapa inicial del socialismo, donde esta idea quedó instalado en un puñado de estados, pero nunca llegó a consagrar el comunismo que es el gobierno del proletariado. Quienes lo siguieron se dieron cuenta de que, en realidad, es más atractivo pelear por un cargo de funcionario o legislador que promover la transformación socialista que elevaría al proletariado al nivel de gobierno del pueblo. Es decir, el sistema optativo del capitalismo tiene sus atractivos, y son bastante más personales desde el momento en que privilegian al individuo. 

Ni aún en la mezcla libidinosa de la República China entre socialismo y capitalismo el pueblo se beneficia si carece de dirigentes con negada habilidad para negociar. En Argentina misma se ve con claridad el avance chino con bases satelitales, el intento de contar con una nuclear, la hidrovía del Paraná, y asentamientos estratégicos en Tierra del Fuego. A los chinos no les tiembla el pulso para negociar: te mando la Sinopharm y vos me das la Hidrovía. No piden un glaciar ni las islas Malvinas, piden la pesca libre de camarones y langostinos sin autorización ni control. 

Pero Kiciloff no negocia la deuda de su provincia porque no sabe, y además está embretado en la chiquitez electoral suya y de su jefa con el hijo, es decir por partida doble. Con gente como ésta la Argentina nunca llegará a ser una potencia y su historia pasará por la pelea de si le damos manija a la soja, o despreciamos el yuyo 

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