(14-N) ¿Ni vencedores ni vencidos? (sólo jodidos)

Por Daniel Bosque. El periodista y director de Mining Press y EnerNews analiza todo lo que dejó las elecciones de medio turno.

“Esta será la última revolución. Sin vencedores ni vencidos afirmará la unidad de los argentinos” (General Eduardo Lonardi, derrocador de Perón en la Revolución Libertadora). 

Juntos ganó la elección nacional. No logró su objetivo de desbancar a Todos de Diputados, pero le arrebató el quorum en el Senado. El cuasi empate en PBA fue un estresado “triunfo” del gobierno 

Por fin pasó el 14-N. La Argentina estancada, pero próspera para equilibristas y a la vez un lastre que ahoga a millones de ciudadanos, ha asistido a otra (enésima) bisagra. Así define la prensa y la política a las parlamentarias en las que el peronismo ha salvado la ropa en los pagos bonaerenses, aunque el Sur se le cayó como un piano, mientras ha zafado en su Norte bastión y ha mordido uno que otro polvo en los grandes centros urbanos del Interior, asolados por la inflación, la falta de trabajo y el crimen. 

Diputados queda en 118 FdT – 116 JxC. El mapa de intermedias fue amarillo en 15 provincias y en siete de ocho circunscripciones bonaerenses. Ocho puntos de distancia en la Nación, pero no hubo paliza al gobierno en el distrito mayor. 

Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Como algo hay que decir, y si es rimbombante mejor, Alberto ha disparado por las redes, antes de encender mechas en el bunker FdeT, un mensaje de pretendido estadista, con aires frondizianos pero sesenta años de decadencia después. El presidente disfruta de lo paradojal (¿o bipolar?): ha llamado al consenso en el mismo texto en que ha destruido a su oposición de centro derecha por el pasivo heredado con el FMI. Y la ha invitado al “gesto patriótico” de encontrar rumbos para la Argentina que tiene de todo, aunque también argentinos. Algo así como una propuesta de amor de un vegano a un carnicero o viceversa. 

Otros fuegos amigos. Juntos ya no es macrismo pur sang, sino una perestroika indecisa, con los radicales más erectos que han visto en Facundo Manes un imán para los votantes (después de haberlo machacado en las primarias). Ha ganado la generala, pero se ha quedado con el gusto a fósforo en la boca. Otro tema será el en adelante, porque crecen las chispas entre Mauricio Macri (¿qué hacer con su costado electoral resistido?) y sus halcones que tantean con levantar una gran carpa liberal y enfrente el polo peronista del PRO, el más ganador con Rodríguez Larreta y Maru Vidal más la intifada UCR que avisó que todo tiene un límite. 

La oposición ha disgustado a Cristina y le ha birlado el quorum en el Senado, un despoder que puede ser más simbólico que práctico. Siempre habrá una tarjeta Banelco para sacar adelante los temas queridos, enseñaba el efímero Chacho Álvarez.  

Bien por la media docena de intendentes del conurbano que dieron vuelta el papelón del 12-S poniendo todo lo que había que poner. “Si al fin y al cabo aquí siempre fuimos peronistas, sólo que a la gente hay que prestarle más atención sino se te viene el gorilaje y les mienten como a niños”. Vale la pena hundirse unos días en el barro y que sientas que estamos contigo. 

No tan bien por algunos gobernadores de los feudos tradicionales de Perón y Evita, Nestor y Cristina, que perdieron o han sentido el aliento en la nuca. No es lo mismo la Patagonia, donde el fenómeno violento de los mapuches aupados por los progres porteños y el INAI ha sido lo último que faltaba, que los casos de Mendoza, Córdoba y Rosario, donde son diversas las razones para mirar con tirria a la familia K. La gran pregunta quién ganará las batallas intraperonistas que vienen. 

¿Cómo sigue esto? Está bueno el empate, aunque no sume para la Libertadores. Para la comidilla política y el palco proscenio cuentaporotos habrá novedades excitantes, como que Sergio Massa conservará despacho y chofer. Para la vida de los dos tercios de argentinos incómodos tal vez no cambie gran cosa. Para muchos, es una pena que el violín electoral vuelva a la bolsa hasta dentro de un año y medio. Porque en estas instancias es cuando “la casta”, el neologismo que popularizó el inefable libre liberador Javier Milei, se acuerda de que el personal existe. 

Alberto, mientras reconstruye poder y no puede ocultar su tez sopapeada por la realidad, ha prometido dejar atrás la pesadilla de la pandemia y poner proa al desarrollo. El error es semántico, porque hay 15.000.000 de compatriotas que se han caído del sistema o están por hacerlo.  Los anuncios de inversiones y acuerdos comerciales, auto petardeados por cepos y discursos anti empresas no les alcanzan. El Estado del Bienestar no puede curar sus males de vida porque el Estado y mucho del establishment que lo corteja no es apto ni profesional ni vocacionalmente hablando. 

Argentina tiene con qué: soja, carne, industria, energía, minería… y crecerá un 9% dice Alberto, como para recuperar parte de lo que destruyó la cuarentena a tontas y a locas. Y puede ir a por más, incluso a caballo de moratorias con los acreedores. Pero lo difícil, y por eso la sociedad está ofuscada, es saber si podrá cerrar la brecha de dos sociedades que se han anquilosado peligrosamente en la mejor versión de la América Latina profunda. Estamos los que comemos sano y sin tagg. Y en el otro extremo los que tiran del carro cartonero, de dónde salieron tantos, que vivirán penosamente y 10 o 20 años menos. 

Al gobierno, que este domingo a la noche se regodeaba por haber zafado del escarnio duro, con anabólicos de todo tipo, lo mismo que a la oposición que se quedó con los espumantes en el freezer, les quedan dos largos años hasta 2023. “Somos la unidad en la diversidad”, dice Sergio Massa, una mentira más grande que una casa, excepto por las vivencias comunes del confort de gobierno y oposición. 

Los une vivir en otros barrios. Unos ejecutaron y otros toleraron sin mayores tensiones la cómoda y discrecional cuarentena que ahora unos lamentan y otros castigan, mientras bisoños funcionarios new age se llenaban la boca por zoom de consignas y proclamas inclusivas. En un país arrasado como éste, la inclusión bien entendida no debería limitarse a militar y gastar recursos en programas “Me too” y de amparo a los LGBTQ. Sería bueno preocuparse por los millones de hijos de la Patria que tienen hambre, que son adictos y esclavos del poder narco o que no tienen lugar en el mundo del trabajo escaso. 

Serán dos años muy duros. No hay una antinomia entre Estado y mercado, entre superávit o déficit fiscal, sino entre privilegiados-corruptos-indolentes vs. mishiadura. Verbigracia: CFK cobra un fortunón de jubileo, pero hay miles en ese escalafón, de los tres poderes, en las 23 provincias. Hay muchos vivos en este país, como en tantos, que toman pastillas para no dormir así siguen vendiéndole espejitos a los atribulados. Viva el empate, estamos todos contentos, la democracia es lo más, intentemos un gran acuerdo gran ¿Y si terminamos con esta farsa? 

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