Un gobierno en el que solo existe el pasado

Por Nancy Sosa. La periodista reflexiona sobre la marcha a plaza de Mayo convocada por el gobierno por el día de la democracia.

Eso es lo que se vio el 10 de diciembre en la Plaza de Mayo. El pasado estuvo presente todo el tiempo en ese acto inexplicable, o solo explicable por la necesidad de invisibilizar una derrota electoral. Hacen como si no hubiera pasado nada y creen que lo que aparece en la superficie es la realidad. Pero no lo es.  

Digo que solo estuvo presente el pasado en el palco, y en el llano de la Plaza, porque se emularon hechos que nada tienen que ver con el presente y mucho, pero mucho menos con el futuro. El pobre Pepe Mujica fue el único que no se incendió, pero lamentó internamente haber venido, solo por Lula. Fue breve, no dijo ninguna genialidad de las que suele exhibir, y le pasó rápido el micrófono a su amigo para que hiciera un relato de las cosas que vivió durante sus mandatos presidenciales en consonancia con la época en que “pareció” que iba a armarse la Patria Grande, pero Dios no lo permitió. Se llevó a dos de los pesados antes de que eso ocurriera.  

Lula no habló de su futuro ni el de Brasil, no puede mostrar las cartas antes de tiempo, que serán sorpresa para más de uno. Él aprende, otros repiten como loro los discursos y hasta repiten de grado. Fue un discurso contenido, sujeto a una realidad feliz pasada, de cuando la izquierda brillaba y marchaba por América Latina con pretensiones de reflotar una revolución. Pasado, pasado, pasado.  

Ella, la vice, arrancó eufórica y con más energía que todos los cansados que estaban cerca del palco, quería que saltaran como en otras épocas, que cantaran esos himnos pequeños de siempre, y los repitieran hasta el cansancio. Repetir, repetir, repetir. Lo pedía con sus manos como si fueran batutas dirigiendo una orquesta. Un papelón. La gente no reaccionó como ella quiso. Estaba molesta por la incursión violenta de La Cámpora para ubicarse en el medio de la plaza, después de desplazar a los del Movimiento Evita que -nadie lo dijo porque no lo vieron y yo sí- se fueron caminando por las laterales antes de que comenzara el acto. Iban a las puteadas.  

La Cámpora, con el estilo más notable de los antiguos montoneros, buscó “copar” la plaza porque llegaron tarde al acto anterior no solo para contrariar a AF, sino porque se durmieron con el rito. Había que recuperar el terreno perdido. El Movimiento Evita les había ganado la calle. Es decir, en 2021, los montoneritos de pacotilla pechearon a los Evita, y no al Movimiento Obrero “de derecha” como en 1974, porque esta vez no estuvo presente y no fue casualidad. “Antón, Antón, Antón pirulero” les hicieron.  

Aquel pasado fue un drama mayúsculo, lo de ayer apenas un paso ridículo de comedia. Por supuesto, a esa puesta la vio por TV el 70 por ciento del pueblo argentino, para aprender, y reaprender hasta el hartazgo que el pasado ya fue. Que de nada sirve que la vice haga raccontos atrasados sobre lo mal que la tratan la justicia y la política a ella, y trastoque la visión de la historia acomodándola para que le sirva personalmente; tampoco tuvieron sentido las inútiles palabras de un jefe de estado que tiene que tranquilizar a su vice, en realidad su presi, por la negociación de la deuda. Ella no es su hija, y tampoco lo considera un Padre superior para calmarle el berrinche.  

¿De qué Fondo Monetario se habló ayer en la plaza? ¿Del tradicional o el actual? No importa. La señora dijo hace menos de quince días que su marido siempre había sido partidario de honrar las deudas. Ahora no quiere que se haga de “cualquier forma”. Nunca fue de cualquier forma, ni cuando Néstor y Lula pagaron el mismo día sus deudas al FMI cuando eran presidentes. Se paga lo que hay que pagar, y de acuerdo a las capacidades de los líderes para negociar. Pero eso es tema de otra canción pues los liderazgos han huido de Argentina.  

En esa flaca Plaza de Mayo del viernes bailó el pasado, deshilachado e incomprendido, y Argentina volvió a atrasar más que nunca. A ella no fueron siquiera los que hicieron un acto propio entre comicio y comicio para denostar al jefe de Estado, e insultarlo como a cualquier vecino. No estuvo Hebe de Bonafini, no estuvo Amado Boudou, ni todo ese sector de disconformes que soplan las trompetas en las partituras feroces de CFK. Esos a los cuales manda a decir en público lo que ella piensa en privado, y se roban las piedras de los muertos por el Covid 19.  

Quedaron en ese triste palco jirones vetustos de tradiciones caducas, de mitos que perdieron su orgullo, de ilusiones argentinas pisoteadas por la ausencia de jerarquías políticas, de pensamientos e ideas que nos inspiren para salir de esta soberana crisis que parió el 50 por ciento de pobres y de la que se verá su peor versión durante 2022. 

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