A bajarse los pantalones

Por Nancy Sosa, periodista. La autora advierte el peligro de llegar a acuerdos con China y Rusia en medio de las negociaciones con el FMI.

Si no fuese tan dramático el proceso político argentino actual sería una comedia trágica que comenzaría haciendo reír para terminar llorando como en un velorio.  

En tiempos pretéritos “jugar a dos puntas” era casi el modelo de una genialidad, pero implicaba en su significado proceder con falsedad o con doblez adoptando, según la conveniencia, dos actitudes o comportamientos distintos u opuestos. Esto es lo que está haciendo el gobierno argentino con la geopolítica errática que lleva a delante.  

El resultado es incierto, no se trata de ninguna genialidad y lo más probable es que el resultado resulte nefasto para el pueblo.  

¿Es acaso aceptable fingir un semi acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que, sin estar aún firmado, deja ver unos agujeros peligrosos en la negociación, y al mismo tiempo “abrirle la puerta de entrada a Latinoamérica” a Rusia, mientras horas después se dispone a entregarle 17 proyectos de soberanía nacional a China con la excusa de un financiamiento de obras?  

Esa presunta audacia no se vio en la historia de la humanidad y dadas las características de liderazgo del máximo representante del país, lo más probable es que todo termine derrapando en un triste tobogán de juguete o lleve al país a las antípodas de lo que quiere el pueblo.  

En primer término, hay que decir que el acuerdo con el FMI se necesitaba, aunque fuese una veladura, para que Rusia le prestara plata a Argentina y para eso se quedó el ministro de Economía Martín Guzmán en Moscú. Rusia había puesto la condición de que no le daría un mango al país si antes no arreglaba con el Fondo, igual que China. Ambas naciones integran el directorio del organismo internacional de crédito más grande del mundo, y la condición era “sine qua non”.  

El viaje a Rusia y China, calificado de inoportuno por varios observadores de la geopolítica mundial, se inició dejando una estela de conflictos internos en la coalición de gobierno donde la renuncia del jefe del bloque de diputados Máximo Kirchner dejó la sensación de un autogolpe parlamentario. Alberto Fernández se fue igual, dispuesto a enmendar desde el aire el retobe del cual surgió la frase célebre del año: “el presidente soy yo”. Luis XIV se muere de risa.  

La maniobra del hombre puesto a dedo como primer mandatario aspira a aquietar los ánimos en la interna kirchnerista y se va de boca con el ofrecimiento ideológico a Moscú: “Argentina es la puerta de entrada a Rusia en América Latina”. ¿Para qué?, es la pregunta.  

Pero tal vez lo más peligroso de este viaje sea la estadía en China donde el bureau del Partido Comunista analiza desde diciembre los 17 proyectos enviados por la cancillería argentina para hacer negocios con la potencia mundial.  

Los compromisos a sellar con China no son solo negocios sino un alineamiento político con el mayor adversario de los Estados Unidos. Si hay algo que puede molestar al principal socio del FMI es la adhesión a la Ruta de la Seda que está rearmando la República Popular China. Las inversiones en el campo nuclear no es un cuento de hadas ni un negocio más beneficioso para Argentina que para el país oriental. Sensibilizan además al resto de los integrantes del directorio del Fondo.  

Lo que se pacte ahora con Xi Jinping se firmaría en febrero, siempre que los chinos le digan que sí a los 17 proyectos.  

El periodista Martín Di Natale publicó en El Cronista, en exclusiva, el listado de estos proyectos que suponen una alianza estratégica entre ambas naciones, cuyo documento lleva un título ambicioso: “Nuevo plan quinquenal integrado a proponer”. Es decir que ahora esperamos la aprobación de China para nuestra nueva colonización.  

Antes de mencionarlos conviene decir que todos los proyectos proponen inversiones “en yuanes”. O sea, de dólares ni hablar, que es lo que más necesita Argentina. Pero China, como ya se dijo en una nota anterior, no presta plata, compra soberanía con moneda propia.  

Los 17 proyectos consisten en la Central Nuclear IV, las represas del sur Kirchner y Cepernic ya otorgadas en el pasado pero nunca ejecutadas, obras del sistema de gasoductos, la rehabilitación del sistema de Ferrocarriles de la línea San Martín, la línea Roca y el Belgrano de Cargas, un plan de modernización de las redes ferroviarias, Buenos Aires Pasajeros material rodante, plantas de agua potable y acueductos, ampliación del parque fotovoltaico Cauchari 4 y 5, y los puentes Chaco/Corrientes, y Santa Fe/Paraná. También el mejoramiento de otros corredores viales, programas de conectividad y fibra óptica, obras de trasmisión y distribución eléctrica, el Polo Energético Zárate-Centrales eléctricas, programas de vivienda y hábitat y el parque eólico Cerro Arauco.  

El punto 18 incluye ítems a definir como propuestas chinas. Y aquí se conocerá cual es la madre del borrego. Algo se sabe y está relacionado con el proyecto del Polo Logístico en Ushuaia. Tal vez, un poco enmascarado, se trataría de la instalación de una base de la Armada argentina para aprovisionar a los buques militares o civiles que van a la Antártida. En ese marco se incluye la reconstrucción de la base antártica de Petrel. El punto es estratégico para el juego geopolítico chino.  

De este conjunto de proyectos el periodista Carlos Pagni rescató, especialmente, la intencionalidad de los programas de conectividad y fibra óptica que podrían significar un desarrollo específico de la tecnología 5G de telefonía, especialidad de la empresa Huawei, expulsada de los Estados Unidos después de encarcelar a su presidenta.  

Conviene prestar atención no tanto a las necesidades que expresan algunos proyectos de infraestructura favorables a Argentina, como a los que más le interesan a China. Los caballos de Troya suelen transportar en medio de un conjunto de intereses propios, otros ajenos cuyos verdaderos objetivos se develarán cuando ya todo esté avanzado. Como lo está, a la vista de todos, la pesca nocturna en el Mar Argentino, donde buques rusos y chinos se llevan las mejores especies sin someterse a ningún control nacional.  

Querer quedar bien con Dios y con el Diablo supone una complejidad que la mente humana debe estar dispuesta a inteligir y abordar con precaución, habilidad diplomática y perspectiva geopolítica para evitar caer en las manos de otro imperio colonizador.  

La desesperación por los morlacos que nos faltan puede jugar una mala pasada al país, tras la cual todos terminemos llorando. En política lo que más escasea son la caridad y la generosidad. 

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