Lógica y sobriedad

Importado de Hungría, este compacto de la marca alemana se ofrece en nuestro mercado en una sola versión. De estética conservadora, monta un pequeño, pero eficaz motor turbo.

Se trata de la tercera generación de este modelo de la casa de la estrella que, según la mirada de cada uno, puede ser un monovolumen o hatchback. Comparte plataforma, mecánica y mucho equipamiento con el Clase A de cuarta generación. Del mismo modo, cuenta con el motor del A 200, que es un cuatro cilindros turbo 1.3 naftero de 163 Cv y 250 Nm de torque. Con tracción trasera, está asociado a una caja automática de doble embrague, con siete velocidades. Con idéntica mecánica, al momento de su lanzamiento el B 200 en nuestro mercado se comercializaba en dos variantes: la de entrada de gama Style y la Progressive, que actualmente es la única que figura en el catálogo de la marca alemana y que probamos en esta oportunidad.

El interior es uno de los aspectos más destacados de este modelo, ya que, además de contar con elementos de gran calidad, sobresale por las enormes y modernísimas pantallas que recorren gran parte del panel frontal. Al tratarse de un vehículo relativamente alto (estamos hablando principalmente del techo), el ingreso se realiza con bastante facilidad. Una vez adentro, nos encontraremos, adelante, con butacas muy cómodas y ergonómicas, que combinan la mayoría de las regulaciones manuales, con alguna eléctrica, como el caso del ajuste lumbar. La posibilidad de estirar la parte de adelante del cojín suma un plus a la confortable posición de manejo, que termina de redondearse con el ajuste en altura y profundidad del volante. Todo esto se complementa con un extenso apoyabrazos central. Delante de este está el novedoso comando tácil para varias funciones, al que al principio cuesta adaptarse. Atrás la situación cambia bastante, ya que como buen auto alemán, no propone demasiado espacio para las piernas y la plaza central es para una persona de menor tamaño. El baúl, por su parte, ofrece unos generosos 455 litros, frente a los 370 litros de su hermano Clase A. 

Como dijimos, el motor de este B 200 es un cuatro cilindros, turbo 1.3 naftero de 163 Cv y 250 Nm de torque, que los obtiene entre las 1.620 y las 4.000 vueltas. El modelo viene con la caja automática de 7 marchas con doble embrague, denominada 7G-DCT.

Su comportamiento nos pareció casi óptimo, mientras que también recurrimos a las levas del volante para comandarla secuencialmente, recurso que le otorga una gran sensación de deportividad.

Para adaptarse a las preferencias del conductor, el Clase B cuenta con distintos modos de conducción, que conforman el denominado Dynamic Select. Las tres alternativas son: Confort, Eco y Sport, que se diferencian por ofrecer diferentes configuraciones, tanto en las suspensiones (un sistema eléctrico regula la dureza de los amortiguadores), como en la electrónica y el mapeo del motor.

En el modo más radical, en las pruebas alcanzó los 224,6 km/h y aceleró de 0 a 100 km/h en unos elogiables 8,4 segundos, los que nos dan una clara idea de lo ágil que resulta, tanto para la ruta, como para la ciudad.

También se mostró muy elástico, parámetro que es muy importante a la hora de sobrepasar camines en la ruta. El tiempo obtenido para pasar de 80 a 120 Km/h fue de unos cortos 5,7 segundos. 

En término de rendimiento, este modelo sorprendió con cifras ruteras de 15,6 Km/l a 120 Km/h, mientras que a 90 Km/h registró unos largos 23 Km/l. En ciudad, por su parte, asistiéndose con el sistema de arranque y parada, Start&Stop, estableció unos no muy favorables 8,1 Km/l.

El andar es otro de los fuertes de este modelo, que puede pasar de lo mullido y confortable en ciudad, a lo firme y de buen agarre en la ruta. El diámetro de las llantas es de 17 pulgadas y calza neumáticos de tamaño 205/55. 

Con frenos a disco en las cuatro ruedas, y con varias asistencias al frenado, las distancias de detención resultaron muy buenas. Por ejemplo, de 100 a 0 Km/h recorrimos 39,8 metros.

Además de algunos ítems ya nombrados, el equipamiento de confort se compone de climatizador automático, control de velocidad crucero con limitación variable de la velocidad, integración de smartphone con Apple CarPlay y Android Auto, sistema Bluetooth, sistema multimedia con pantalla de 10,25″ y el sistema Parktronic, que es la ayuda activa para estacionar. 

En este sentido, por tratarse de un premium, es casi inadmisible que no tenga cámara de marcha atrás y la ausencia de rueda de auxilio. 

En cuanto a seguridad, se destaca por los airbags delanteros frontales, laterales, de rodilla para conductor y de cortina, alarma antirrobo con protección antirremolcado y sensor de rotura de cristal, monitoreo del cansancio del conductor, control de la presión de los neumáticos, programa electrónico de estabilidad y sistema de control de tracción (ASR), ayuda de arranque en pendientes y función de parada Hold, entre otras cosas.

En cuanto a los faltantes, los más notorios nos parecen los de ayuda a la conducción, como el mantenimiento de carril o el frenado automático de emergencia, como ya equipan modelos de marcas generalistas. 

Con unos elevados 54.500 dólares, por sus características, en la Argentina este modelo no encuentra rivales en los principales competidores premium, que son BMW y Audi. La garantía es de unos acotados dos años, aunque el plazo en kilometraje es ilimitado. 

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