Ganancias: la obsesión de Massa que causó su ruptura con Macri

El presidente de la Cámara de Diputados insistió este jueves con su reclamo a Martín Guzmán para que actualice “de inmediato” el piso de ese impuesto. De lo contrario, por los aumentos dispuestos en paritarias muchos trabajadores volverán a tributar.

Sergio Massa y Mauricio Macri, una relación rota.

Por José Angel Di Mauro

Por segunda vez en dos semanas, el presidente de la Cámara baja, Sergio Massa, reclamó al ministro de Economía, Martín Guzmán, actualizar los pisos de Ganancias, con el fin de que no se neutralicen los aumentos salariales acordados en paritarias. El tema generó rispidez el pasado 13 de mayo, fecha del primer reclamo, cuando Guzmán le respondió que era “una obviedad” que habría una actualización, pues es lo que establece la ley. Dicen que el tono de la respuesta le mereció un reto presidencial.

Lo cierto es que lo que reclamaba Massa era que la actualización fuera inmediata y no aguardar los tiempos de la ley vigente. De ahí que este jueves insistiera con el tema.

El líder del Frente Renovador tiene ese tema como caballito de batalla desde hace largo tiempo, y quedó claro cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia. En campaña, el entonces jefe de Gobierno porteño había adelantado que en su Gobierno ningún trabajador pagaría Ganancias, cosa que rechazaban desde su mismo espacio, argumentando que se trata del “impuesto más progresivo”. En todo caso, sostenían que lo que debía actualizarse eran las escalas.

Fue lo que no hizo en su momento Cristina Fernández de Kirchner, una actitud que muchos aún le reprochan convencidos de que fue un factor clave para la derrota de 2015. Memorioso, Oscar Romero -exdiputado nacional y dirigente del SMATA- recuerda que sobre el final del segundo mandato de CFK desde la CGT que entonces conducía Antonio Caló venían peleando para sacar ese impuesto del medio aguinaldo de fin de año. “Con esa medida hubiéramos ganado las elecciones, pero no hubo caso”, sostiene convencido Romero.

Oscar Romero estaba al lado de Caló el 4 de febrero de 2014, cuando Cristina Kirchner lo retó en la Casa Rosada, por cadena nacional. “Escuchaba tu frase, Antonio, y no estoy de acuerdo. Yo no creo que sea así, no hay trabajadores que se mueran de hambre”. Le reprocha también que cuando dio su último discurso en Plaza de Mayo, en vísperas de dejar el poder, Cristina “agradeció a todo el mundo… Y del movimiento obrero no dijo nada. El movimiento obrero merecía un reconocimiento”. Podría decirse entonces que ahí estuvo el germen de la ruptura del bloque Frente para la Victoria que en el transcurso del mes de enero tuvo lugar en la Cámara baja, tan determinante fue siempre la cuestión Ganancias.

Durante la primera parte del mandato de Macri el Frente Renovador y el bloque Justicialista -ese desprendimiento de 17 diputados que se alejaron del FpV- fueron claves para la gobernabilidad de Cambiemos. Y el tema Ganancias generó las primeras rispideces con Massa, que cuestionaba en los primeros meses de esa gestión que ese Gobierno hubiera aumentado el mínimo no imponible sin modificar las escalas, provocando que las personas alcanzadas por el tributo aportaran en mayores proporciones.

Exfuncionarios de la gestión macrista justifican las dilaciones para actualizar Ganancias en la magnitud de la situación económica heredada, además de un contexto internacional que no ayudaba en lo más mínimo. Sin embargo, una y otra vez los funcionarios anticipaban que “cuanto antes” el Gobierno enviaría un proyecto para actualizar los montos.

Como eso nunca sucedió, el lunes 21 de noviembre de 2016, Sergio Massa se ganó el fastidio más profundo de parte del Gobierno cuando en una conferencia de prensa en el Salón de Pasos Perdidos anunció un proyecto propio sobre Ganancias, acompañado por los bloques Justicialista, Peronismo para la Victoria, el socialismo y Libres del Sur.

