No será la primera vez que el peronismo quede en minoría en el Senado

Eso ya le sucedió en 2009, luego de la derrota en las legislativas de ese año, cuando la cantidad de legisladores propios descendió dramáticamente. Cómo sortearon la situación entonces.

Miguel Pichetto debió arreglárselas para no perder el control de la situación.

Por José Angel Di Mauro

A partir de la sorprendente derrota en las PASO en seis de las ocho provincias en las que este año se elegían senadores, el oficialismo cobró conciencia de que podría llegar a suceder lo impensado: que el Frente de Todos se quedara sin quórum propio en la Cámara que preside nada menos que Cristina Fernández de Kirchner. Tenían dos meses para revertir la situación, pero sabían que no sería sencillo, pues debían dar vuelta al menos dos de esas seis provincias en las que habían perdido.

Eso no sucedió, y desde el domingo comenzó a hablarse erróneamente de lo que muchos plantearon como una situación inédita desde 1983: que el peronismo perdiera el quórum propio en la Cámara alta. No es así, esto ya sucedió y no hace tanto tiempo. De hecho, Cristina Kirchner debe recordarlo bien pues pasó en el año 2009.

Ya recordaremos qué sucedió entonces, pero primero conviene hacer una aclaración: ¿Por qué se habla de un hecho inédito desde 1983, si el primer ganador de las elecciones en el regreso de la democracia fue el radicalismo? En efecto, en la recuperación democrática, Raúl Alfonsín se vio beneficiado por el hecho de que ambas cámaras se conformaran a partir de esa elección. Como bien se explica en el libro Gobernar en minoría, de quien esto escribe(Ediciones Corregidor, 2019), la Cámara baja tenía por entonces 254 miembros -tres menos que la actual composición-, y a la UCR le correspondieron 129, con lo que se aseguraba la mayoría absoluta, producto del 49,28% obtenido en esa elección. El Partido Justicialista quedaba por primera vez en elecciones libres y sin proscripciones relegado a ser oposición, y su 37,12% se tradujo en 111 diputados.

La Cámara de Senadores de 2009, donde el peronismo fue por primera vez minoría.

Pero hablamos del Senado, donde por entonces la elección de sus miembros no era directa -como se dispuso recién a partir de la reforma constitucional de 1994-, sino que los dos senadores de cada distrito eran elegidos por las legislaturas provinciales. El PJ, que había ganado el 30 de octubre de 1983 doce gobernaciones contra siete del radicalismo, tuvo una previsible mayoría entonces en la Cámara alta, alzándose luego con 21 de los 46 integrantes que tenía entonces el Cuerpo. La UCR no quedó tan lejos: sumaba 18 senadores.

Lo cierto es que desde entonces el peronismo fue siempre mayoría, más o menos holgada, en la Cámara alta. Hasta 2009, cuando esa hegemonía tocó a su fin. Fue consecuencia de la crisis generada con la 125, que terminó en la primera derrota electoral del kirchnerismo en las elecciones de junio de 2009. Ya se habían producido en ambas cámaras fugas de peronistas que dejaban el kirchnerismo como consecuencia de la guerra con el campo y lo cierto es que en Diputados el bloque Frente para la Victoria se redujo a 87 miembros. Lo más grave para ellos fue que la oposición se unió en lo que despectivamente el oficialismo denominó a partir de entonces el “Grupo A”, cuya primera medida fue adueñarse de la mayoría de las comisiones en la Cámara baja. La oposición pasó a presidir 25, quedando en poder del oficialismo las 20 restantes.

Y ahora sí volvamos al Senado, donde el oficialismo perdió por primera vez el quórum, con un bloque propio de 30 miembros. A esos 30 había que sumar dos “incondicionales”: el fueguino Mario Colazo y la santiagueña Ada Iturrez de Cappellini. Y había que sumar a otros dos aliados eventuales, que de hecho se habían convertido casi en permanentes: los dos senadores del ARI fueguino, quienes en función de las necesidades financieras de la gobernadora Fabiana Ríos votarían siempre en consonancia con el Ejecutivo nacional. Pero con 34 votos el Frente para la Victoria ya no tenía el control de la Cámara. Del otro lado no había un bloque único, sino una oposición diversa integrada por un bloque radical de 16 senadores, y el Peronismo Federal nacido precisamente del conflicto con el campo, que sumaba 9 miembros. Todos claramente opositores, a los que había que sumar a Luis Juez y Norma Morandini, del bloque Frente Nuevo, y los miembros de bloques unipersonales Rubén Giustiniani (socialista), María Eugenia Estenssoro (Coalición Cívica), Samuel Cabanchik (Proyecto Buenos Aires Federal), el renovador salteño Juan Agustín Pérez Alsina, y la exoficialista María José Bogiorno. En total sumaban 32.

Julio Cobos presidía por entonces la Cámara alta y debió desempatar también con el proyecto del 82% móvil.

Como ahora, había entonces seis senadores que se transformarían en claves para las futuras discusiones y sobre ellos debería operar el kirchnerismo para inclinar la balanza a su favor. El más afín de ellos era Horacio Lores, del Movimiento Popular Fueguino, que en general votaba a favor del oficialismo (pero con la 125 había votado en contra).

El peronismo chubutense se había dividido en ambas cámaras: estaban los fieles al FpV y los que apoyaban al gobernador Mario Das Neves, distanciado de los Kirchner. En el Senado, Marcelo Guinle mantuvo los pies dentro del bloque oficialista, en tanto que la senadora Graciela Di Perna era fiel al dasnevismo y así sus posturas estuvieron siempre más cercanas a las de la oposición que al kirchnerismo.

Los tres correntinos eran un caso especial: todos electos en junio de ese año, debían confluir en el bloque radical, pero provenían de sectores enfrentados. Los senadores por la mayoría adherían al gobernador Arturo Colombi, que había perdido la provincia en segunda vuelta; el tercero era Nito Artaza, que había competido por la lista de Ricardo Colombi, a la postre gobernador.

Por último teníamos a los dos senadores del PJ pampeano, que armaron entonces un bloque separado del oficialista, pero tampoco alineado con el Peronismo Federal: Carlos Verna y María de los Angeles Higonet.

En febrero de 2010, a la hora de la sesión preparatoria en la que se designan las autoridades de la Cámara, la oposición se unió y llegó a los 37 votos para quedarse con la mayoría de las mismas.

Fue una situación inédita para el kirchnerismo, pero también para el peronismo en general ser minoría en ambas cámaras. “Fue un caso muy notorio, que duró muy poco, porque no lograron consolidar el espacio, y además se fueron desperdigando”, recuerda en el libro Gobernar en Minoría Miguel Pichetto, quien ya por entonces presidía el bloque oficialista.

– ¿En ese breve tiempo cómo se las arregló? 

– Yo hice ahí una tarea defensiva, de resistencia.

Además de quedarse con las comisiones, el éxito más importante que logró esa mayoría opositora en el Senado fue aprobar el 82% móvil, en una votación que desempató Julio Cobos. “También nos quisieron voltear la designación de la presidenta del Banco Central (Mercedes Marcó del Pont) y no pudieron porque Menem votó con nosotros”, recuerda Pichetto.

A partir del 10 de diciembre comenzará a escribirse una nueva historia.

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