Miniturismo solidario: todo por cincuenta pesos

Por Mariela Banco. La periodista y autora de ‘Leyendas de Ladrillos y Adoquines’ advierte cómo las excursiones locales pueden salvar a los golpeados locales gastronómicos, salas teatrales y museos de la Ciudad.

Ayudar a sostener los locales gastronómicos, salas teatrales y museos es vital para no lamentar más cierres definitivos. Sabemos que la pandemia se llevó para siempre el aroma a café recién molido de La Puerto Rico y el envolvente olor a pochoclo calentito del cine General Paz de Belgrano, por nombrar algunos lugares emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires que, lamentablemente, bajaron la persiana. 

Pero se observa un espíritu de salvataje sobrevolando las puertas de los teatros de Avenida Corrientes donde, este fin de semana, se registraron largas filas para disfrutar de la variada cartelera para grandes y chicos. 

Me corrijo. El espíritu protector corresponde a la gente que parece estar entendiendo que es posible aprovechar el mejor “happy hour” de la crisis: auxilio y disfrute, los dos al precio de uno. 

Las filas para ingresar a algunos bares y restaurantes, emociona. Señoras comprando especias en El Gato Negro, esperanza. Parejas sacando fotos en el Tortoni, alegra. 

Porque no podemos seguir perdiendo notables. Por otro lado, en comparación (por más antipáticas que sean las comparaciones), un chocolate espeso con churros servido en fina vajilla cuesta lo mismo en una confitería centenaria que en una estación de servicio en un vaso de plástico. 

Se respiran aires venturosos tanto para la amplia oferta cultural como gastronómica que han sido tan fuertemente golpeadas. 

Basta con recorrer los barrios y el microcentro para ver las largas listas de espera que hay para comer o meterse en las páginas oficiales de los museos para ver la cantidad de turnos que ya no están disponibles para recorrerlos. Buenos síntomas para la economía y para la cultura. 

También hay una noticia positiva para los enflaquecidos bolsillos: cincuenta pesos es el precio de la entrada de muchos de los museos porteños, un tercio de lo que cuesta agrandar el combo en el fast food.  

Dos boletos de colectivo aproximadamente es lo que cuesta ingresar al Fernández Blanco para disfrutar de su increíble colección de arte virreinal americano de los siglos XVI, XVII y XVIII dentro de un palacio de arquitectura neocolonial iberoameriana y jardines con impronta andaluza.  .

Las buenas noticias siguen: hay otros museos que son, directamente, gratuitos; como por ejemplo el Histórico Nacional, ubicado en Parque Lezama, el mismo parque que le da inicio a la novela “Sobre Héroes y Tumbas” de Ernesto Sábato.  

El miniturismo interno y las excursiones locales pueden salvar a estas industrias y sitios de interés cultural que, en definitiva, no son más que PyMEs — con un poco más de historia en sus paredes. Hagamos fila. 

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