En el libro Gobernar en Minoría (Ediciones Corregidor, 2019) se detalla puntillosamente todo lo sucedido en esos días. “No queremos que el Congreso esté sometido al juego de dar media sanción en diciembre y esperar a marzo para la aprobación del Senado”, explicó Massa en esa conferencia de prensa en la que garantizó que con esa iniciativa se beneficiarían seis millones de argentinos. Y para evitar que el Estado se desfinanciara, anticipó que su propuesta incluía gravámenes para “las mineras, el juego y la timba financiera”. Esto es, el impuesto a la renta financiera que sería un caballito de batalla permanente del Frente Renovador, finalmente aprobado en 2017.

En la pulseada planteada por el Frente Renovador, el Gobierno tenía las de ganar pues numéricamente no le alcanzaba a la oposición para forzar el debate, pero así y todo se vio obligado a actuar, cuando ya le habían marcado la cancha y había perdido la iniciativa. Finalmente el Ejecutivo envió su tan postergado proyecto al día siguiente, pero previamente lo mostró a dirigentes del oficialismo, que coincidieron en cuestionarlo. En la Casa de Gobierno, una encumbrada figura del bloque de diputados les advirtió a los funcionarios que así como estaba era preferible no presentarlo. 

El proyecto oficial elevaba el mínimo no imponible en un 15%, pero se estimaba que más trabajadores entrarían bajo la órbita del tributo, pasando a pagar la alícuota más baja, del 5%, manteniéndose la máxima en 35%. El texto además no fijaba algún índice de variación por inflación o evolución salarial; tampoco deducía alquileres, y se quitaban deducciones por cónyuges y ascendientes (padres y abuelos), mientras que se podían deducir hijos hasta los 18 años (hasta entonces era hasta los 24).

En resumidas cuentas: la oposición impuso su proyecto por 140 votos afirmativos, 86 negativos y 7 abstenciones. Fue una derrota inédita, pues los gobiernos no pierden ninguna ley en extraordinarias, pues tienen la potestad de enviar solo lo que desean. En este caso, las circunstancias habían llevado al Gobierno de Cambiemos a actuar así y atenerse a las consecuencias.

Finalmente la situación fue revertida por el oficialismo en el Senado, donde negoció con los gobernadores a los que tampoco convenía el proyecto aprobado en Diputados, pues Ganancias es un impuesto coparticipable y la pérdida afectaba por igual a Nación y provincias. El proyecto volvió con cambios a la Cámara baja, donde fueron confirmadas las correcciones.

El entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio, reconoció en Gobernar en Minoría que Ganancias fue “el primer punto de divergencia con Massa”, y reconoce allí que “nosotros habíamos generado una suerte de acuerdo tácito con Sergio, y ahí se rompe. Independientemente de que el acuerdo después lo hacemos igual con él, en su casa. Pero ahí lo que hicimos fue, frente a lo que quería Sergio, una sociedad con los gobernadores”.

Marco Lavagna era el principal referente económico del Frente Renovador en el Congreso. El considera que hubo “tres grandes cambios” en la relación del Gobierno de Cambiemos con Massa: “El primero fue cuando Sergio empezó a hablar del tema de la balanza comercial -que se lo vendía como prohibición de importaciones, pero eso nosotros nunca lo habíamos dicho-. Macri en ese momento estaba en China, y desde ahí salió en una radio y dijo lo de ‘Ventajita’. Después fue el tema del blanqueo (de familiares), donde la relación entre ellos se quebró”.

Pero el peor quiebre fue con el impuesto a las Ganancias”, confiesa el hoy titular del INDEC. Lavagna sostiene que habían acordado sacar el Presupuesto 2017 y para no alterar el cronograma dejarían el tema Ganancias para tratarlo “inmediatamente después”. A su juicio, “la lógica era que el oficialismo mandara un proyecto y lo sacáramos; pero no lo mandó nunca… Incumplió el acuerdo. Entonces nosotros presentamos el nuestro y logramos los consensos para que saliera. Cuando salió la media sanción, el oficialismo estuvo obligado a sentarse y tratar de frenarlo o modificarlo en el Senado”.

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